marzo 2003, Volumen 18, Número 4
Las mujeres asumen el cambio

La feminización de la agricultura y su implicancia en el desarrollo del maíz en China

YICHING SONG Y JANICE JIGGINS | Página 19-21
DESCARGAR REVISTA COMPLETA
TIPOGRAFÍA
SMALL
MODO LECTURA
COMPARTIR

Diversas investigaciones llevadas a cabo a mediados de la década de los 90 pusieron en evidencia los rápidos cambios socioeconómicos que estaban ocurriendo en la agricultura de China. Tanto los fitomejoradores nacionales e internacionales de maíz, así como las autoridades locales del sudoeste de China, comenzaron a considerar las implicancias de estos cambios para la conservación, el desarrollo y el uso del material genético del maíz.

Agricultoras tomando notas en un campo de maíz / Foto: Yiching Song

Se encontró que los principales cambios tenían que ver con la estructura de las familias rurales y los sistemas agrícolas, y con todo aquello relacionado con el rol de las mujeres en las fincas. Esos cambios pueden caracterizarse como una “feminización de la agricultura”, que en China tiene múltiples causas y efectos. A medida que se incrementa la presión para que las familias rurales participen en la economía de mercado, cada vez es mayor el número de varones que busca empleos remunerados en las ciudades, en las industrias locales o en la agricultura de riego de las regiones bajas. Esta tendencia se debe en parte a la expectativa patriarcal de las familias, ya que se supone que es el marido el que provee económicamente para el sustento de la familia, el que guía las decisiones del hogar, y quien es el intermediario entre la familia y el mundo externo. La migración de los varones también se ve fomentada por una discriminación de género en el mercado laboral asalariado, donde tienen ventajas sobre las mujeres en términos de oportunidades de empleo, recibiendo mayores salarios por el mismo trabajo.

Así, en el medio rural, mientras que los varones buscan ser parte de la economía moderna, las mujeres asumen mayores responsabilidades para cumplir con las necesidades del hogar y para proveer los alimentos a sus familias, creándose un sistema conocido como “dos hogares, una familia”. Al mismo tiempo, las mujeres rurales también están asumiendo el costo de la crianza de los hijos, en momentos en que la política china de “un solo hijo” ha reducido la cantidad de miembros en las familias y, con ello, la disponibilidad de mano de obra para el trabajo agrícola. En ausencia de los varones de la familia, las mujeres también asumen nuevos roles de liderazgo en la comunidad, ahora que la seguridad de la provisión gubernamental está desapareciendo, dando paso a las incertidumbres y a los retos del mercado. La división tradicional de la mano de obra entre varones y mujeres en las fincas, captado en el tradicional lema: “los varones aran mientras que las mujeres tejen”, va rindiéndose ante la nueva realidad: “las mujeres aran la tierra y los varones trabajan en la industria”. (Una encuesta entre agricultores ha mostrado que en áreas seleccionadas de las tres provincias sudoccidentalesde Guangxi, Yunan y Guizhou, las mujeres constituyen más del 85% de la fuerza laboral agrícola.) Al mismo tiempo, la expectativa de que “los varones controlan el mundo externo y las mujeres el mundo interno de los hogares” está abriendo paso a una realidad donde las mujeres deben ensanchar sus “mundos internos” para incluir las responsabilidades de la agricultura y de la comunidad.

Se ha podido determinar que dos de los retos más difíciles que tienen que enfrentar las mujeres en su nuevo papel de jefe de las fincas son:
• Obtener semillas mejoradas viables de las agencias del sector público responsable de la administración de semillas, y
• Mantener una gama de variedades con características particulares, adecuadas a las preferencias de las mujeres y a las condiciones agrícolas.

A la vez se vio que existen dos sistemas de semillas paralelos: uno apoyado por el sector formal de mejoramiento de plantas y extensión, y otro mantenido por las propias mujeres de escasos recursos que manejan las fincas. El sector formal se centra en el mejoramiento y en la diseminación de variedades híbridas, de alto rendimiento, impulsado por el esfuerzo del gobierno de elevar el rendimiento por hectárea. En condiciones favorables, estas variedades híbridas son estables y tienen un alto rendimiento. Sin embargo, muchos de los productos híbridos del sector formal resultan de cruces simples y no tienen la capacidad de adaptarse al estrés del medio ambiente, ni puedenlograr rendimientos sostenibles cuando se presentan algunas dificultades. En la mayoría de las zonas de producción para subsistencia en el sudoeste de China, las condiciones no son favorables y, además, las mujeres agricultoras tienen gran dificultad en acceder a las semillas híbridas. Por eso confían en el intercambio de las semillas de su propia cosecha entre ellas y en las prácticas tradicionales de fitomejoramiento del maíz.

El sistema formal de mejoramiento de maíz y suministro de semillas, con relación a la nueva Ley de Semillas

Según las mujeres agricultoras, en el sistema formal que persistió hasta fines del año 2000, era imposible penetrar la red de influencia y comunicaciones compuesta casi exclusivamente por varones. Las necesidades, las habilidades y el conocimiento específico de las mujeres eran prácticamente ignorados. El principal interesado en el proceso formal de mejoramiento de plantas era el Ministerio de Agricultura, entidad que basaba sus acciones en los vínculos que tenía con los agentes de servicio público, con los llamados “agricultores guía”, con fitomejoradores gubernamentales y con las compañías de semillas controladas por el gobierno. Pero la política gubernamental de incrementar el rendimiento a través del desarrollo y la liberación de híbridos fracasó y no entregó productos adaptados a las condiciones agrícolas reales del sector de los pequeños propietarios.

También había problemas institucionales. Los fitomejoradores culpaban a los trabajadores de extensión por no mostrar a los agricultores, con suficiente convicción, las ventajas de las variedades modernas, siendo por eso que las variedades modernas no llegaban al campo. Los trabajadores de extensión culpaban a los agricultores por la poca adopción de las variedades modernas en las áreas más marginales. Además, ya que los extensionistas que trabajaban en esas áreas se comunicaban casi exclusivamente con una población minoritaria de agricultores varones, los datos que recogían y transmitían a las autoridades superiores no eran acordes a los cambios que estaban ocurriendo en la estructura agrícola, ni reflejaban las necesidades de los agricultores. Es más, se recompensaba a los gobiernos locales, a los funcionarios del Ministerio y a las compañías de semillas según el número de nuevas variedades de semillas híbridas liberadas y plantadas, lo que inclinaba al sistema formal hacia áreas agrícolas más ventajosas para la producción de las variedades liberadas. En ese momento, algunas voces del sector oficial comenzaron a expresar su preocupación por la pérdida de la biodiversidad en las áreas más ventajosas, donde las variedades modernas, genéticamente más uniformes, estaban desplazando a las propias variedades de los agricultores.

Las tensiones creadas por estos intereses contradictorios, por los patrones de comunicación y por el deterioro de las relaciones institucionales entre las autoridades del gobierno central y las autoridades locales, amenazaban el funcionamiento del sistema formal de semillas. Al mismo tiempo, las autoridades políticas se mostraron preocupadas por los millones de agricultores de escasos recursos que quedaban fuera del alcance del sistema formal y en riesgo de pasar hambre, mientras que el sector científico del sistema formal parecía no ser capaz de reconciliar las metas de producción y de conservación.

Las agricultoras como expertas fitomejoradoras de maíz

En el estudio de caso de la aldea de Wenteng, las agricultoras mujeres claramente prefirieron a las variedades de polinización abierta a las variedades híbridas, por muchas razones:

• Se pueden guardar las semillas y usar en los años siguientes, mientras que los híbridos pierden su vigor después de un ciclo o campaña;
• Los propios agricultores manipulan el material genético para producir variedades con las características deseadas, relacionadas por ejemplo con el rendimiento, la resistencia a estrés, el sabor, la posibilidad de almacenamiento, una buena calidad culinaria, y con la intensidad del manejo de los cultivos;
• Las variedades de polinización abierta pueden seguir evolucionando a nivel local. El estudio de impacto de 1998 del CIMMYT fue uno de los primeros que documentó en detalle las prácticas por medio de las cuales las mujeres adquieren, mantienen y refrescan sus variedades preferidas a través de la hibridización de variedades de polinización abierta;
• Las variedades de polinización abierta pueden ser cruzadas con material que llega al sistema agrícola desde afuera, incluyendo aquel material obtenido a través del sistema formal de semillas. La palabra “acriollada” usada en este contexto se refiere al proceso por medio del cual los agricultores mantienen y mejoran cultivares introducidos.

En las aldeas, las mujeres que son reconocidas como expertas fitomejoradoras del maíz, controlan el proceso de fitomejoramiento con gran habilidad, desde el diseño del campo, pasando por la selección de semillas y la polinización. Las mujeres dicen que han mantenido sus razas domesticadas (variedades tradicionales) a través de generaciones separando los sembríos en el espacio y en el tiempo. La semilla destinada para la siembra del año siguiente es cosechada, cultivar por cultivar, en un proceso de tres pasos. El primer paso se basa en seleccionar las mejores plantas que crecen en medio del campo, es decir, aquellas plantas vigorosas con grandes espigas. El segundo paso es la selección de las mejores espigas, según el tamaño y longitud de la mazorca, y el número de hileras de semillas. Por último se pasa a seleccionar los mejores granos desde la porción media de cada espiga, según el tamaño del grano, a su forma, la calidad y el color.

La nueva Ley de Semillas: una apertura a la innovación

Hacia finales de la década de 1990, el gobierno propició un cambio al liberalizar y privatizar ciertos roles y funciones. El Congreso de Pueblo aprobó una Ley de Semillas, vigente desde el primero de diciembre del año 2000, que permitió establecer esquemas piloto para probar las opciones locales de un sistema de semillas más efectivo que reconcilie las metas de producción y de conservación, y, a la vez, ensayar modelos para que el sistema formal de semillas y los de los agricultores de escasos recursos establezcan una relación de mutuo beneficio.

Las oportunidades que abrió la nueva ley para las iniciativas locales y para el ingreso de nuevos participantes en la producción e intercambio de semillas pueden ser ilustradas con el desarrollo del proceso en el estado de Guangxi. Anteriormente, el Instituto de Investigación del Maíz de Guangxi tenía el monopolio para la producción de semillas de maíz en ese estado. Bajo la nueva Ley de Semillas pudo, sin depender de otra autoridad, suscribir contratos con una “entidad de base productora de semillas”, como por ejemplo una organización de agricultoreso de la aldea, para la producción de nuevas semillas. Las condiciones de dichos contratos estipulaban que la entidad de base podía multiplicar las semillas desarrolladas por el Instituto de Investigación del Maíz de Guangxi, y después vender la cosecha de semillas al Instituto para su distribución en otras áreas. Con ello, los aldeanos o los agricultores se benefician porque reciben el doble del precio que recibían por la venta de semillas de maíz no mejoradas al gobierno.

Sin embargo, ya que el precio de promoción de las nuevas semillas de maíz sigue siendo menor que el precio del mercado, se han creado nuevas tensiones entre el Instituto de Investigación del Maíz de Guangxi y sus proveedores. Al comienzo, las mujeres agricultoras de escasos recursos siguieron siendo excluidas porque todos los contratos iniciales fueron suscritos con las “entidades de base” controladas por los varones.

El proceso de colaboración

Desde el inicio del año 2000, el Centro de Política Agrícola de China ha venido implementando un Proyecto Participativo de Mejoramiento de Plantas (PPMP) en la provincia de Guangxi. La meta global del proyecto es acrecentar los nexos y la colaboración entre el sistema formal y el de los agricultores. Se han usado las pruebas de campo del PPMP y la Selección Participativa de Variedades como plataforma para la interacción y colaboración entre los principales interesados (es decir, mujeres y varones agricultores, extensionistas y fitomejoradores). En el área de prueba, se seleccionaron seis Aldeas de Agricultores Fitomejoradores para representar a los sistemas de semillas de los agricultores. La selección se basó en una investigación anterior, y también en un estudio de los interesados locales para que representen una diversidad de agroecosistemas y condiciones socioeconómicas, así también como una gama de posibles oportunidades para la colaboración institucional con los grupos de mujeres agricultoras.

Al comienzo, para los científicos y los trabajadores de extensión fue una sorpresa descubrir que los varones y las mujeres, los agricultores pobres y los acomodados, o que agricultores en las diferentes áreas agrícolas pueden optar diferentemente al seleccionar las variedades y ciertas características de las éstas. Hoy, estos actores aprenden juntos, entre otras cosas:

• cómo caracterizar las metas y necesidades de los diferentes agricultores y fitomejoradores profesionales y, también, los diferentes entornos socioeconómicos en los que se cultiva el maíz;
• cuáles son las preferencias de los varones y de las mujeres agricultoras, sus prácticas locales y su conocimiento con relación al fitomejoramiento, a la selección de semillas y al mantenimiento de las variedades nativas; y
• cómo identificar la importancia genética de las variedades nativas existentes y otras variedades locales acriolladas.

Los científicos también están tratando de comprender cómo es que los agricultores han usado el material genético introducido por el sistema formal de semillas para crear las variedades locales acriolladas.

En el proceso, los trabajadores de extensión y los científicos varones están comenzando a reconocer que las preferencias de las mujeres por determinadas variedades están vinculadas al uso que le dan en el hogar. Generalmente, las mujeres otorgan un alto valor a la “calidad culinaria” y a la necesidad que tienen de garantizar la seguridad alimentaria, aún cuando las semillas para la siembra no se puedan adquirir en el mercado. Por el contrario, los varones tienden a preferir características compatibles con las demandas del mercado, tales como un buen rendimiento cuando se cultivan con otras plantas de alto valor comercial (como la batata). También se están dando cuenta que existen notables diferencias en la cantidad y tipo de criterios para la selección que son considerados importantes por los fitomejoradores profesionales, a comparación con los criterios de los agricultores. Por ejemplo, seis varones y diez mujeres agricultoras, tres extensionistas varones y cuatro extensionistas mujeres, y seis varones y dos mujeres fitomejoradores profesionales, examinaron juntos los ensayos de maíz durante una jornada de campo llevada a cabo en junio del año 2001. La mayoría de los agricultores prefirieron variedades mejoradas de razas domesticadas ya establecidas y de poblaciones acriolladas, en contraste con aquellas variedades híbridas “superiores” preferidas por los fitomejoradores “formales”. Los fitomejoradores formales evaluaron la variedad casi exclusivamente en términos de rendimiento y por su valor en el programa de mejoramiento, mientras que los agricultores también mostraron su interés en el comportamiento de una variedad durante las sequías, o por su buen rendimiento aun sin el uso de fertilizantes, o en el hecho de poder guardar las semillas para la siembra del año siguiente, o en la forma de la planta, en el color del grano o en su calidad culinaria.

Además de las diferencias en las selecciones hechas por las mujeres y los hombres, los agricultores de las diferentes aldeas escogieron variedades distintas, reflejando las condiciones climáticas y otras específicidades de cada aldea.

Mazorcas de maíz / Foto: A. Conti (FAO)

Conclusión

En general, los que trabajan en las organizaciones formales están reconociendo lo heterogéneas que son las necesidades y las oportunidades de los agricultores, y que un enfoque de “tipo único” no ayudará a China a desarrollar su agricultura con la eficiencia y productividad que quisieran las autoridades. La cantidad de agricultores y el área a ser cubierta son inmensas, lo que exige que las organizaciones locales, controladas por agricultores y por los propios aldeanos, se conviertan efectivamente en contrapartes del sistema formal de fitomejoramiento y diseminación de semillas.

La colaboración está creando cambios en la manera de pensar de los fitomejoradores y extensionistas sobre su trabajo, y también en su comportamiento hacia los agricultores, varones y mujeres. Conforme pasa el tiempo, se están tendiendo puentes entre el conocimiento, las habilidades y las actitudes de los fitomejoradores y extensionistas, por un lado, y los agricultores por el otro, siendo esto algo que fortalece a todos los participantes.

 

Yiching Song y Janice Jiggins

Yiching Song, Investigador Principal, Centro de Política Agrícola China, Academia China de las Ciencias. E-mail: Yiching.Song@wur.nl
Janice Jiggins, Consultora e Investigadora independiente, representante del Programa CGIAR de Investigación Participativa y Análisis de Género. E-mail: janice.jiggins@inter.nl.nt

Ediciones Anteriores

LEISA es una revista trimestral que busca difundir experiencias de agricultores familiares campesinos.
Por ello puedes revisar las ediciones anteriores.

Suscribete para recibir la versión digital y todas las comunicaciones que enviamos periodicamente con noticias y eventos

SUSCRIBIRSE AHORA