septiembre 2026, Volumen 40, Número 2
Juventudes en movimiento por la agroecología

Ver para creer, probar para conocer. Experiencia comunitaria desde un grupo joven de La Osa

Gadea Claver Barrios | Página 63
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La Osa es un supermercado cooperativo participativo que se encuentra en la ciudad de Madrid. Desde 2014, La Osa busca transformar la alimentación de cientos de socios y productores con una misión principal: consolidar un espacio de soberanía alimentaria y contribuir al desarrollo de sistemas alimentarios sostenibles. Durante 2025 comenzó una propuesta colectiva por parte de algunas cooperativistas jóvenes para agruparnos y compartir experiencias. Todo ello ha permitido construir una visión colectiva sobre qué es para nosotras/os este supermercado y cómo podríamos aportar al proyecto desde nuestras experiencias situadas.

¿Y cómo surgió todo?

Los encuentros de las jóvenes «oseznas» —término que acuñamos allí para referirnos a las jóvenes que formamos parte de La Osa— comenzaron en 2024, cuando coincidimos en una de las excursiones organizadas por el supermercado. Entre los rasgos que distinguen a La Osa de un establecimiento convencional destaca la energía que se invierte en conectar, a través de diversas actividades, tanto con consumidores/as como con productores/as, gracias al compromiso e ilusión de las cooperativistas que las impulsan. Fue precisamente en el Encuentro Campesino de 2024 donde algunas oseznas nos conocimos y comenzamos a imaginar un grupo al que, poco a poco, se sumarían más compañeras.

El encuentro funcionó como un verdadero espacio de cultivo para fortalecer vínculos más allá del día a día en el supermercado. Participamos en talleres sobre miel, mimbre y vino, al tiempo que tomábamos conciencia de las problemáticas que atraviesa la producción rural en su territorio. Esos espacios también nos permitieron compartir nuestras experiencias y miradas sobre La Osa, así como sus singularidades.

De aquellas conversaciones surgieron percepciones comunes entre las juventudes, como la importancia de la experiencia comunitaria que genera el supermercado y el descubrimiento de otro modelo de funcionamiento. Cuando se parte de la experiencia cotidiana de otros sistemas de consumo alimentario, resulta llamativo cómo opera un supermercado cooperativo. Esto se debe, sobre todo, a que se percibe que el cuidado y la solidaridad hacia las personas consumidoras ocupan un lugar central, lo que se corresponde con una actitud recíproca de las socias hacia el propio supermercado. Y ello se refleja en múltiples mecanismos democráticos para elegir alimentos alineados con los valores de la soberanía alimentaria, en diversas estrategias para evitar el desperdicio a toda costa, en el cuidado colectivo del espacio y en muchos otros aspectos.

Al mismo tiempo que compartíamos estos significados en torno al supermercado, surgía el deseo de dar a conocer La Osa a más jóvenes. Hablábamos de la dificultad de explicar a nuestras amistades qué es realmente La Osa. Al igual que nos ocurrió a nosotras/os, por mucho que nos hablaran de ella, no comprendimos plenamente qué era hasta vivir la experiencia de formar parte del supermercado.

Con otras amigas/os, aunque podíamos explicar qué es un supermercado cooperativo y participativo, e incluso describir el espacio con detalle, sentíamos que las palabras no eran suficientes. La conclusión era compartida: si no lo ven, no lo creen.

Tras el encuentro, decidimos crear un grupo de oseznas para pensar acciones orientadas a divulgar esa experiencia comunitaria compartida que sentíamos difícil de transmitir. Queríamos encontrar formas de acercar a nuestro entorno a comprender qué es y qué se vive en este supermercado.

Esta preocupación no surgía de la nada, sino de la centralidad que tiene la participación en La Osa. Entendíamos que, por mucho que explicáramos qué era, si no lográbamos involucrar a potenciales socias en el día a día de la cooperativa, difícilmente podrían comprenderla. Esto se debe, además, a que se trata de un supermercado en el que la mayoría de las tareas son asumidas por las propias socias.

Así, la experiencia no se limita a la compra, sino que implica sostener la vida cotidiana del proyecto: desde tareas operativas —como la caja, la revisión de caducidades o la reposición de productos— hasta el trabajo en distintas comisiones encargadas de organizar asambleas y eventos, impulsar iniciativas para reducir plásticos o coordinar equipos. Todas estas labores constituyen el sustrato que mantiene La Osa y marcan de manera significativa la experiencia de las socias. Para entender el supermercado, era necesario acercarse a esta cotidianeidad.


Cuando se parte de la experiencia cotidiana de otros sistemas de consumo alimentario, resulta llamativo cómo opera un supermercado cooperativo.


Por ello, decidimos diseñar una acción dirigida a personas no socias que les permitiera vivir la experiencia desde dentro. Así surgieron los tours en La Osa, concebidos como encuentros para acercar, en primera persona, a amistades y a personas jóvenes interesadas —incluidas las más escépticas— al funcionamiento y al espíritu del proyecto.

Durante el proceso de diseño partimos de nuestra propia experiencia como jóvenes vinculadas a la iniciativa. Nos preguntamos qué prejuicios podían existir, qué despertaría mayor curiosidad y qué aspectos de La Osa podrían resultar más atractivos para otras personas jóvenes.

El primer tour estuvo formado por personas cercanas a cada osezna que intuíamos interesadas en la propuesta. Tanto este como los siguientes mantuvieron una estructura similar: recorrido por la cooperativa, desayuno compartido en una de las salas y, finalmente, una presentación teórica. Pronto coincidimos en que el núcleo de la experiencia residía en las dos primeras actividades, centradas en lo sensorial —la vista y el gusto—, por lo que la explicación más conceptual se dejaba para el cierre.

Los desayunos eran financiados colectivamente entre las oseznas y seleccionábamos aquellos productos que más nos gustaban, componiendo así una experiencia común también desde el paladar. En el proceso de organizar los tours no solo compartíamos ideas, sino que construíamos sentidos en conjunto, incluido el gusto alimentario.

Con el tiempo realizamos varios tours y constatamos su impacto, pues algunas de las personas participantes decidieron hacerse socias. Pero, más allá de ese resultado, la experiencia nos impulsó a seguir explorando formatos para acercarnos a más gente joven. Así dimos el salto hacia nuevos espacios, como la universidad y un centro sociocultural del barrio.

Multiplicando actividades

Muy cerca de La Osa se encuentra la Universidad Autónoma de Madrid y, aprovechando los vínculos de algunas oseznas, organizamos allí una actividad para presentar la iniciativa. Al tratarse de un espacio de generación de conocimiento, nos interesaba profundizar en el papel de La Osa ante los retos alimentarios actuales, especialmente en el contexto madrileño. Sin embargo, quisimos mantener el enfoque que había guiado los tours: priorizar la experiencia sensorial como puerta de entrada a la reflexión.

Por ello, la charla se acompañó de una cata de productos seleccionados colectivamente y de un taller participativo dinamizado por compañeras de Justicia Alimentaria. Mientras degustábamos los alimentos, abríamos preguntas como: ¿qué es La Osa y cómo la vivimos las jóvenes que participamos en ella?, y ¿qué potencialidades ofrece para construir sistemas alimentarios alternativos? En este contexto, la premisa inicial —«Si no lo ven, no lo creen»— se transformó en otra complementaria: «Si no lo prueban, no lo conocen».

Más adelante, nos preguntamos: ¿por qué no acercar también La Osa a asociaciones y colectivos que, como nosotras, sitúan lo comunitario en el centro? Así surgió la propuesta de organizar una actividad en un centro sociocultural del barrio. Gracias a los vínculos previos de algunas oseznas, la iniciativa fue bien recibida y pudimos diseñar un formato que integraba lo teórico y lo experiencial de manera aún más completa.

La cercanía del espacio al supermercado nos permitió combinar todas las dimensiones trabajadas hasta entonces: una breve presentación, una cata de productos y un recorrido posterior por La Osa. De este modo, se articulaban las dos ideas que habían guiado el proceso: ver y probar como formas de comprender. La actividad no solo fortaleció los lazos con el entorno, sino que despertó el interés de nuevas personas jóvenes, dos de las cuales decidieron incorporarse a la cooperativa.

Estas experiencias del emergente grupo de oseznas muestran la importancia de cocrear desde una mirada juvenil, en diálogo con otras generaciones implicadas en la construcción de sistemas alimentarios sostenibles, con el objetivo de ampliar la base social de las iniciativas. A través de los tours y otras actividades, logramos canalizar una inquietud compartida: transmitir a quienes aún no forman parte de La Osa la cultura comunitaria que la sostiene mediante iniciativas diseñadas e impulsadas por nosotras mismas.

Esta historia colectiva constituye una pequeña muestra del potencial transformador de la acción intergeneracional cuando se construye en común.

Gadea Claver Barrios

gadea.claver@cchs.csic.es

Graduada en Antropología Social y Cultural, es parte del Consejo Rector del supermercado cooperativo participativo La Osa. Investigadora predoctoral CSIC-UAM en sistemas agroalimentarios territorializados.

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