septiembre 2026, Volumen 40, Número 2
Juventudes en movimiento por la agroecología

Jóvenes que cultivan agroecología: la experiencia de las Escuelas de Agroecologías del Sur

Milagros Lidbet Alcántara Segura, Mel Becerra Lavado, Mar Daza Quintanilla, Nori Verina Díaz Espinoza, Paul Roman Hospinal, Augusto Ruiz Salas, miembres de Alsakuy Agroecológica | Página 27
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Alsakuy Agroecológica

Somos una organización nacida en 2020 que hoy está compuesta por compañerxs del campo y de las ciudades de Lima y de Huánuco, quienes, con la multiplicidad de sus saberes, identidades, historias y ancestralidades, construyen una militancia desde la agroecología como proyecto político, en tanto herramienta para potenciar las soberanías en nuestros territorios y revitalizar las luchas sociales en el Perú y Latinoamérica.

Durante las últimas décadas, las juventudes peruanas han enfrentado la profundización del modelo neoliberal, la crisis del sistema agroalimentario y el debilitamiento de los espacios de formación política y organización popular. En ese contexto, surgieron las Escuelas de Agroecologías del Sur, una iniciativa impulsada por Alsakuy Agroecológica que, desde 2020

reúne organizaciones, movimientos sociales, espacios académicos e instituciones de distintos países de América Latina para construir procesos de formación basados en el diálogo de saberes.

¿Por qué necesitábamos otra forma de aprender agroecología?

Más de tres décadas de políticas neoliberales en el Perú —desde la dictadura de Fujimori y su Constitución Política de 1993— generaron la expansión de la agroexportación, así como la concentración y mercantilización de las tierras y los bienes comunes, consolidando un modelo agroalimentario orientado al mercado antes que al sostenimiento de la vida. Mientras el país era presentado internacionalmente como una potencia gastronómica y un milagro económico, se incrementaron los niveles de informalidad laboral, inseguridad alimentaria, y desigualdad entre el campo y la ciudad. Más del 50 % de la población peruana vive en inseguridad alimentaria (FAO et al., 2024), con una canasta básica que aumenta anualmente y una tasa de empleo informal mayor al 70 %, de la cual la población rural y los jóvenes menores de 25 años conforman el 94,5 % y 85,6 %, respectivamente (INEI, 2024).


Durante las últimas décadas, las juventudes peruanas han enfrentado la profundización del modelo neoliberal, la crisis del sistema agroalimentario y el debilitamiento de los espacios de formación política y organización popular.


Estas transformaciones también alcanzaron a la educación superior y a las nuevas generaciones. Muchas carreras vinculadas al agro comenzaron a responder principalmente a las demandas de la agroindustria, mientras que la educación popular y la formación política impulsadas por organizaciones sociales fueron perdiendo fuerza por el contexto de inestabilidad y persecución política. Al mismo tiempo, gran parte de la promoción de la agroecología quedó en manos de distintas ONG y de la cooperación internacional, que realizaron aportes importantes, aunque con frecuencia privilegiando las dimensiones técnicas y productivas sin considerar sus implicancias políticas y organizativas.

Como jóvenes atravesados por este contexto, encontrábamos pocas oportunidades para pensar colectivamente la agroecología como un proyecto político que hiciera frente a la policrisis y fortaleciera la organización social con miras a la defensa de nuestros territorios y soberanías. Es por ello que, en 2020, nace Alsakuy Agroecológica a partir del encuentro entre jóvenes provenientes de distintas trayectorias, disciplinas y territorios.

Más que buscar respuestas individuales, sentimos la necesidad de crear un proceso formativo basado en el diálogo de saberes académicos, campesinos, indígenas y populares en el que las experiencias territoriales pudieran encontrarse con la investigación crítica y donde que las juventudes construyeran redes con organizaciones de otros países. Así nacieron las Escuelas de Agroecologías del Sur.

Si bien las Escuelas tenían una intención presencial, con la llegada de la pandemia se volvió un proceso virtual que se difundió lo suficiente como para llegar a tener un alcance latinoamericano.

Muy pronto, descubrimos que las preguntas que nos hacíamos eran compartidas en muchos otros territorios: ¿cómo formar nuevas generaciones comprometidas con el cambio?, ¿cómo evitar que la formación se reduzca a una educación bancaria y técnica?, y ¿cómo recuperar la educación popular (EP) y la investigación-acción participativa (IAP) para responder a los desafíos actuales de transformación social?

Lo que buscábamos era construir un proceso en el que organizaciones de base territorial, movimientos sociales y la academia crítica dialogaran horizontalmente para coaprender, comprender y transformar los sistemas agroalimentarios y la realidad. Cada edición incorporó nuevas alianzas y metodologías, y, a partir de la reflexión colectiva de los aprendizajes, fue variando sus formatos y fortaleciendo un tejido latinoamericano que continúa creciendo.

Cuatro ediciones, un horizonte común

Desde 2020 hasta 2025 se han desarrollado cuatro ediciones, completamente virtuales desde su coordinación y convocatoria hasta su ejecución. Si bien cada año han sido convocadas por Alsakuy Agroecológica, el propio proceso de coordinación se convirtió en una herramienta de formación para nuestra organización.

A través de este proceso fuimos aprendiendo, tejiendo nuevas alianzas estratégicas y desarrollando metodologías. Asimismo, la reflexión colectiva sobre los aprendizajes de cada edición permitió ajustar progresivamente los formatos y fortalecer una plataforma de formación y articulación.


Mientras el país era presentado internacionalmente como una potencia gastronómica y un milagro económico, se incrementaron los niveles de informalidad laboral, inseguridad alimentaria, y desigualdad entre el campo y la ciudad.


Primera Escuela (2020): ampliar la mirada sobre la agroecología

La convocatoria de esta primera edición se realizó a través de un formulario difundido por redes sociales que recogió alrededor de 400 postulaciones de 11 países latinoamericanos, lo cual confirmó que existía una necesidad compartida por estos espacios de formación política. La primera cohorte de 146 educandxs incluyó un 60 % de mujeres de 11 países y un 70 % de jóvenes de entre 15 y 35 años.

El principal desafío consistió en ampliar la comprensión de la agroecología, que para muchas personas se asociaba principalmente con prácticas productivas de la agricultura ecológica u orgánica. El recorrido formativo recuperó la historia crítica de la agricultura, las respuestas surgidas frente a la Revolución Verde y las dimensiones ecológicas, sociales, económicas, culturales y políticas que conforman la agroecología como propuesta transformadora.

Aprendimos así de la diversidad en la agroecología y de lo que se nombra y no se nombra como tal. Escuchar experiencias provenientes de distintos países de la región demostró que adquiere sentidos diferentes según los territorios, las luchas y las organizaciones que la impulsan. Así, comprendimos que las Escuelas debían ser un espacio donde visibilizar esa diversidad y facilitar su diálogo y retroalimentación.

Segunda Escuela (2021): coconstruir conocimientos

Tras la primera edición, que nos permitió preguntarnos qué entendíamos por «agroecología», la siguiente nos llevó a cuestionar cómo se construyen sus conocimientos. Además, fortalecimos las alianzas con la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (Socla), el Consorcio Agroecológico Peruano (CAP) y el Centro Bartolomé de las Casas (CBC).

Esta edición apostó por enriquecer las ponencias con voces de organizaciones campesinas, experiencias territoriales e ideas de la academia crítica, lo que permitió comenzar a romper una separación frecuente en los espacios de formación —la que distingue entre quienes producen conocimiento y quienes lo aplican—, validando así la construcción territorial del saber que usualmente el sistema académico invisibiliza. Las diferencias entre contextos nacionales pasaron a ser una fuente de aprendizaje mutuo y de fuerza. Esto se reflejó en una participación más activa en las plenarias y en la entrega de trabajos, que combinó el trabajo grupal con la posibilidad de compartir experiencias individuales. Así, pudimos conocer tanto las experiencias desarrolladas en los grupos internacionales como las particularidades de cada contexto local, identificando problemáticas similares y estrategias organizativas comunes entre las juventudes, los pueblos y los territorios de la región. En estos intercambios, la agroecología, la defensa de la vida y la emancipación aparecieron como horizontes compartidos.

Tercera Escuela (2024): la práctica política

Entre la segunda y la tercera edición, transcurrieron años especialmente complejos. La crisis política y la violencia desencadenada en el Perú tras las movilizaciones por el golpe de Estado, entre 2022 y 2023, más el avance de la extrema derecha en la región, impactaron fuertemente a nuestras organizaciones y nuestros territorios. En ese contexto, repensamos cómo continuar con las Escuelas.

En 2024, las retomamos a partir de la experiencia acumulada, con una convocatoria abierta virtual mayor que recibió 800 postulaciones. De ellas, un 51 % correspondía a mujeres y diversidades sexogenéricas; un 53 % a juventudes; y un 47 % a trabajadorxs del campo y activistas por la defensa del territorio, principalmente del Perú y México, lo que representa un aumento importante. Ya no bastaba con comprender la agroecología ni con fortalecer redes entre organizaciones; necesitábamos ver cómo los procesos formativos podían contribuir al diálogo, al accionar y a la articulación entre las luchas territoriales por la vida en un contexto regional y global de crisis.

El encuentro comenzó con un análisis del contexto latinoamericano y de las disputas que atraviesan los sistemas agroalimentarios. A partir de allí, profundizamos en la agroecología como un proyecto político capaz de transformar las relaciones entre sociedad, naturaleza y poder. El enfoque se complementó con los aportes de la EP y la IAP, entendidos como formas de cocrear conocimiento emancipador junto a los pueblos.

Esta edición concluyó con un intercambio de metodologías participativas, cartografías, sistematizaciones, expresiones artísticas y otras herramientas de trabajo colectivo que posteriormente dieron origen a materiales pedagógicos elaborados de manera colaborativa entre las organizaciones participantes (Alianza Biodiversidad, 2026).


A través de este proceso fuimos aprendiendo, tejiendo nuevas alianzas estratégicas y desarrollando metodologías. Asimismo, la reflexión colectiva sobre los aprendizajes de cada edición permitió ajustar progresivamente los formatos y fortalecer una plataforma de formación y articulación.


Cuarta Escuela (2025): aprender desde y para los territorios

La cuarta edición lanzó un proceso de convocatoria cerrada, dirigida a 60 organizaciones de base mapeadas de 19 países (por primera vez, con la presencia de Cuba, Haití y República Dominicana, así como con una gran participación venezolana) y con invitaciones a personas jóvenes y mayores para fortalecer los diálogos intergeneracionales. El 56,4 % de los participantes fueron mujeres, un 70 % fueron juventudes y 9 % fueron, por primera vez, personas adultas mayores de hasta 75 años. Con ello, se logró un aumento de 10 % en egresos. Esta edición consolidó los aprendizajes construidos durante los años anteriores. A las alianzas ya existentes se sumaron nuevas organizaciones de distintos países latinoamericanos, como el Semillero de Investigación Hisha (Colombia), el Colectivo Voces (México y EE. UU.) y la Red de Meliponicultura de Nicaragua, además de la colaboración de Geopaz (México), con el apoyo de la Universidad de Vermont (EE. UU.) y el CAP, lo que fortaleció una red diversa de movimientos, colectivos juveniles, experiencias comunitarias e instituciones.

Uno de los cambios más importantes fue la decisión de convocar a organizaciones con procesos colectivos y trabajo territorial en marcha. Esta modificación incrementó la participación de organizaciones rurales y favoreció un intercambio más estrecho entre juventudes, personas adultas y liderazgos comunitarios. Así, la diversidad en el diálogo, además de expresarse y afianzarse entre países, comenzó a tratarse al interior de cada organización participante.

La transformación metodológica fue igualmente significativa. Dejó de ser un tema de estudio para convertirse en el eje articulador de las Escuelas: más que una metodología, se entendió como una herramienta de la militancia política compartida por las  organizaciones (IAP militante) que articuló un proceso participativo de construcción de la Escuela —con la recuperación de la memoria histórica de pueblos latinoamericanos y la sistematización de sus experiencias y saberes— para fortalecer las organizaciones, repensando sus militancias, su identidad y su mística política.

En esta edición, el proceso no terminó al finalizar las sesiones virtuales. Se facilitó un ciclo de praxis territorial: después de cada bloque metodológico, las competencias formadas (conceptuales, metodológicas, técnicas y políticas) se llevaron a los territorios como tareas para ser aplicadas a través de diálogos o reuniones hechas por cada organización o entre organizaciones; y, luego, se devolvieron como entregables a la Escuela, sistematizando nuevos conocimientos generados.

Al mirar el recorrido completo, vimos que lo que comenzó como un espacio virtual para aproximarnos críticamente a la agroecología se convirtió en un proceso y una plataforma de formación forjados entre organizaciones latinoamericanas, en los que el diálogo de saberes, la articulación regional y el aprendizaje desde los territorios fueron definiendo, edición tras edición, su identidad, mística y formato.

Lo que aprendimos construyendo las Escuelas de Agroecologías del Sur

Después de cuatro ediciones, entendemos que las Escuelas de Agroecologías del Sur han sido mucho más que un espacio de formación. Han sido una experiencia para preguntarnos, una y otra vez, cómo construir la agroecología que necesitan nuestros pueblos, así como para experimentar sus respuestas.

El primer aprendizaje es que la agroecología necesita procesos permanentes de formación política y ser vista en su calidad transformadora. En contextos donde suele reducirse a un conjunto de técnicas productivas o prácticas ambientalmente sostenibles, las Escuelas reafirmaron la importancia de comprenderla como un proyecto político capaz de cuestionar las relaciones de poder que sostienen los actuales sistemas agroalimentarios. Producir alimentos también implica disputar sentidos sobre la tierra, el territorio, los bienes comunes, los conocimientos y las formas de organizar la vida.

El segundo aprendizaje fue reconocer que el diálogo entre organizaciones de base territorial y la academia fortalece la construcción del conocimiento agroecológico. La experiencia mostró que la separación y jerarquización de ambos saberes nos debilita. Las investigaciones adquieren sentido cuando dialogan y parten de las experiencias, mientras que las organizaciones encuentran o fortalecen herramientas para interpretar y transformar sus realidades cuando las intercambian con la academia en condiciones de respeto y horizontalidad.

Un tercer aprendizaje se vincula con la articulación latinoamericana. Los problemas que enfrentan nuestros territorios tienen expresiones particulares, pero también raíces y horizontes comunes. Encontrarnos con organizaciones campesinas, indígenas, comunitarias, estudiantiles y académicas de distintos países permitió reconocer que desde esa diversidad podemos ampliar nuestras posibilidades de comprender y actuar frente a los desafíos de cambio en que nos coloca la policrisis.

Como cuarto aprendizaje, recogimos que los procesos formativos transforman a quienes los impulsan. Cada edición modificó la siguiente, las metodologías cambiaron a partir de las evaluaciones colectivas, las alianzas ampliaron nuestra mirada, y las organizaciones participantes transformaron las Escuelas al mismo tiempo que eran transformadas por ellas.

De esa forma, comprendimos que la horizontalidad no se sostiene únicamente por una decisión política, sino por la capacidad de escuchar, revisar las propias prácticas y construir colectivamente nuevos caminos.


De esa forma, comprendimos que la horizontalidad no se sostiene únicamente por una decisión política, sino por la capacidad de escuchar, revisar las propias prácticas y construir colectivamente nuevos caminos.


Finalmente, las Escuelas de Agroecologías del Sur siguen siendo un proceso abierto, popular y vivo. Los desafíos que enfrentamos como pueblos cambian constantemente y, con ellos, deberán transformarse nuestras formas de aprender, organizarnos y construir agroecología. Hoy, conocemos y además asumimos el enorme desafío de conservar y enriquecer la esencia histórica y revolucionaria de la agroecología. Aprendimos que ninguna organización puede hacerlo sola, que cada una cumple un rol y que, en el encuentro sentido entre pueblos, organizaciones y territorios de nuestra Latinoamérica que luchan para sostener la vida, también nos transformamos mutuamente.

 

Milagros Lidbet Alcántara Segura, Mel Becerra Lavado, Mar Daza Quintanilla, Nori Verina Díaz Espinoza, Paul Roman Hospinal, Augusto Ruiz Salas, miembres de Alsakuy Agroecológica

alsakuy.agroecologica@gmail.com

Referencias

  • Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). (2025). Perú: Indicadores del Mercado Laboral a nivel departamental, 2022- 2024. https://cdn.www.gob.pe/uploads/document/file/8393806/ 6978987-peru-indicadores-del-mercado-laboral-a-nivel-departamental-2022-2024%282%29.pdf?v=1756480594
  • Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), Organización Mundial de la Salud (OMS), Programa Mundial de Alimentos (PMA), & Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). (2024). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2024: Financiación para acabar con el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición en todas sus formas. Roma.
  • Alianza Biodiversidad. (2026, 20 de enero). Cuaderno # 3 | La sistematización como cosecha. BiodiversidadLA. https:// www.biodiversidadla.org/Articulos/Cuaderno-3-Lasistematizacion-como-cosecha

 

 

 

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