septiembre 2018, Volumen 31, Número 3
Agua: vida y agricultura

Agricultura y aguas servidas: recomendaciones de políticas públicas

JUAN GARCÍA GIMÉNEZ | Página 29-31
DESCARGAR REVISTA COMPLETA
TIPOGRAFÍA
SMALL
MODO LECTURA
COMPARTIR

El riego con aguas servidas es una práctica habitual para un número significativo de agricultores en situación de inseguridad alimentaria o que corren riesgo de incurrir en ella, especialmente en Asia y África, pero también en América Latina y el Caribe. La práctica ancestral de aplicación de aguas servidas a las tierras de cultivo ha mantenido la fertilidad del suelo en muchos países del este de Asia y el oeste del Pacífico desde hace más de 4 000 años y todavía es la única opción para la agricultura en las áreas sin servicios de saneamiento.

A nivel mundial, la mayor parte de las aguas servidas empleadas para el riego de cultivos no recibe ningún tipo de tratamiento y no se suele tomar ningún tipo de medida de protección para la salud que minimice los efectos perjudiciales. El uso de aguas residuales sin tratar conlleva una gran variedad de problemas para la salud, especialmente infecciones por helmintos y enfermedades diarreicas tanto en niños como en adultos. Una combinación de diferentes medidas de protección para la salud pueden hacer esta práctica mucho más segura.Si bien el riego con aguas servidas entraña graves riesgos para la salud, en muchas ocasiones es la única manera de obtener el aporte hídrico necesario para la práctica agrícola, convirtiéndose por lo tanto en un elemento clave e indispensable para garantizar la seguridad alimentaria en determinados contextos con escasos o nulos recursos económicos, en los que no existe alternativa, al menos a corto plazo.La escasez de agua existente en la actualidad podría agravarse en determinados contextos regionales debido a los efectos del cambio climático, circunstancia que le infiere una mayor trascendencia a la utilización de las aguas servidas como un “mal menor”.

Por otra parte, y siempre teniendo en cuenta el perjuicio ocasionado en la salud de agricultores, comunidades vecinas y consumidores, el uso de las aguas servidas puede entrañar ventajas añadidas como el aprovechamiento de los nutrientes que contienen, los cuales pueden mejorar el rendimiento de los cultivos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen numerosos riesgos para la salud de las familias de consumidores y agricultores, así como para las comunidades cercanas, debido al uso de aguas residuales para regar. Por lo tanto, en los casos en que no exista la posibilidad de realizar un tratamiento de las aguas servidas para riego, sería conveniente tomar una serie de medidas preventivas que garanticen, en la medida de lo posible, la inocuidad de los alimentos y por consiguiente la reducción al mínimo del efecto perjudicial en la salud.

Asimismo, es igualmente importante tomar en cuenta el efecto perjudicial que puede tener en la salud de agricultores, manipuladores de los productos y vecinos de las comunidades cercanas por el mero hecho de entrar en contacto con cultivos y productos en cuyo proceso de cultivo se hace uso descontrolado del riego con aguas servidas. Hay que considerar que es muy frecuente que los agricultores no sean conscientes de que están empleando aguas contaminadas, e incluso en el caso de que lo sepan, raramente toman medidas para evitar los riesgos que ello significa.

Una vez contextualizado el tema, a continuación proponemos una serie de recomendaciones en materia de políticas públicas locales en relación con el manejo de aguas servidas para la agricultura de pequeña escala, desde la consideración de que se trata de una herramienta para mejorar la seguridad alimentaria y la salud de las poblaciones vulnerables de América Latina y el Caribe.

Hay tres enfoques principales en materia de políticas públicas en el ámbito local para mejorar la gestión del agua de menor calidad: reducir la cantidad de agua de baja calidad generada, reducir al mínimo los riesgos al usarla en la agricultura y reducir al mínimo los riesgos de la manipulación de alimentos cultivados con estas aguas.

Intentamos aquí aunar los mencionados enfoques en tres acciones políticas para el ámbito municipal, añadiendo un componente transversal referente al aprovechamiento para la agricultura de las aguas servidas en sus diferentes formas. Las acciones planteadas están por lo tanto orientadas a:

1. Reducción del riesgo que conlleva el riego con aguas servidas a través del cambio de percepción de los agricultores y la comunidad en general.
2. Apoyo a la implementación de prácticas para minimizar los efectos negativos del riego con aguas servidas, a nivel de acciones relacionadas con la actividad agrícola y capacitación de las personas que manipulan y consumen los alimentos.
3. Reducción de la contaminación de los cursos de agua superficiales con las aguas servidas domiciliarias mediante la implementación de sistemas de manejo y tratamiento en los hogares familiares.

A continuación se incluyen las tres acciones políticas recomendadas que se podrían promover en el ámbito municipal:

Acción política 1: Cambiar la forma de pensar de los agricultores de pequeña escala y de las comunidades sobre el riego con aguas servidas

Esta acción es fundamental para avanzar en el objetivo de mejorar la seguridad alimentaria y las condiciones sanitarias de los pequeños agricultores, sus familias y sus respectivas comunidades. Es necesario concientizar a estos colectivos acerca de las posibilidades de que las aguas empleadas para el riego estén contaminadas, así como de lo importante que es la manera en que desarrollen el riego y las prácticas que lleven a cabo, así como su estrecha relación con la calidad de los productos y los posibles problemas de salud, tanto para los que labran la tierra, las personas que entran en contacto con los productos y cultivos, y para los consumidores finales. La capacitación será el principal instrumento para desarrollar esta acción política.

Acción política 2: Contribuir a que los agricultores y las comunidades tengan los medios necesarios para seguir unas pautas adecuadas en el riego con aguas servidas

Las políticas adoptadas deben apuntar a mejorar los recursos de los agricultores para afrontar la problemática del riego con aguas servidas, con el objetivo de minimizar los efectos perjudiciales que puede causar el uso de las únicas aguas disponibles en determinados contextos.

Acción política 3: Fomentar el manejo adecuado de las aguas servidas domiciliarias

El desarrollo de sistemas de tratamiento de las aguas servidas domiciliarias, además de aumentar las posibilidades de obtener recursos extraordinarios para la agricultura, contribuye a evitar la contaminación de los cauces cuyas aguas serán empleadas para el riego de cultivos aguas abajo en el propio municipio y el resto del curso. Nuevamente, la capacitación será muy necesaria para avanzar en la puesta en práctica de esta acción política.

Juan García Giménez
Experto en manejo de aguas servidas para la producción agrícola a pequeña escala (FAO, Chile, 2010).
juangarciagimenez@gmail.com

El presente artículo está basado en el documento “Experiencias en prácticas de manejo de aguas servidas para la producción agrícola a pequeña escala. Recomendaciones de políticas publicas en el ámbito local”, elaborado gracias a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) así como al Instituto de Fomento de la
Región de Murcia (INFO). Disponible en: http://www.fao.org/alc/file/media/pubs/2010/aguasserv.pdf

Ediciones Anteriores

LEISA es una revista trimestral que busca difundir experiencias de agricultores familiares campesinos.
Por ello puedes revisar las ediciones anteriores.

Suscribete para recibir la versión digital y todas las comunicaciones que enviamos periodicamente con noticias y eventos

SUSCRIBIRSE AHORA