diciembre 2003, Volumen 19, Número 3
Acceso y control sobre los recursos

Un acceso justo a los recursos naturales: ¡más imperativo que nunca!

LOS EDITORES | Página 4
DESCARGAR REVISTA COMPLETA
TIPOGRAFÍA
SMALL
MODO LECTURA
COMPARTIR

«Sin tierra y sin agua no hay vida» es una frase común de campesinos y campesinas en toda América Latina. Más bien, es una realidad compartida por agricultores en todo el mundo.

Sin embargo, el acceso a estos recursos naturales de vital importancia se ve cada día más restringido debido a un número de factores y también debido a fuerzas socio-económicas y políticas.

Los ecosistemas y los sistemas de producción de los que dependen los pequeños agricultores son a menudo complejos. Incluyen campos cultivados y pastos para animales, pero también bosques, ríos, arroyos y lagos, y otros pedazos del paisaje, como los bordes de los caminos donde frecuentemente se encuentran plantas y animales de todo tipo. Son sistemas caracterizados por funciones y usos múltiples e interdependientes, tanto en espacio como en tiempo. Proveen productos y servicios para el uso doméstico, el intercambio y para la venta (donde existan los medios adecuados). También proveen servicios sociales para el bienestar de toda la sociedad, como la conservación dinámica de la biodiversidad o un medio ambiente sano y agradable. Pero, el acceso a estos sistemas, su uso y manejo son además diferenciados socialmente, influenciados por la estratificación económica (clases), roles y divisiones de género, y características sociales como identidad cultural o étnica, y edad. Existen varias modalidades de acceso y uso, muchas veces simultáneamente: «individuales» (a título personal o del hogar o unidad familiar) y «colectivos» (por grupo, comunidad, colectivo, cooperativa). Puede haber acceso individual y restringido, colectivo y restringido; o completamente abierto.

Como las diferentes contribuciones a esta edición de LEISA Revista de Agroecología demuestran (se incluyen estudios de América Latina, Asia y África) muchos de estos sistemas están bajo une fuerte presión. Entre las fuerzas que ejercen presión se encuentran la excesiva e incesante producción y extracción de recursos naturales (como, por ejemplo, la madera) empujadas por procesos fuertes de comercialización (La alpaca suri de colores naturales; p. 28). La mecanización y la industrialización de la agricultura, elementos claves de la «modernización» influyen fuertemente en estas prácticas. Otras fuerzas identificadas en los artículos aquí presentados son las políticas y leyes inexistentes, inadecuadas, ambiguas, mal implementadas (Uso de la totora en la producción agrícola de la cuenca del río Camacho; p. 19) o hasta perversas. Se menciona también que los sistemas nacionales e internacionales de investigación de «arriba hacia abajo» juegan un papel negativo porque no toman en cuenta las necesidades y realidades diversas de los usuarios de los recursos naturales (ver: Facilitando la descentralización y participación de los agricultores en Cuba; p. 28). Menosprecian sus ideas, sus prácticas y propuestas.

Es importante destacar que estas fuerzas y los impactos que generan no se manifiestan de forma mecánica ni monolítica, sino que ejercen su papel en las diversas situaciones locales, donde viven y trabajan múltiples y variados actores sociales. Son estos actores sociales quienes, de manera menos o más articulada y organizada, conforman también una fuerza; a menudo constituyen o van constituyendo una contrafuerza o fuerza alternativa. El conjunto de los estudios en este número representa ejemplos concretos de esta contra fuerza o nueva forma de organizarse para un acceso justo a los recursos naturales (ver los artículos: Administración tradicional del agua en Bali; p. 5; Acceso forestal: política y realidad en Kafa, Etiopía; p. 12; El sistema comunitario para el manejo y protección de la biodiversidad: cuenca Huatulco-Copalita, Oaxaca, México; p. 7).

Al analizar y compararlos se pueden identificar elementos particulares propios al contexto local, y específicos para cada zona o región. Pero emergen también unos elementos en común que son de mucho interés para quienes esperan aprender de estas nuevas ideas y prácticas. Entre estos elementos comunes se tiene:

Una revalorización crítica-constructiva de los conocimientos, prácticas y formas de organización locales e indígenas; inclusive el reconocimiento de las historias y capacidades de experimentación de los pequeños agricultores y las comunidades (Conocimientos tradicionales en los huertos cubanos; p. 26).
• La apertura de nuevos espacios para el intercambio de ideas, puntos de vista, experiencias, métodos, tecnologías y semillas, por medio de talleres, ferias, visitas, y la investigación participativa.
• La formación de nuevas formas de cooperación y de alianzas, entre agricultores y técnicos, entre extensionistas e investigadores, y entre comunidades; como, por ejemplo, los nuevos socios del fitomejoramiento participativo (p. 16)
• Nuevas formas de manejo de los recursos naturales como el «co-manejo» o el manejo conjunto (Los recursos en áreas protegidas: comanejo entre Parques Nacionales y el pueblo originario mapuche; p. 10).
• El reforzamiento de la organización local o el desarrollo de nuevas formas de organización local.
• La reorganización de la investigación hacia un modelo más horizontal y centrado en los usuarios potenciales.
• La reconstrucción social del paisaje y de los recursos; con referencia a las raíces históricas, el bienestar común, o el patrimonio de la humanidad o de un pueblo.
• El planeamiento participativo del territorio.
• Intervenciones o acciones múltiples.
• El establecimiento de nuevas empresas («comunitarias») y de nuevos lazos comerciales más equitativos y justos (MST en Brasil: más que acceso a la tierra; p. 14).

Son estos los factores principales que forman el hilo rojo en las páginas que siguen; se reconoce que falta mucho por hacer. Al mismo tiempo vemos que los diferentes actores enfrentan desafíos considerables como el cambio de estructuras y de procesos políticos, de mentalidades y actitudes, y de prácticas diarias ordinarias. Pero se espera que este hilo rojo sirva como nutriente para la reflexión y la acción; como una buena mezcla de tierra y agua que hace crecer los cultivos fuertes y ¡sabrosos!
Ronnie Vernooy
Editor invitado

Ediciones Anteriores

LEISA es una revista trimestral que busca difundir experiencias de agricultores familiares campesinos.
Por ello puedes revisar las ediciones anteriores.

Suscribete para recibir la versión digital y todas las comunicaciones que enviamos periodicamente con noticias y eventos

SUSCRIBIRSE AHORA