septiembre 2026, Volumen 40, Número 2
Juventudes en movimiento por la agroecología

Sembrar identidad: jóvenes indígenas y el camino de la agroecología en Madre de Dios

Edilberto Sonque Mikiri y Mao Anderson Visse Mikiri | Página 33
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Somos Mao y Edilberto, jóvenes harakbut de la comunidad nativa Shintuya, ubicada en la provincia del Manu, en Madre de Dios. Somos primos hermanos de la misma edad y la mayoría de las cosas que hemos hecho las hemos hecho juntos, como estudiar y cumplir con nuestros primeros trabajos.


Somos Mao y Edilberto, jóvenes harakbut de la comunidad nativa Shintuya, ubicada en la provincia del Manu, en Madre de Dios. Somos primos hermanos de la misma edad y la mayoría de las cosas que hemos hecho las hemos hecho juntos, como estudiar y cumplir con nuestros primeros trabajos.

Dejar Shintuya para venir a estudiar Producción Agropecuaria a Puerto Maldonado fue un paso muy difícil. Vivir en la ciudad es un reto. Sentimos que «todo es plata» y que, si uno no es «vivo» o no tiene contactos, se vuelve un caso perdido. Nosotros estamos acostumbrados al sonido del grillo y a la tranquilidad de la naturaleza. En nuestra comunidad, tenemos recursos, casi todo es gratis, y si estás aburrido puedes ir al río o a la chacra. Es diferente en la ciudad: no conoces a nadie y no sabes con qué tipo de personas te puedes topar. Incluso nos daba vergüenza decir que éramos de un pueblo indígena por miedo al bullying.

Esta historia cambió cuando nos unimos a algunos espacios que nos acogieron y ayudaron a fortalecer capacidades y conocimientos vinculados a la agricultura, muchos de los cuales ya traíamos de nuestra comunidad. Además, tras escuchar a diferentes personas que conocimos en estos espacios, cambiamos nuestra forma de pensar: dejamos de desear vivir en la ciudad y ahora queremos regresar a nuestra comunidad a innovar.


Tras escuchar a distintas personas que conocimos en estos espacios, cambiamos nuestra forma de pensar: dejamos de desear vivir en la ciudad y ahora queremos regresar a nuestra comunidad a innovar.


Nuestra conexión con la ciudad y el bosque: el albergue de estudiantes

Durante el periodo en que estuvimos estudiando en el Instituto de Educación Tecnológico Superior Público Jorge Basadre Grohmann, nos alojamos en el albergue de jóvenes estudiantes Miraflores, de la Federación del Río Madre de Dios y Afluentes (Fenamad), en Puerto Maldonado. Por aquella experiencia, aprendimos a valorarnos, a querer nuestra cultura y a perder la vergüenza de ser indígenas. Ha sido bonito convivir con jóvenes de otras comunidades y pueblos como el yine, el matsigenka y el ese eja, así como tener cerca a profesionales que nos apoyaron moral y emocionalmente.

Cerca del albergue, teníamos una chacra en la comunidad nativa El Pilar, donde podíamos sembrar y recolectar cultivos silvestres y frutas que comíamos en nuestras propias comunidades. Cuando íbamos, era como estar de vuelta en casa, en Shintuya. Nos sentíamos libres yendo a la chacra a comer la guaba (Inga edilus) y todas esas frutas que se están recuperando.

Aprendiendo la metodología «comunero a comunero»

En agosto del año 2024, durante nuestro último año de estudios, el albergue Miraflores recibió una invitación para conocer el trabajo que desarrolla el Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas (CBC) en agroecología y soberanía alimentaria. Decidimos participar. Luego, en diciembre de ese mismo año, nos graduamos del tecnológico, y en enero de 2025 nos inscribimos como voluntarios en el CBC como parte del equipo territorial Amazonía Sur Peruana.

Aprendimos lo que llamamos la metodología «comunero a comunero». Primero, llevaba el nombre de «campesino a campesino», pero como acá tenemos la costumbre de llamarnos «comuneros», por lo que ese término se nos hacía más fácil. La metodología consiste en intercambiar experiencias entre comunidades, entre comuneros, entre saberes y técnicas de siembra, y en facilitar trabajos como la minga1 . Cada persona aporta su experiencia y así se fortalecen los aprendizajes colectivos. Uno de ellos fue la importancia del uso de coberturas vegetales de leguminosas como la mucuna (Mucuna pruriens), la canavalia (Canavalia ensiformis) y el kudzu (Pueraria phaseoloides), una práctica agroecológica de algunos/as agricultores/as de Puerto Maldonado. También participamos de talleres en las comunidades nativas Santa Teresita y Boca Pariamanu, donde pudimos facilitar este proceso.

Otra práctica que destacamos son los intercambios de semillas y sabores, orientados a lograr que, cuando una comunidad tenga una necesidad en ese ámbito, otra comunidad la apoye trayendo nuevas semillas o nuevos conocimientos. En estos intercambios, las familias decidían qué sembrar a través de la experimentación.

Recordando nuestras tradiciones a través de la minga y el intercambio de semillas

Además de participar en pequeños intercambios de semillas entre dos comunidades, así como en mingas y trabajos en equipo, hicimos un intercambio de semillas mucho más grande con varias comunidades de Madre de Dios pertenecientes a los pueblos matsigenka, yine, harakbut, ese eja, amahuaca y kichwa runa. Esa experiencia fue la más sorprendente, porque nos hizo revivir momentos de cuando éramos niños y veíamos en el monte esas semillas, andábamos por la chacra y mirábamos esos cultivos.

La minga en Santa Teresita fue muy importante. Nos pusimos de acuerdo para trabajar en grupos y aplicamos el «roce» sin quema, que consiste en limpiar el terreno, sacando las hierbas y algunos arbustos para preparar el suelo. Normalmente, en las comunidades quemamos las chacras, pero aquí aprendimos que dejar esas plantas en el suelo es bueno para que alimenten la tierra. Aparecieron todo tipo de semillas que no conocíamos, como diversos tipos de maíz (Zea mays), la dale dale (Calathea allouia) y la famosa ashipa (Pachyrhizus ahipa), también llamada awiki en harakbut.


La metodología consiste en intercambiar experiencias entre comunidades, entre comuneros, entre saberes y técnicas de siembra, y en facilitar trabajos como la minga. Cada persona aporta su experiencia y así se fortalecen los aprendizajes colectivos.


A través de estas actividades, entendimos que nuestros conocimientos y alimentos ancestrales son muy valiosos, pero que también dependen de cómo los consideren las personas. A algunas simplemente no les interesa y a otras sí. A gran parte de los/as profesionales que conocimos les interesa cuidar y valorar estos conocimientos. Son personas que ayudan a recuperar no solo la cultura harakbut, sino las diferentes etnias para que otros y nosotros mismos conozcamos y reconozcamos su valor. A los turistas y a los gringos, así como a las personas que vienen de visita a Shintuya de otros lados del Perú, también les gusta mucho.


La mayoría de personas están interesadas en el trabajo con artesanías y en vender diversos productos, pero no hay iniciativas ni nos estamos organizando bien para impulsar ese trabajo. Al igual que con la agricultura, necesitamos superar el conformismo y ser más activos.


La esperanza del retorno

Shintuya es muy bonito. Tenemos buenos paisajes y servicios básicos. Sin embargo, nosotros vemos que no avanzamos como comunidad. Necesitamos hacer más gestiones con las municipalidades o con alguna organización para apoyar los emprendimientos de las familias. Por ejemplo, Shintuya tiene mucho potencial en turismo. La mayoría de personas están interesadas en el trabajo con artesanías y en vender diversos productos, pero no hay iniciativas ni nos estamos organizando bien para impulsar ese trabajo. Al igual que con la agricultura, necesitamos superar el conformismo y ser más activos. Por eso, cuando los/ as jóvenes salimos a estudiar, contribuimos con nuestra comunidad, ya sea en temas de producción agropecuaria o volviéndonos profesionales en enfermería o educación. Existe potencial. De aquí a unos años, cuando los/as jóvenes seamos más grandes y tengamos más conocimientos y experiencia, será una mejor oportunidad para que Shintuya también sea más grande.

Desde que vinimos a Puerto Maldonado a estudiar y trabajar como profesionales, nuestra forma de pensar ha cambiado mucho. Antes queríamos quedarnos en la ciudad, trabajar y viajar; pero, desde que empezamos a trabajar con la Fenamad y el CBC, eso cambió. Reconocimos la importancia de nuestra gastronomía y de nuestras chacras, aunque ahora no parezcan muy importantes para los/as niños/as y los/as jóvenes. La mayoría quiere ir a la ciudad y buscar una «vida mejor», pero deberíamos mirar en nuestro interior, porque a veces nos ciegan otros intereses que no son positivos para nosotros. Con el apoyo de amigos y referentes que nos inspiren, tenemos que superar esos obstáculos. Debemos seguir creando oportunidades para los/as jóvenes, para que salgan adelante y sigan motivando a más jóvenes, porque en ellos/as está el futuro. Cuando vemos resultados en otros/as jóvenes, nos animamos a hacerlo. Nosotros aprendimos mucho gracias a los/as profesionales que nos enseñaron y nos cuidaron, y con los que trabajamos juntos compartiendo conocimientos.

Nuestras palabras finales

Edilberto Sonque Mikiri:

«Mi mayor deseo y mi mayor sueño es sacar adelante a mi familia y a mi comunidad. Tengo muchos planes y deseo regresar pronto. Me veo como un gerente o líder que gestione contactos fuertes para que los productos naturales de mi comunidad se conozcan afuera y tengan salida al mercado.

De toda esta experiencia, lo más importante que me llevo son las personas que han estado ahí, que son mis grandes amigos y que me han acompañado en mi formación como profesional. Se hagan o no se hagan las cosas, siempre vamos a estar ahí hablando, apoyándonos.

Quiero seguir preparándome, viajar por estudios a otros países, y aprender y obtener los conocimientos necesarios para liderar y ayudar a mi comunidad».

Mao Anderson Visse Mikiri:

«Yo quiero regresar pronto a Shintuya para visitar a mi madre y ver cómo está la chacra. Quiero escoger el lugar donde voy a vivir y hacer mi casita rústica, que sea a la vez un albergue para recibir a la gente de la ciudad y a los/as turistas. También quisiera aportar en las reuniones comunales, porque pronto van a entregarnos a los jóvenes nuestros espacios en la comunidad y tenemos que estar presentes para escoger dónde vivir.

Me gustaría trabajar con plantas y animales, tener viveros y chacras donde aplicar mis conocimientos y experiencias, y también tener algo más tecnificado».

Agradecimientos

Expresamos nuestro sincero agradecimiento a nuestras familias, que nos cuidan y orientan para ir por el buen camino y no desviarnos; a la Fenamad, por recibirnos y guiarnos en la ciudad; y al CBC, por ayudar a nuestra formación profesional. También a la Wyss Academy for Nature, donde también pudimos trabajar como investigadores; y a nuestros amigos Katya Mallea, Kevin Ruiz Balcázar, María Fernanda Yáñez, Alessandra Silva Arteaga y Valerio Paucarmayta.

 

Edilberto Sonque Mikiri

sonqueedilberto@gmail.com

Egresado del Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Jorge Basadre Grohman (Perú), con formación en Producción Agropecuaria.

Mao Anderson Visse Mikiri

maovisse0@gmail.com

Egresado del Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Jorge Basadre Grohman (Perú), con formación en Producción Agropecuaria.

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