¿Quiénes son las juventudes agroecológicas? Reflexiones desde una generación bisagra
Julián Ariza Arias, Cecilia Barocio Hernández, Mel Becerra Lavado y Sergio Monroy Isaza | Página 20 DESCARGAR REVISTA COMPLETADiálogos intergeneracionales y disputas de futuros
Proponemos esta reflexión situándonos, como punto de partida, en la juventud cronológica, que tiene límites arbitrarios, con variaciones entre los 29 y los 35 años, como es el caso, por ejemplo, en las políticas públicas de Colombia y Costa Rica. Nos atraviesan espacios académicos y de militancia, como el Movimiento Agroecológico Colombiano (MACO), y hemos participado en dinámicas de movilización y autoidentificación como juventudes en la agroecología. Hoy, seguimos participando en algunos espacios protagonizados por jóvenes, pero desde otro lugar: hemos dado un paso atrás —o estamos comenzando a hacerlo— para acompañar los procesos, siendo parte de la reivindicación por la soberanía alimentaria desde un horizonte popular, cuestionando las prácticas patriarcales-adultocéntricas1 que podemos llegar a reproducir, y, especialmente, entendiendo la necesidad de pensar, construir confianza y multiplicar afectos en clave intergeneracional.
Más allá de los límites etarios, somos parte de una generación que empezó a encontrarse con un «retraso» al momento de acceder a condiciones de autonomía material en la vida. Evidenciamos el desvanecimiento de ciertas promesas sobre el futuro asociadas al trabajo, al estudio, al progreso y a la familia.
Nacimos o transitamos nuestra infancia en la década de 1990, bajo la profundización de las políticas neoliberales en América Latina, un tiempo de narrativas alimentadas, de un lado, por la hegemonía del individuo y el libre mercado; y, del otro, por el intento de desmontar las formas de vida comunitarias y la desvalorización del mundo rural.
De ahí que este haya sido el periodo en el que se aceleró el proceso de descampesinización y desagrarización en el mundo rural latinoamericano, como avanzada de nuevos mecanismos para la acumulación del capital. Los efectos de esa tendencia histórica en torno a la pérdida de población rural, profundizada por el dogma neoliberal desde el Estado y las corporaciones, hoy nos deja en una encrucijada. Es generalizada la evidencia del envejecimiento del campo y la expulsión de juventudes rurales hacia la ciudad. En otros términos, asistimos a una crisis de reproducción social en el campo.
Nos enunciamos como una «generación bisagra» para la agroecología debido a ciertas transformaciones radicales sucedidas en el tránsito de nuestra niñez a nuestra juventud. En esa época, pasamos de un mundo mayoritariamente rural a uno cada vez más urbanizado, de lo analógico a lo digital, de los anuncios sobre la contaminación ambiental a las evidencias del colapso climático y energético, y del «fin de la historia»2 a la necesidad de creer en otros mundos posibles, pese a las contradicciones que hoy enfrentamos con el ascenso de gobiernos neofascistas e intervenciones imperialistas cada vez más violentas en América Latina.
Desde la observación empírica, reconocemos ciertas desconexiones entre los/as jóvenes de las generaciones anteriores a la nuestra y los/as jóvenes de las generaciones posteriores a la nuestra. Estas desconexiones se reflejan en el reconocimiento identitario en tanto jóvenes, la relación con las jerarquías y la autoridad, los efectos de la vida digitalizada, las posibilidades del trabajo digno y del acceso a la tierra, las perspectivas sobre el futuro, y el nivel de incertidumbre para la reproducción material de la vida, asuntos que ya suponen para nosotros/as dificultades en la planificación de la existencia. Como generación bisagra, también tenemos la posibilidad de movernos entre esos «dos mundos» y de actuar como «puentes», aunque cada vez sea más difícil seguirles el ritmo a los códigos de las generaciones más jóvenes.
Desde este lugar, reafirmamos la importancia del diálogo intergeneracional para la construcción de un movimiento agroecológico que tenga capacidad de renovación, que desmonte las prácticas patriarcalesadultocéntricas y que entienda la importancia de entrelazar las cinco esferas de la conciencia agroecológica3 (Sevilla Guzmán, 2011). Consideramos que un debate sobre juventudes en la agroecología necesita la perspectiva de los jóvenes tanto como un enfoque generacional para abordar de manera integral algunos problemas de la crisis de reproducción social, y que asumir la reflexión sin incorporar esas relaciones puede conducirnos a algunas trampas. Por el lado de las generaciones «más jóvenes», se corre el riesgo de adoptar cierto identitarismo derivado de narrativas coloniales, funcionales al sistema, que atomizan las luchas. En las generaciones «más viejas», hay una reflexión urgente que también deben asumir: son ellas quienes, en general, presentan de manera más acentuada la racionalidad patriarcal-adultocéntrica que inhibe la potencia propia de las nuevas generaciones y otras expresiones de su diversidad. Ambos lados hacen parte del mismo problema al momento de construir conexiones generacionales que permitan la proyección del movimiento, desde la premisa de la unidad en la diversidad, en el largo aliento.
Por el lado de las generaciones «más jóvenes», se corre el riesgo de adoptar cierto identitarismo derivado de narrativas coloniales, funcionales al sistema, que atomizan las luchas.
Juventudes en el movimiento agroecológico y por la soberanía alimentaria
Las juventudes agroecológicas existen y emergen como un sujeto político en construcción, pero esto no necesariamente es reconocido dentro de algunos sectores del propio movimiento agroecológico. La visibilización de las juventudes en procesos que reivindican la agroecología y la soberanía alimentaria como horizonte de transformación del sistema alimentario es bastante reciente. Un primer antecedente lo podemos encontrar en la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC), que, en su tercer congreso, de agosto de 2001, impulsó la Primera Asamblea Latinoamericana de Jóvenes. En aquel tiempo, la CLOC no había madurado la reflexión sobre la agroecología; sin embargo, ya resultaba significativo el interés en que las juventudes tuvieran su propio espacio de discusión y análisis. Durante 25 años, se han celebrado 6 asambleas continentales de jóvenes de la CLOC. En la última asamblea, realizada en México en 2025, los/as jóvenes hicieron explícita la barrera del adultocentrismo dentro de las propias organizaciones sociales y campesinas, señalando que «limita la participación juvenil, [y] frena la renovación política y organizativa reproduciendo estructuras jerárquicas que no responden a nuestras realidades». De igual forma, reafirmaron la articulación de la agroecología, la reforma agraria integral y popular, y la defensa de la biodiversidad, «como herramientas de lucha y supervivencia» (CLOC, 2025).
En la escala global de la articulación, La Vía Campesina (LVC) también ha abrazado la inclusión de las juventudes tanto en los debates como en las estructuras organizativas de coordinación y toma de decisiones. Esto se hizo evidente en la Octava Conferencia Internacional de LVC, desarrollada en Colombia en 2025, donde se realizó la Quinta Asamblea de Jóvenes de LVC. A partir de esta conferencia, cada una de las 10 regiones de LVC asumió el compromiso de integrar a una representante de la juventud en el Comité Coordinador Internacional. Las demandas de participación de las juventudes también han sido incorporadas en otras instancias de articulación global como el Comité Internacional de Planificación para la Soberanía Alimentaria (CIP), que formó el Grupo de Trabajo sobre Juventud en 2017. Otro espacio fundamental donde se reafirma la participación real de las nuevas generaciones es el Foro Global de Nyéleni, que en su tercera edición, realizada en Sri Lanka en 2025, desarrolló su primera asamblea de juventudes.
Estos esfuerzos para incorporar la participación de jóvenes también han sucedido en espacios de la academia crítica, como la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (Socla). A partir de la renovación de los estatutos en 2022, la Socla incorporó dos representantes de juventudes en la composición de su Junta Directiva. Este avance fue el resultado del reclamo de participación de jóvenes que empezó a expresarse desde su IV Congreso Latinoamericano de Agroecología, realizado en el Perú en 2013, hasta su VIII Congreso Latinoamericano de Agroecología, realizado en Uruguay en 2020. Desde esta convergencia en Uruguay —y más allá del Congreso—, se logró mantener un espacio en la virtualidad que fue decantando en la conformación del grupo de Juventudes de la Socla (Juventudes Socla, 2024).
Por una renovación intergeneracional de las luchas
Las nuevas generaciones encuentran en la agroecología un terreno de hibridaciones que permite la confluencia de juventudes campesinas, indígenas, afro, migrantes, universitarias, activistas ambientales, sexualmente diversas, trabajadoras, huerteras y populares de la ciudad, entre otras expresiones. Aunque con trayectorias diversas, muchos/as de estos/as jóvenes comparten la aspiración de construir un proyecto de vida en la ruralidad. Esta diversidad se refleja en el constante intercambio de experiencias y conocimientos entre las juventudes del campo y la ciudad.
Junto a jóvenes de familias campesinas que deciden permanecer y dar continuidad a las actividades familiares, se encuentran jóvenes rurales que retornan después de estudiar, trabajar o vivir en espacios urbanos, así como nuevos perfiles que se incorporan al campo sin tener necesariamente un antecedente campesino directo.
Este gradiente de experiencias juveniles da lugar a una mezcla de múltiples saberes contemporáneos y ancestrales, ampliando las posibilidades de imaginar y reconstruir la vida rural para acompañar las luchas por la soberanía alimentaria. Junto con los sueños, también encontramos las condiciones materiales que generan grandes obstáculos para las juventudes agroecológicas; por ejemplo, el carácter gerontocrático de la tenencia de la tierra en América Latina y las escasas oportunidades para que las personas jóvenes tengan autonomía y libertad para proyectar su futuro en la tierra.
Aunque con trayectorias diversas, muchos/as de estos jóvenes comparten la aspiración de construir un proyecto en la ruralidad.
Finalmente, queremos resaltar que la mayor parte de estos procesos de jóvenes asumen diversas posturas políticas críticas frente al orden neoliberal dominante que pueden contribuir a «refrescar» las posiciones de izquierda tradicionales de compañeros/as de otras generaciones. Aunque se presenten de forma embrionaria y quizá sin un autorreconocimiento explícito, dentro de esas manifestaciones políticas reconocemos la puesta en valor de diferentes aspectos de las tradiciones del pensamiento crítico: del marxismo, la necesidad de comprender el capitalismo y sus contradicciones; del anarquismo, la importancia de una praxis dirigida a la desjerarquización, el apoyo mutuo y la autogestión; y del legado de los pueblos indígenas, la urgencia de una palabrapensamiento para la descolonización de la política, la revitalización de las herencias onto-epistemológicas y la vivencia de la comunidad en el acercamiento a una relación trascendente con todas las expresiones de la vida. Desde esta generación bisagra, consideramos relevante el entretejido de esas tradiciones para fortalecer las disputas agroecológicas de largo aliento y la renovación de las luchas en estos tiempos de neofascismo en ascenso.
Julián Ariza Arias
En proceso de vuelta al campo en las montañas de Santander, Colombia. Integrante del Movimiento Agroecológico Colombiano (MACO). Estudiante del Doctorado en Ciencias Agrarias de la Universidad de la República de Uruguay (Uruguay).
Cecilia Barocio Hernández
Activista de la alimentación y practicante de la agroecología como forma de vida, enfocada en reconocer la diversidad de juventudes agroecológicas frente a los procesos de descampesinización en Tlaxcala, México. Estudiante del Doctorado en Ciencias en Agroecología en el Colegio de la Frontera Sur (México).
Mel Becerra Lavado
Coordinadore general de Alsakuy Agroecológica (Perú). Se dedica al proceso de educación popular e investigación-acción, y tiene experiencia formativa con mujeres y niñeces en el Perú.
Sergio Monroy Isaza
Integrante del Movimiento Agroecológico Colombiano (MACO). Estudiante de Doctorado en Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia.
Referencias
- Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC). (2025). Declaración Política de la VI Asamblea Continental de Juventudes de la CLOC-Vía Campesina. https://cloc-viacampesina.net/declaracion-vi-asamblea-continental-de-juventudes-cloc-via-campesina
- Juventudes Socla. (2022). Grupo de Juventudes SOCLA, nuestra praxis agroecológica (pp. 823-827). IX Congreso Latinoamericano de Agroecología. – Sevilla Guzmán, E. (2011). Sobre los orígenes de la agroecología en el pensamiento marxista y libertario. Agruco, Plural Editores, CDE, NCCR.
- Von Werlhof, C. (2015). ¡Madre Tierra o muerte! Reflexiones para una teoría crítica del patriarcado. El Rebozo.
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