septiembre 2026, Volumen 40, Número 2
Juventudes en movimiento por la agroecología

Entre la universidad y la milpa: voces de juventudes universitarias

Erick López González y Diego Flores Sánchez | Página 47
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¿Cómo puede la agroecología ayudar a que la milpa siga siendo parte de la vida de las juventudes? Esta pregunta orienta la experiencia de investigación que compartimos, en la que la agroecología significa cuidar la tierra y la diversidad, valorar los saberes de las familias y buscar cambios que hagan menos pesado el trabajo. Para responder a la pregunta inicial, se analiza qué lugar ocupan las juventudes en la agricultura familiar, qué valor le dan y qué dificultades encuentran para continuar.

En México, la milpa es el sistema de producción familiar tradicional para la mayoría de las familias productoras de pequeña escala. Es un sistema diverso que tiene como eje al maíz, asociado con el frijol, el haba, la calabaza, el chile, las hortalizas, los frutales y otras plantas comestibles, medicinales o de uso ritual. Su composición cambia según el clima, el lugar, la tierra disponible y las preferencias de cada familia. También ha enfrentado cambios ambientales, sociales y políticos. La Revolución Verde, por ejemplo, impulsó formas intensivas de producción que reducen la diversidad de cultivos y de hierbas aprovechables, mientras favorecen la dependencia a un solo cultivo. Frente a ello, las relaciones ecológicas, sociales, culturales y económicas de la milpa han aportado bases importantes para la agroecología.


En México, la milpa es el sistema de producción familiar tradicional para la mayoría de las familias productoras de pequeña escala. Es un sistema diverso que tiene como eje al maíz, asociado con el frijol, el haba, la calabaza, el chile, las hortalizas, los frutales y otras plantas comestibles, medicinales o de uso ritual.


Esta relación puede observarse en San Felipe del Progreso, al noroeste del Estado de México. En esta región de cultura mazahua, la milpa continúa vinculada con la alimentación, los saberes familiares, las prácticas religiosas y el comercio local. En los tianguis (mercados locales), se encuentran habas, quelites, flores de calabaza, nopales, hongos, frutas de temporada, elotes, atoles y una diversidad de productos tradicionales propios de la gastronomía local. El maíz, en sus diversos colores —rojo, negro, rosado, blanco, amarillo, cacahuacintle—, se consume en tortillas, tamales, tenshas, atoles y pinole; mientras que sus semillas son bendecidas el día de la Candelaria y se crean rosarios de palomitas de maíz como ofrendas y adornos durante celebraciones religiosas. Esta diversidad muestra que cuidar la milpa también implica conservar alimentos, semillas, saberes, formas de trabajo familiar e identidad (Campos Espinosa, 2020).

Fue esta realidad la que motivó la investigación que aquí se comparte. La experiencia se realizó entre 2025 y 2026 con estudiantes de la Licenciatura en Desarrollo Sustentable de la Universidad Intercultural del Estado de México (UIEM). En esta licenciatura, conviven juventudes mazahuas, otomíes, nahuas y otras, originarias de municipios vecinos como Atlacomulco, Ixtlahuaca, San José del Rincón, Temascalcingo y El Oro. El interés de trabajar con ellas derivó de que la interculturalidad, desde el desarrollo sustentable, comparte objetivos afines con la agroecología, a la vez que la incluye en su formación. Algunas afinidades se relacionan con el desarrollo local, como la búsqueda de que sus profesionistas se integren a sus territorios como agentes de cambio desde el diálogo de saberes y la implementación de prácticas de manejo agroecológicas, entre otras.

Con estas juventudes, se buscó conocer si la milpa y la agricultura familiar siguen siendo importantes como posible proyecto de vida, así como sus razones para continuar o detenerse. También se quiso analizar cómo la milpa puede fortalecerse desde las propias prácticas tradicionales, con las herramientas que las juventudes adquieren y con las experiencias agroecológicas del territorio. En este artículo, queremos compartir algunos resultados y reflexiones.

Participación de las juventudes en la agricultura familiar

Un primer paso en esta experiencia fue conocer el vínculo de las juventudes con la agricultura familiar. En una encuesta aplicada a 89 estudiantes, el 73 % señaló que provenía de familias agricultoras. Además, en el 88 % de casos, la agricultura continúa siendo muy importante tanto para ellos como para sus familias. Más de la mitad mencionó que participa en la siembra, la cosecha y el deshierbe, y en la preparación de alimentos, la selección de semillas y la venta. Estos resultados mostraron que muchas juventudes mantienen una relación activa con el campo y la milpa desde la dinámica familiar.

Dicha participación varía durante el año. Algunas juventudes se integran en momentos determinados del ciclo agrícola en los que la necesidad de mano de obra es mayor y participan en otras dinámicas como la comercialización. Esta realidad matiza la idea que generaliza a las juventudes, indicando que presuntamente ya no les gusta o no quieren involucrarse en la agricultura. Nosotros/as observamos que existe interés, aunque cambian los tiempos, las responsabilidades y las posibilidades de participar.

En cuanto a sus saberes, la mayor parte compartió que lo que saben lo han aprendido de sus abuelas, abuelos, madres y padres. La universidad como fuente de conocimiento ocupa un lugar menor en la transmisión, por lo que no reemplaza estas enseñanzas, sino que aporta otras herramientas para fortalecer sus saberes obtenidos desde el diálogo, la identidad y las prácticas.


Más que reemplazo, la sucesión campesina implica acompañamiento, reorganización y diálogo entre generaciones.


Esta realidad matiza la idea que generaliza a las juventudes, indicando que presuntamente ya no les gusta o no quieren involucrarse en la agricultura. Nosotros/as observamos que existe interés, aunque cambian los tiempos, las responsabilidades y las posibilidades de participar.


El significado de la milpa para las juventudes

Para comprender qué importancia le atribuyen a la milpa, se aplicó una segunda encuesta a 80 estudiantes.

En ella, mencionaron que las principales razones para participar son la alimentación, la tradición, el gusto personal y la posibilidad de aplicar lo aprendido en la licenciatura. Después, aparecieron otras razones como la identidad, la economía, la herencia y la tecnología.

A partir de sus propias palabras, la importancia se refleja en ideas como que «La milpa no solo es alimento, es un símbolo sagrado». Otra joven señaló que «Debemos saber más cosas sobre la milpa tradicional y no perder estas prácticas». Al contrario de lo que a veces se asume —que, para las generaciones contemporáneas, lo más importante es lo material y lo económico—, señalaron que la milpa es relevante para garantizar la seguridad alimentaria, así como por el valor simbólico e identitario que les brinda.

Lo anterior no significa que el valor económico sea menor, sino que puede ocupar un lugar distinto. En este sentido, las mismas juventudes señalaron que una de las razones que limita continuar con el sistema es la baja rentabilidad y, por lo tanto, consideran importante aportar sus conocimientos para mejorarla junto con la productividad. Esto les posibilitaría continuar con la milpa y convertirla en una opción viable. Ante ello, resulta necesario que la agroecología visualice que un reto para asegurar el relevo generacional, o la sucesión campesina, es garantizar que sistemas como la milpa puedan garantizar ingresos económicos y permitir la integración de nuevos conocimientos y tecnología, como estas juventudes lo proponen.

Herramientas para la continuidad

Al preguntar qué les gustaría aportar a la agricultura familiar, más del 80 % mencionó nuevas ideas y tecnología. Asimismo, señalaron la recuperación de saberes, la organización, la gestión de proyectos, la capacitación y la incorporación de otros cultivos. Sus respuestas no contraponen la tradición a la innovación, sino que expresan el deseo de conservar lo útil, recuperar lo que se pierde y probar otras soluciones para mejorar y poder continuar.

Sin embargo, es importante tomar en cuenta que, si bien algunas herramientas pueden reducir el esfuerzo físico o facilitar tareas, también pueden aumentar los gastos de producción y/o crear dependencia. Por ello, Omar Felipe Giraldo (2018) distingue entre la tecnología que llega como receta y la que se crea desde los saberes del lugar, y advierte que la tecnología puede funcionar para la agroecología siempre y cuando sea el campesinado quien la use y no al contrario. Es decir, la tecnología puede apoyar el trabajo si responde a una necesidad real; por ello, elegirla, probarla y adaptarla debe hacerse con criterio local.

Más allá de querer quedarse

La importancia de la milpa también se observa a partir de las razones que obstaculizan su continuación.

La respuesta «No me gusta» la milpa, como razón para no continuar con ella, apenas representó el 5 % de los casos, lo que comprueba lo que ya se ha mencionado. No obstante, la falta de políticas públicas, entendida como la falta de apoyos al campo por parte del Estado, fue ubicada como el principal obstáculo.

Otros obstáculos que identificaron las juventudes encuestadas son la falta de dinero para la producción, así como la falta de apoyo familiar, la ausencia de tecnología accesible y el esfuerzo físico. Para algunas estudiantes, ser mujer también es una razón que ubican como dificultad al momento de ser sucesoras en la milpa. Estas perspectivas recuerdan que no todas las juventudes tienen las mismas oportunidades para gestionar sus sistemas, acceder a la tierra o tomar decisiones sobre ella.

La agroecología enfrenta un reto importante, ya que no basta con cuidar el suelo, conservar semillas o diversificar cultivos si quienes trabajan la tierra no pueden vivir dignamente de ella ni acceder a ella de forma equitativa. Además, las familias, las instituciones y las políticas públicas también deben crear condiciones para incluirlas.

Continuar sin reemplazar

El relevo generacional suele entenderse como el reemplazo de una generación por otra. Esta experiencia ha permitido comprender que la agroecología no encaja con ese relevo; por el contrario, para asegurar la continuidad de sistemas tradicionales o para el escalamiento agroecológico, es importante pensar en la sucesión campesina como una apuesta desde los procesos paulatinos, en los que las nuevas generaciones puedan verse no como receptoras del sistema, sino como actoras en la reorganización de nuevos procesos socioproductivos y alimentarios. Más que reemplazo, la sucesión campesina implica acompañamiento, reorganización y diálogo entre generaciones.

No podemos asegurar que quienes mostraron interés continuarán la milpa, ni que la universidad o la agroecología resolverán por sí solas los problemas que alejan a las juventudes de la agricultura. Lo que sí sabemos es que este grupo mantiene una relación viva con la milpa y encuentra razones para continuar desde bases afines a la agroecología. La alimentación, los saberes familiares, el deseo de aportar y la búsqueda de un trabajo menos pesado son puntos desde los cuales se puede avanzar. Además, en los territorios ya existen experiencias agroecológicas que podrían fortalecerse con su participación y viceversa. Al conjuntar los saberes familiares con lo aprendido en la universidad, las juventudes pueden ayudar a que estas experiencias lleguen a más familias y comunidades (Mier y Terán Giménez Cacho et al., 2018). Finalmente, la experiencia de investigación ha permitido demostrar que la sucesión campesina no se basa en la obligación de las juventudes a permanecer o no migrar, sino también en el derecho a permanecer.

Erick López González

ericklgz.c@gmail.com

Estudiante de la Maestría en Ciencias en Agroecología y Sustentabilidad en el Colegio de Postgraduados (México). Investigador en sucesión campesina, bioculturalidad, agroecología y milpa.

Diego Flores Sánchez

Doctor en Ecología de Sistemas Agrícolas y profesor investigador del Colegio de Postgraduados (México). Investigador en agrobiodiversidad, sistemas de manejo y transición agroecológica.

Referencias

  • Campos Espinosa, O. G. (2020). San Felipe del Progreso: Pueblo con encanto. Secretaría de Cultura y Turismo del Gobierno del Estado de México. https://foem.edomex.gob.mx/libro/ san-felipe-del-progreso
  • Giraldo, O. F. (2018). Ecología política de la agricultura: Agroecología y posdesarrollo. El Colegio de la Frontera Sur. https:// www.semillas.org.co/apc-aa-files/5d99b14191c59782eab3da99 d8f95126/ecologa-poltica-de-la-agricultura.pdf
  • Mier y Terán Giménez Cacho, M., Giraldo, O. F., Aldasoro, M., Morales, H., Ferguson, B. G., Rosset, P., Khadse, A., & Campos, C. (2018). Bringing agroecology to scale: Key drivers and emblematic cases. Agroecology and Sustainable Food Systems, 42(6), 637-665. https://doi.org/10.1080/21683565.2018.1443313

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