diciembre 2014, Volumen 30, Número 4
Nutrición y agricultura familiar

Agricultura familiar y nutrición de las familias ashánincas y matshiguengas en el valle del río Apurímac (VRAE)

RODOLFO MASSON AGUIRRE | Página 21
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Uno de los principales problemas por los que están atravesando las poblaciones nativas amazónicas es el despojo de sus tierras y recursos e invasiones de su territorio. Esto genera situaciones de pobreza que se expresan en altos índices de desnutrición que afectan principalmente a las madres de familia, niños y ancianos.

Es conocido que hay una relación directa entre alimentación, nutrición y enfermedad. Los pobladores nativos se encuentran desnutridos con baja ingesta de calorías y proteínas, lo que los predispone a ser afectados más fácilmente por los cambios de temperatura llamados “friajes”, que son temperaturas bajas extremas que se acentúan mayormente en las madrugadas. En la mayoría de casos esto acelera los cuadros de resfríos, gripes y neumonía en niños y ancianos.

Cosecha de rabanito en Cashieubeni. Autor

Cuando se inició el desarrollo del proyecto de agricultura y nutrición en estas comunidades se elaboró una línea de base propia que arrojó una ingesta promedio de 1.337 calorías y 24,48 gramos de proteínas. Las recomendaciones mundiales al respecto indican un consumo diario mínimo de 2.300 a 2.500 kilocalorías y entre 48 y 52 gramos de proteínas. Esto motivó a la ONG Desarrollo Rural Sustentable (DRIS) a llevar a cabo diversos proyectos con énfasis en la alimentación mediante técnicas de agricultura orgánica enfocadas en la familia.

El proyecto buscaba crear condiciones de producción de alimentos vegetales y animales en seis comunidades nativas del valle del río Apurímac, distrito de Kimbiri, Cusco, Perú, de 2011 a 2012. Las comunidades fueron: Anaro, Sampantuari, Otari, Capiroshiato, Huayanay, Cashiroveni y Pomorine; estas dos últimas, matshiguengas. El proyecto buscó también, mediante el consumo adecuado de calorías y proteínas, una mejor adaptación de los pobladores a las bajas temperaturas.

Se realizaron capacitaciones in situ y nombramiento de promotores locales para garantizar la continuidad del uso de técnicas naturales para el control de plagas y enfermedades de los cultivos, recuperación de especies de hortalizas nativas, su incorporación en su plan de siembra, etc.

Se trabajó con especies locales e introducidas de maíz, frijol local rojo, maní, arroz y camote de la zona, tratando en lo posible de no introducir especies diferentes que puedan alterar el agroecosistema. Asimismo se trabajó con biohuertos donde también había especies propias como el icetaqui o verdolaga (Portulaca oleracea), el dale dale (Calathea allouia Aubl.), la papa magona, etc. Se usaron abonos orgánicos e insecticidas caseros para el control de plagas. Esto permitió que las familias obtuvieran una cantidad de alimento extra, lo que proporciona a la población alimentos que le permiten mantener la ingesta diaria recomendada.

La cosecha de estos productos fue de 650,25 kilos de alimentos entre maíz, frijol, maní, arroz, frijol de palo, camote, lo que significa un valor de 2.443.058 kilocalorías y 58.608 gramos de proteínas. Las familias consumieron huevos y carne de aves. El proyecto permitió a la población obtener alimentos adecuadamente para enfrentar mejor el frío. Esto hizo que los agricultores familiares captaran bien los  objetivos del proyecto.

La población guarda semillas y, con las técnicas aprendidas, replica el modelo de producción de alimentos. Uno de los objetivos en el futuro es que aumente la producción y se puedan tener excedentes para comercializarlos en el distrito, ya que la demanda de maíz, arroz y frijol está asegurada.

Esta experiencia es importante porque asegura la producción para el consumo familiar y para la venta, ya que las características organizativas y asociativas de estas comunidades indican que un primer paso consiste en apuntalar la alimentación y nutrición y luego la comercialización, pues se han dado casos en que la producción destinada a la alimentación se ha comercializado.

Es importante mencionar que toda actividad o proyecto debe hacerse en coordinación con la instancia superior de gobierno de la comunidad nativa, que en este caso es la organización Asháninca del valle Apurímac (OARA).

Rodolfo Masson Aguirre
Rodolfo_masson@yahoo.es

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