marzo 2003, Volumen 18, Número 4
Las mujeres asumen el cambio

Fuerza y determinación: las mujeres quebradoras del coco de babasú en Brasil

CAROLINA BAKER BOTELHO | Página 12
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El canto de las quebradoras


ô, não derrube essas palmeiras
ô, não derrube os palmeirais
tu já sabes que não podes derrubar
precisamos preservar as riquezas naturais

no derrumbe esas palmeras no derrumbe el palmeral
tú ya sabes que no puedes derrumbar
necesitamos preservar, las riquezas naturales

Nadie escucha mi grito, desconocen mi aflicción, escondida en el babasucal, con hambre mientras rompemos el coco…” (Diocina, de la comunidad de Ludovico, del Lago de Junco, Maranhão, Brasil).

Diocina es una de las 300,000 quebradoras de coco de Brasil que tiene en la actividad extractiva del coco de la palma babasú (Orbignya phalerata) una importante fuente de ingresos para sus familias. Como la mayor parte de la población local, Diocina tiene una identificación profunda con el babasú, a la que llaman “planta madre”, proveedoras de sus familias. Cree en la fuerza del babasú e integra su propia vida y sus sueños a la vida de la palma.

La actividad extractiva para el aprovechamiento del babasú se da mayormente en el Estado de Maranhão, en la región oriental de la Amazonía, donde se encuentra la más grande concentración de palmas de babasú de Brasil. Son aproximadamente diez millones de hectáreas ocupadas por bosques, donde el babasú es la especie dominante. Esta es una palma de gran altura (de 20 a 30 m), cuyo aprovechamiento y manejo agrupa a casi cien mil familias de la región.

La vida de las familias depende de la palma de babasú; con las fibras fabrican los techos de sus viviendas, puertas, ventanas y utensilios domésticos como ‘cofos’ (cestos hechos de la paja del babasú), ‘quibanos’ (tamices hechos de la paja para tamizar arroz) y esteras.

Los cocos son la riqueza más grande porque proporcionan las almendras, fuente principal del ingreso familiar en los periodos intermedios entre las épocas de cosecha del arroz. Las almendras se venden al natural o se procesan artesanalmente para extraerles el aceite. Este aceite sirve básicamente para el consumo alimentario de las familias y, también, como materia básica para la fabricación de jabón. Del coco de babasú sale también una masa harinosa de alto valor nutritivo y el carbón, usado como combustible doméstico, lo que a la vez permite el reciclaje de la energía en el hogar, complementando el ingreso familiar. (“En la zona del babasú en Maranhão, Brasil, una familia utiliza 500 kg de carbón anualmente, obtenido de 1,7 ha de babasú. Como en la zona no existen bosques manejados sosteniblemente, es posible hipotetizar que la ausencia del carbón de babasú conduciría a una degradación de los bosques para suministrar el equivalente a 3,2 m3 de leña al año.” ECUAGRO, Palmera de babasú www.ecuarural.gov.ec./ecuagro/paginas/frutas_am/textos/babasu.htm)

La quiebra del coco de babasú es una actividad netamente femenina. Todavía se hace de forma primitiva, con un machete apoyado en las piernas y un mazo de madera. Para la colecta de coco, las mujeres salen al amanecer acompañadas de sus niños y caminan hasta cuatro horas para llegar a los babasucales, donde pasan todo el día, muchas veces alimentándose solamente de las mismas almendras del coco de babasú. La colecta se acomoda en los ‘cofos’, los que son transportados en asnos o cargados por las mujeres hasta sus comunidades, donde se procede a la extracción de las almendras.

Entre los meses de octubre y mayo, los varones se dedican a los cultivos (arroz, yuca, maíz, cucurbitáceas). En el periodo entre junio y noviembre, mientras las mujeres se dirigen a los babasucales, ellos se dedican a mejorar sus viviendas (recomponer los techos, hacer reparaciones menudas) o también a la venta de su fuerza de trabajo a los hacendados, donde, por ejemplo, hacen la limpieza manual de los pastizales por un precio muy barato. Consideran que este trabajo les quita la dignidad de agricultores, pero les proporciona ingresos monetarios.

Cambios en la tenencia de la tierra

A partir de los años 70, los bosques del babasú comenzaron a ceder espacio a los enormes pastizales destinados al desarrollo de la ganadería extensiva. Fue entonces que empezaron los conflictos agrarios, donde comunidades establecidas por mucho tiempo fueron amenazadas y llegaron a perder gran parte de las tierras.

La tierra era antes libre para el uso de los campesinos. Pero la realidad fue cambiando rápidamente con la aparición de ganaderos que, nombrándose dueños, mostraron intereses distintos a los de las familias agricultoras y extractoras. La tierra se convirtió en presa del alambre de púas, el que pasó a rodear a los poblados, a limitar el acceso a la pesca, caza y a las fuentes de agua, los agricultores perdieron la posibilidad de cultivar las tierras más adecuadas para la producción agrícola. Las mujeres también comenzaron a sufrir con el aumento de la violencia y por el acceso negado a los babasucales, los que pasaron a ser vigilados por pistoleros. Los hacendados establecieron el cobro de rentas, cada vez más altas, por la quiebra del coco de babasú, por las cosechas y también por el pilado del arroz.

Con imposición y violencia apareció un nuevo orden agrario en esta región del Maranhão, al punto de caracterizarse como unas de las zonas más violentas de Brasil en la década de los 80.

Las mujeres se organizan para la defensa de los babasucales

Frente a este panorama, creció el nivel de la organización de las mujeres en la región. Ellas se unieron en la defensa de los babasucales y también por la supervivencia de sus familias, siendo apoyadas por los Sindicatos de Trabajadores Rurales combativos y por las Comunidades Eclesiales de Base, las que contaron con el respaldo de la Iglesia Católica Progresista. Posteriormente, la organización de las quebradoras del coco de babasú contó con la ayuda importante de diferentes entidades para su fortalecimiento, como fueron por ejemplo los “Sindicatos de Trabajadores Rurales” comprometidos con las luchas por el acceso a la tierra, los frailes franciscanos de la Vice-Provincia en Bacanal y la “Associação em Áreas de Assentamento no Estado do Maranhão” (ASSEMA).

Surgió así y se consolidó la “Asociación de Mujeres Trabajadoras Rurales de Lago de Junco” (AMTR), constituyéndose en una organización de avanzada para el contexto de la región. En los años 80 tenían ya el apoyo de los varones, delegando a ellos la responsabilidad de la limpieza, arreglo del ambiente y preparación de las comidas, mientras se reunían y debatían temáticas relacionadas con sus intereses. En ese período, la AMTR llegó a tener cerca de cien socias mujeres comprometidas con la lucha.

Pero a pesar de los avances, la situación siguió siendo difícil. A mediados de los años noventa, un acontecimiento reflejó claramente la importancia de las palmas del babasú en la vida de las quebradoras del coco y las dificultades por las que pasan las mujeres de la zona: la Asociación de Mujeres Trabajadoras Rurales de Lago de Junco recibió una denuncia que señalaba que una gran cantidad de palmas de babasú estaban siendo derribadas en una comunidad del área. Se movilizaron rápidamente, partiendo un grupo de veinte a treinta quebradoras hacia esa zona. Pero no consiguieron lograr que los peones contratados dejen de extraer las palmas de babasú. Frentea la sensación de impotencia, espontáneamente, encendieron velas y rogaron al pie de las palmas derribadas, sufriendo por la muerte de sus “plantas madres” y por todas las familias de la región que dependen de la actividad extractiva del babasú.

Hubo un tiempo cuando la persecución aquí fue grande, estaban derrumbando muchas palmeras, pero nosotros nos enfrentamos a muchos ‘jagunços’ y policías… Los patrones y hacendados mandaban derrumbar, ahí nosotros las mujeres estuvimos muy preocupadas…la gente sobrevive de eso, sustenta sus hijos de ese coco…

Su rol, en todo caso, no se limita a las protestas. Hoy, las mujeres quebradoras de coco de Lago do Junco tienen una importante actuación en una escuela rural local llamada “Escola Familia Agricola de Lago do Junco”, donde intentan integrar sus prácticas de la extracción al curriculum de los estudiantes. En una serie de discusiones y presentaciones, ellas muestran sus conocimientos del uso de babasú y las demás plantas medicinales, y a la vez difunden las novedades en la generación de ingresos para las familias.

Las “plantas madres” / Foto: C. Baker Botelho

La inversión en otras actividades para la generación de ingreso

La quiebra del coco de babasú tiene bajos rendimientos por la precariedad tecnológica: se usa sólo un machete y un mazo de madera para aplicar los golpes que rompen la cáscara del coco. Esto, además, es una práctica peligrosa ya que expone las manos de las quebradoras y niños al corte afilado del machete. El rendimiento diario medio de una quebradora de la región es de cinco kilos de almendras de babasú. Obtienen por día R$ 2,50, lo que equivale a la compra de una bolsa pequeña de la leche en polvo, una caja de fósforos y un caramelo.

La extracción del aceite del babasú de las almendras agrega valor y permite un mayor precio en la venta. Es por ello que durante mucho tiempo prevaleció la idea de las mujeres quebradoras del coco de babasú de la región de buscar prensas para facilitar la extracción del aceite de almendras del babasú, en pequeña y media escala.

En 1995 se estableció la “Cooperativa de Pequeños Productores Agro-extractores de Lago do Junco” (COPPALJ) con 90 familias socias y dos prensas para la extracción de aceite de coco de babasú. La cooperativasignificó la continuidad de la organización local, con la posibilidad de lograr un incremento en el ingreso de las familias asociadas, una vez que se consiguió romper con la supremacía de los precios dictados por los intermediarios locales. Además, el 25% del aceite producido es exportado a varios países de Europa, a través del mercado solidario, alcanzando el doble del precio por litro de aceite en comparación con lo que se obtiene en el mercado nacional.

En 1998, una vez consolidada la extracción mecánica del aceite por las prensas de la cooperativa, un nuevo grupo de mujeres se unió con un objetivo específico: la producción de jabones perfumados para el baño, rotulados bajo la marca “Babaçu Livre”. Invirtieron en mejoras higiénicas y en variaciones de esencias para incrementar la calidad del producto, hasta que desarrollaron una pequeña fábrica de producción artesanal, ubicada en su propia comunidad, cerca de sus casas y familias. Esto ha favorecido la integración de esta nueva actividad dentro de la cultura extractora y de la agricultura familiar regional. Además, aumentó el interés de las mujeres jóvenes de los alrededores por las nuevas actividades para la generación de ingreso.

Además de la contribución financiera, el jabón “Babaçu Livre” trae consigo una trayectoria de conquistas que va mucho más allá del refuerzo de la autoestima de las mujeres quebradoras del coco de babaza. Los beneficios también incluyen el desarrollo de una identidad propia por el uso de las almendras de babasú (como actividad femenina), por el desarrollo y uso del conocimiento doméstico para la fabricación del jabón, hecho en casa, y también por la correspondencia con el imaginario femenino del usufructo y venta de jabones perfumados.

Por otro lado, en la Comunidad de Esperantinópolis, las mujeres quebradoras del coco de babasú se organizaron para la extracción y venta de la masa harinosa del coco del babasú. El valor mensual alcanzado con esa actividad es, aproximadamente, cuatro veces superior al de la venta de las almendras. Y también existe un pequeño grupo de mujeres en Lago de Rodrigues, con la iniciativa de fabricación de papel reciclado y de embalajes combinados con partes de la fibra del babasú. La organización de quebradoras de coco expande sus conquistas.

Avanzando un poco más

Desafortunadamente, para la mayoría de las quebradoras del Maranhão, la provincia más pobre del Brasil, el trabajo diario es romper coco de babasú. Eso significa irse muy temprano a la caminata, cada vez más lejos, para la colecta de los cocos; quedarse todo el día recolectándolos y rompiéndolos para la venta de las almendras. La mayor parte de los babasucales quedan en tierras “privadas” y por eso es común tener que pagar con un porcentaje de las almendras recolectadas al propietario del área.

A pesar del crecimiento del protagonismo de la organización de las mujeres quebradoras de coco de babasú, esta organización reporta pocos cambios a las trescientas mil familias de los estados del norte y nordeste de Brasil que viven de la extracción. Pero las demandas y conquistas alcanzadas en la lucha frente las políticas públicas, fortalecen la inserción de las mujeres y de sus familias en la sociedad, mejorando su calidad de la vida y revalorizando su ciudadanía.

Dos ciudades de Maranháo ya incluyen en sus leyes municipales el acceso libre a la colecta de babasú, lo que asegura la continuidad de los esfuerzos de las mujeres quebradoras de coco de babasú. La tierra no pertenece a las quebradoras, pero está libre a la circulación y para la colecta de coco de babasú, sin tener que entregarle nada al “patrón” o hacendado. Junto a ello, las entidades de asesoría como ASSEMA colaboran con muchas actividades en sus estados y en la articulación nacional en pro del babasú, siendo apoyadas, incluso, por entidades nacionales e internacionales.

Esto ha llevado a resultados mayores. Por un lado se tiene que la organización de las quebradoras del coco de babasú está incorporada en el “Movimento Interestadual das Mulheres Quebradeiras de Coco-Babaçu” (MIQCB) abarcando las provincias de Maranhão, Tocantins, Pará y Piauí del nordeste y norte brasileño, exigiendo una línea específica de crédito oficial como extractoras de la Amazonía. Por otro lado se tiene al “Grupo de Trabalho Babaçu”, creado especialmente para fomentar la discusión e implementación de una política que incida en la mejora del aprovechamiento de la palma de babasú y el incremento en la calidad de vida de las mujeres quebradoras del coco de babasú. Las perspectivas, en ese sentido, son muy positivas.

 

Carolina Baker Botelho
Rua Monte Sião, 212/202. MG, 30240-050. Brasil
Correo electrónico: caro_baker@hotmail.com

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