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En este número intentamos explorar la importancia que tienen los flujos y el intercambio de información para la pequeña agricultura, como procesos donde se han visto muchos cambios en los últimos años.

Hoy día, la demanda por información para el desarrollo rural es más fuerte que nunca. / Foto: Bert Lof

Hasta hace dos décadas, el desarrollo agrícola era asociado con la “tecnología de punta” (semillas, fertilizantes, pesticidas), siguiendo los parámetros de la llamada Revolución Verde. Los criterios de sostenibilidad y de valoración del conocimiento indígena estaban ausentes en las políticas y en la acción; se daba por cierto que la transferencia de tecnología –proveniente de los centros de investigación de los países altamente industrializados- tenía validez universal para el incremento de la productividad agraria y para la disminución de la pobreza de los agricultores del Tercer Mundo. En la década de 1970, los países en desarrollo experimentaron el crecimiento más rápido de los sistemas nacionales de extensión – llegando a incrementarse en cerca de un 10% al año. Sin embargo, en la década de 1980, la tasa anual de crecimiento disminuyó, y en la última década los programas de extensión han sido, casi en su totalidad, desmantelados. (Retos presentes y futuros en la extensión agrícola, pag. 9)

Hoy reconocemos que estos modelos se basaron, en la mayoría de los casos, en un flujo unidireccional de información técnica, como parte sustantiva de las políticas oficiales hacia las zonas rurales. Con el “retiro” o la desaparición de los programas gubernamentales, la extensión fue asumida por los distribuidores comerciales de insumos agrícolas. Pero el esquema general del flujo de información se mantuvo a través de los “paquetes tecnológicos” y sus recetarios, con las consecuencias para la salud humana y el medio ambiente que son muy conocidas por todos. Poco a poco aumentaron las voces contrarias a este flujo unidireccional, destacando la importancia, como lo señala Roberto A. Caballero, de “lograr la diversificación de las fuentes de información para desarrollarse” (Sostenibilidad e información, pag. 6).

Actualmente la demanda por la información agrícola es más fuerte que nunca. La mayor integración al mercado experimentada por las comunidades agrícolas más remotas, incrementa el ritmo de los cambios. Eventos y desarrollos lejanos influyen profundamente en las vidas de los agricultores. En este contexto, se necesita información para:

• Explorar a tiempo las oportunidades – como por ejemplo, nichos de mercado para los productos orgánicos;
• Crear conciencia sobre los potenciales impactos negativos de las opciones actuales, por ejemplo, el embarcarse en el uso de cultivos genéticamente modificados cuando cada vez hay más mercados que no los desean;
• Conocer las experiencias de otros agricultores para buscar mejores oportunidades y soluciones técnicas y comerciales sostenibles.

El acceso a la información oportuna también permite prevenir situaciones de riesgo para la producción como son los eventos climáticos y las situaciones de violencia, ahora muy frecuentes en algunos países latinoamericanos.

Una de las fuentes de información agrícola, que por mucho tiempo ha sido marginal en las políticas de desarrollo rural, es la proveniente del conocimiento local. El fracaso de las políticas de “arriba hacia abajo” han generado conciencia sobre la importancia del diálogo intercultural o diálogo de saberes, donde la equidad en la toma de decisiones refleja una mayor comunicación y un flujo de información que no es en un solo sentido. Este cambio permite un mayor diálogo y una mayor participación, aun si muchas veces el uso ambiguo de lo “participativo”, ha encubierto “procesos verticales y autoritarios” (Comunicación para el desarrollo endógeno, pag. 7).

El gran reto de nuestro tiempo es facilitar el desarrollo de conocimiento para la innovación, pero para ello no basta contar con información esporádica o limitada. Buscando un instrumento capaz de facilitar este desarrollo del conocimiento es, entonces, necesario aprovechar los diferentes medios y procesos disponibles gracias al avance científico y tecnológico en el campo de las comunicaciones. Pero también cabe resaltar la validez de los métodos tradicionales orales y escritos, donde las radiodifusoras rurales han demostrado con creces su importancia entre la población campesina. Un ejemplo de esto son los programas radiales “interactivos”, que posibilitan auténticos procesos de comunicación participativa gracias a suinterconexión telefónica o satelital (Conectando a los agricultores de todo el mundo a través de la radio, pag. 24; Comunicación y educación ambiental en los bosques secos, pag. 22).
Usando todos los medios disponibles

El mundo está viviendo una verdadera revolución informática, aunque para muchas comunidades agrícolas, las Tecnologías de Información y Comunicaciones son aún tecnologías del futuro. Por eso, es importante no olvidarse de las “viejas” tecnologías y usar todos los medios posibles para hacer llegar a la gente la información que necesita. El garantizar el acceso a una información de calidad es un reto actual de quienes trabajan en el campo, los que no pueden limitarse a ser pasivos custodios del conocimiento guardado en anaqueles institucionales, sino que deben saber traducirlo en información accesible y usable por personas no restringidas al ámbito académico, aprovechando para ello el uso de diferentes medios. (El acercamiento de los centros de información, pag. 13; Comunicación rural y manejo de la información, pag. 20)

La radio representa una de esas tecnologías, porque ha penetrado profundamente en las áreas rurales, inaccesibles para otros medios. La radio rural tiene un buen record de seguimiento, pero con frecuencia se le deja de lado por la atención que recibe, por ejemplo, la internet. Así, la Radio Agrícola de Países en Desarrollo transmite en cerca de 100 países en América Latina, el Caribe y África Sub-Saharial. Ha tenido éxito en construir una red de personas que dirigen los programas, las estaciones de radio y organizaciones de capacitación, las que han podido seguir el ritmo del cambio a lo largo del tiempo, y proporcionan a sus audiencias información universalmente relevante, adaptada localmente. Para América Latina (pág. 24 y pág.26) se citan experiencias donde no sólo se han superado obstáculos técnicos para facilitar el acceso a la información, sino que también se trabaja con una actitud de participación y de apertura.

Por otro lado, en algunas comunidades rurales, como la mencionada en la pagina 33, una revista impresa es todavia la principal, sino la unica fuente de informacion a la que tienen acceso los agricultores. En lugares sin energia electrica ni computadores o telefonos, es a traves de los medios escritos,como las revistas, que se difunden y comparten los enfoques alternativos. Tenemos testimonios que muchos numeros de LEISA, se constituyen en textos para el uso de estudiantes universitarios y tambien para alumnos de escuelas rurales.

Para hacer llegar la informacion donde mas se requiere, con frecuencia hay que formar asociaciones creativas. El mensaje es claro: usar todos los medios posibles, tanto los nuevos como los antiguos, para cambiar los flujos de informacion y permitir asi que esta no provenga de una fuente unica, sino de varias. Con ello es posible que las comunidades rurales accedan, compartan e intercambien experiencias en temas de agricultura sostenible, facilitando el desarrollo del conocimiento necesario.

Foto: Henk Kieft

 

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