marzo 2025, Volumen 39, Número 1
Sabedores agroecológicos: voces, experiencias y aprendizajes

La alternancia y los diálogos intergeneracionales

MERCEDES TORREZ, OSIRIS ARCE, GRISELDA BEATRIZ MARTÍNEZ | Página 34
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El Instituto Agroecológico Latinoamericano Ixim Ulew (IALA-IU) es un centro de formación regional para Mesoamérica y el Caribe, parte de la red de escuelas agroecológicas de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo y La Vía Campesina (CLOC/VC), movimientos sociales internacionales. Fundado en 2018 en Santo Tomás, Chontales, Nicaragua, este Instituto recibe a jóvenes de familias campesinas vinculadas a la CLOC/VC. Su enfoque educativo abarca áreas técnicas, productivas, organizativas, políticas e ideológicas, desarrollando competencias multidisciplinarias en sus estudiantes.

A diferencia de otros IALA en Latinoamérica, el IALA-IU tiene carácter internacional: sus estudiantes provienen de distintos países de la región mesoamericana. Esta diversidad cultural facilita el intercambio de conocimientos, destacando tanto las semejanzas como las diferencias entre los países de origen de las y los estudiantes. Además, se fomenta el análisis de las coyunturas propias de cada territorio, enriqueciendo la formación académica y política. En este centro se fomenta la relación intergeneracional y el intercambio de conocimientos entre estudiantes y sus familias por medio de la alternancia, que Torrez (2024a) define como: La manera en que se pueden articular los conocimientos compartidos en el tiempo escuela con el tiempo comunidad.

Dicho de otra manera, es cuando la o el joven territorializa esos saberes en sus espacios, que pueden ser familiares, comunitarios y organizativos. Pero no se queda solo en llevar una práctica o conocimiento, sino que la práctica en sí misma debe llevar y fomentar una reflexión profunda del porqué se realiza. En este enfoque pedagógico se conjuga el tiempo escuela con el tiempo comunidad. Este último se define como “el momento donde los/las educandos/as regresan a sus territorios” (Torrez, 2024). En sus espacios con la comunidad, sus familias, sus organizaciones y junto a sus vecinos, intentan territorializar elementos compartidos durante el tiempo escuela. El tiempo comunidad Al finalizar la formación presencial en el IALA-IU, cada participante busca la mejor manera de compartir lo aprendido con su comunidad, adaptando sus estrategias al contexto local y partiendo de la realidad del territorio.

El tiempo comunidad

articula la actividad de cada familia con los saberes que se van a transmitir, revalorizando los conocimientos ancestrales y generando confianza para llevarlos a la práctica. Esta fase permite a los educandos aplicar lo aprendido, adquiriendo mayor experiencia y confianza en su trabajo en el territorio, y comprendiendo el impacto de su participación. Los conocimientos no se limitan al ámbito familiar, sino que se extienden más allá, ya que los educandos se sienten motivados y comprometidos a contribuir al trabajo comunitario y a la defensa y protección de la tierra. A través de la alternancia y el tiempo comunidad, los y las jóvenes egresados/as valoran los saberes de sus pares y familias, fortaleciendo vínculos y apropiándose de conocimientos compartidos. Este proceso resalta la importancia del diálogo intergeneracional y del rol de las familias como el primer espacio donde se integran los aprendizajes académicos con los saberes comunitarios.

Los/as formadores/as del Instituto crean entornos donde los jóvenes comparten sus saberes en diálogos libres y amistosos que fomentan la confianza entre maestros/as y estudiantes (Torrez, 2024a). Estos intercambios permiten aplicar lo aprendido en prácticas familiares y comunitarias, integrando la agroecología como un movimiento social, político, cultural, medioambiental, económico y educativo. La metodología de la alternancia fomenta la transmisión de saberes agroecológicos, apoyando a los y las estudiantes en su aprendizaje y en el intercambio de conocimientos colectivos. Este aprendizaje es continuo, individual y colectivo, y debe alimentarse cada día, mejorando con la práctica en el territorio para hacer vivida la agroecología.

Diálogos intergeneracionales que acercan al territorio

La participación de sabedores ancestrales, mujeres, jóvenes y niños/as integra diversos conocimientos y saberes, mostrando el impacto de estos procesos educativos. Los diálogos intergeneracionales que se generan en los territorios permiten a los jóvenes aprender de la experiencia de las personas adultas en el campo, asegurando la transmisión del conocimiento a nuevas generaciones. Estos diálogos facilitan la comprensión de la realidad de las sociedades campesinas desde los aspectos culturales, políticos, económicos y organizativos de cada país. A través de estos diálogos, tanto en el instituto como en sus territorios y espacios de convivencia, se ha comprendido que la agroecología no se trata únicamente de producir alimentos. También implica encontrar formas de proteger y respetar la tierra, cuidar los animales, conservar los suelos y preservar las semillas criollas con el objetivo de garantizar la soberanía alimentaria de las familias y comunidades. Este proceso formativo-organizativo, diseñado bajo los principios de la educación popular en el IALA-IU, ha ayudado a los participantes a desarrollar una mayor conciencia social.

De esta manera, se impulsa un cambio en el pensamiento de los y las jóvenes, quienes reflexionan sobre la realidad de sus países y el camino hacia la agroecología. Los procesos de intercambio generan transformaciones tanto a nivel personal como familiar y organizativo. Esto proporciona una nueva visión sobre el valor de la tierra y el arraigo que implica trabajarla. Al conocer el contexto político, social y ecológico de los diferentes países explicado por sus compañeros/as, las/os educandas/os desarrollan una conciencia más profunda. Un ejemplo de ello es el caso de un educando de Guatemala que no pudo asistir a clases porque debía hacer guardia en su aldea por temor a una invasión. Este hecho conmovió profundamente a quienes le conociamos al mostrar cómo las injusticias sociales interfieren en la vida de las personas que, desde jóvenes, entienden la defensa del territorio como una prioridad.

Durante el proceso de formación, los y las estudiantes adquirieron aprendizajes en áreas técnicas, productivas, organizativas, políticas e ideológicas. Estos conocimientos fortalecieron sus vínculos con sus comunidades de origen y también influyeron en sus relaciones familiares. Al poner en práctica lo aprendido y compartirlo con sus familias, reforzaron su confianza y obtuvieron reconocimiento. Beatriz, una de las autoras de este escrito, comparte su experiencia: Mi papá siempre me preguntaba qué había aprendido para poder aplicarlo en nuestra parcela y así mejorar la producción de alimentos sanos o el estado de la parcela. Esto generó largas pláticas con él, en las que articulábamos sus extensos conocimientos con los míos, creando así nuevos conocimientos prácticos que nos beneficiarán como familia (Torrez, 2024a). Este acercamiento le permitió a Beatriz, como mujer joven, obtener un reconocimiento por parte de su familia. Compartir sus conocimientos y experimentar con ellos la involucró más profundamente en las actividades productivas familiares y comunitarias, lo que a su vez la motivó y comprometió aún más en su camino hacia una agroecología transformadora.

Para muchos/as egresados/as del IALA-IU, el reconocimiento por parte de sus familias marcó una diferencia significativa en sus vidas, reforzando su potencial. Dayeli, una joven de República Dominicana, comparte una experiencia similar: Mi papá siempre me preguntaba qué había aprendido, y uno de los saberes que más recuerdo es algo que el profe Germán me enseñó sobre la lechosa. Nosotros teníamos una planta que no daba fruto, y él me dijo que la golpeáramos. Lo hicimos junto a mi papá, ¡y funcionó! A partir de eso, mi padre quería que le siguiera compartiendo más (Torrez, 2024a). Aunque estos aspectos puedan parecer pequeños, compartir conocimientos y obtener reconocimiento durante el “tiempo comunidad” son formas esenciales de respaldo para los y las jóvenes. A través de los IALA, estos procesos de intercambio han formado ciudadanos y ciudadanas más conscientes, capaces de reflexionar críticamente sobre su papel en el cambio que el mundo necesita y de tomar acciones sociales y humanistas al respecto.

Las voces del territorio

En el proceso formativo del IALA-IU, es fundamental destacar que las investigaciones transformadoras, capaces de romper con lo convencional y generar cambios profundos, son aquellas que visibilizan y reconocen las voces de las personas involucradas. Los saberes ancestrales de las familias dedicadas a la agricultura, ganadería, medicina natural y pesca artesanal constituyen pilares esenciales para la creación de conocimientos que impacten positivamente a las futuras generaciones. Estos saberes fomentan una conciencia colectiva sobre la importancia de cuidar la tierra. La familia es la primera escuela donde niños y niñas aprenden a amar, cuidar y trabajar la tierra. Es imprescindible cultivar este amor, respeto y curiosidad por la agroecología, ya que la niñez representa tanto el presente como el futuro de la humanidad.

Los y las jóvenes formados/as en el IALA-IU tienen la responsabilidad de expandir y compartir estos conocimientos, permitiendo que las nuevas generaciones desarrollen conciencia y criterio propio acerca del cuidado de la tierra, los recursos naturales y la preservación de lo nativo. Para ello, es clave crear espacios culturales, informativos, experimentales y vivenciales que promuevan el intercambio de aprendizajes. De este modo, el conocimiento adquirido en el instituto, en los diálogos familiares y en los territorios podrá transmitirse a las futuras generaciones. Las personas sabedoras han desempeñado un papel clave inspirador para las próximas generaciones. Jocelyn Morales, de Honduras, comentó en cierta ocasión que se sintió inspirada por su madre, una lideresa y defensora de la organización. Asimismo, Martha Pérez, de El Salvador, mencionó: Aprendí a ser más tolerante, respetuosa, a escuchar a los agricultores y a implementar las prácticas tal como las hacen en sus territorios […] El involucramiento con las familias, tanto de adultos como de niños, niñas y jóvenes, es fundamental para no perder nuestra identidad (citado en Torrez, 2024b). Es necesario superar la imagen del “técnico de escritorio”.

Uno de los mayores retos para los y las jóvenes es establecer un diálogo efectivo con las comunidades campesinas, estableciendo diálogos intergeneracionales que permitan el intercambio de saberes. Comprender la realidad cultural, social y económica de las/os campesinas/os es crucial. Conocer la agroecología desde el territorio transforma nuestra perspectiva, permitiéndonos entender la realidad del campesinado y las luchas históricas que han enfrentado, desde la obtención de tierras hasta los desafíos relacionados con la producción y venta de sus cosechas.

Esto permite vivenciar que la agroecología ofrece soluciones no solo en términos de producción, sino también desde una perspectiva social, económica, política y cultural.

Los alcances de la alternancia

Al participar en el cultivo, la producción y la cosecha de alimentos, no solo para sus familias sino también para sus comunidades, los y las jóvenes contribuyen a la búsqueda de alternativas a la agricultura tradicional. Este proceso fortalece el trabajo organizativo en favor de la Madre Tierra y fomenta la creación de redes para la transmisión de conocimientos. Cuando hay apertura al cambio, a la experimentación y al intercambio de saberes, suceden transformaciones significativas. Estos aprendizajes trascienden a una familia, se replican entre vecinos/as y se convierten en saberes locales que se transmiten de generación en generación. El proceso formativo del IALA-IU ha generado valiosos aprendizajes, articulando conocimientos entre las personas participantes de diferentes países y los sabedores locales. El enfoque práctico, libre, político y organizativo del instituto permite a la juventud adquirir nuevas habilidades y comprender que la formación no se limita al aula. Los intercambios en las parcelas, las pláticas cotidianas y el contacto con las/os vecinas/os brindan oportunidades para profundizar en el conocimiento y la práctica de la agroecología.

Mercedes Torrez

Formadora en el Instituto Agroecológico Latinoamericano, IALA-IU, ingeniera agrónoma y maestra en Agroecología por El Colegio de la Frontera Sur, México.

Correo: mercedes.torrez@posgrado.ecosur.mx

Osiris Arce

Miembro de la III cohorte del IALA-IU, trabaja de manera independiente junto a su familia en una pequeña parcela donde cultivan diversos productos, incluyendo frutales, con el fin de ofrecer alimentos saludables y de calidad a su comunidad.

Griselda Beatriz Martínez

Licenciada en Ciencias de la Educación y docente de primaria y secundaria en El Salvador, participa activamente en movimientos ecológicos y artísticos. Su familia se dedica a la agricultura y apicultura. Formó parte de la III cohorte del IALA-IU a través de una cooperativa familiar.

Referencias 

  • Torrez, M. (2024a). Metodología de la alternancia: Experiencias educativas del Instituto Agroecológico Latinoamericano Ixim Ulew de La Vía Campesina [tesis de Maestría en Agroecología, El Colegio de la Frontera Sur]. México.
  • Torrez, M. (2024b). Voces que alternan entre el territorio y el aula [producto de socialización de tesis]. Chiapas, México.

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