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Entrega de certificados Ecoagro. Fuente: Gerencia Paraguay Orgánico.

El origen de una apuesta colectiva

La historia de los sistemas participativos de garantía (SPG) en Paraguay comenzó más allá de sus fronteras. A inicios de los años 2000, representantes paraguayos participaron en diversos encuentros sobre certificación participativa realizados en Brasil, como el evento de 2004 y el Seminario Latinoamericano de SPG de 2007. Fue en estos espacios donde, por primera vez, se presentó a los SPG como una alternativa viable a los sistemas tradicionales de certificación. El concepto —basado en la confianza, la transparencia y la participación de distintos actores locales— ofrecía una vía más accesible para las familias agricultoras, alejadas de los costosos procesos de certificación de tercera parte.

A partir de estos encuentros, las y los participantes impulsaron diálogos locales entre productores/as, técnicos/as, organizaciones civiles y autoridades públicas. De esos intercambios nació la propuesta de incorporar los SPG dentro de la Ley de Fomento y Control de la Producción Orgánica (Ley N.° 3481/08), promulgada en 2008. La norma reconoció oficialmente tanto la certificación de tercera parte como la certificación participativa, abriendo un horizonte nuevo para la producción orgánica en Paraguay. En aquel momento, sin embargo, el país no contaba aún con ninguna experiencia concreta, pues solo se conocían los ejemplos brasileños y la creciente tendencia regional de apostar por una certificación más inclusiva.

La Asociación de Productores Orgánicos (APRO) fue una de las primeras en tomar la iniciativa. Creada en 1999 con el apoyo de la ONG Alter Vida, APRO agrupaba a familias productoras de cinco departamentos que buscaban comercializar de manera conjunta bajo la marca EcoAgro Naturalmente.

En 2012, una delegación paraguaya viajó a Florianópolis para conocer de cerca la experiencia de la Red Ecovida en Brasil, pionera en la implementación de los SPG. Ese viaje fue el punto de inflexión. Un año después, en 2013, APRO logró certificar por primera vez a 30 familias mediante el sistema participativo con el aval del Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas (Senave), autoridad encargada de aplicar la Ley N.° 3481/08.

Desde entonces, el crecimiento ha sido sostenido. Hoy, el SPG EcoAgro reúne a 395 familias certificadas que producen granos, yerba mate, frutas, raíces, hortalizas, miel, hierbas medicinales, harinas sin gluten y cosméticos naturales en 11 departamentos del país. Sus productos se comercializan en canastas semanales en Asunción y su área metropolitana, además de supermercados y tiendas especializadas. El sistema incluye tanto a productores/as como a procesadores/as y comerciantes de alimentos e insumos, cada uno/a con procedimientos definidos y un compromiso común: mantener la transparencia y la confianza como pilares de la certificación.

Tejer redes y construir confianza

La fortaleza del SPG EcoAgro radica en su carácter colectivo. El sistema cuenta con un Comité de Evaluación que reúne a representantes de distintos ámbitos: docentes universitarios/as, un nutricionista, consumidores/as, técnicos/as municipales y funcionarios/as del Ministerio de Agricultura a través de la Dirección de Extensión Agraria. En el territorio operan 22 sistemas internos de control (SIC) distribuidos en diferentes municipios, formados por técnicos/as locales, productores/as, consumidores/as y profesores/as de escuelas agroecológicas.

El trabajo articulado no se detuvo ahí. Con el aumento de la demanda de alimentos orgánicos en el país, surgió la Asociación Paraguay Orgánico, reconocida oficialmente como el segundo SPG del país. Desde 2019, esta organización certifica de forma participativa a más de 180 familias en cuatro departamentos, colaborando estrechamente con la APRO para coordinar la producción y atender la creciente demanda nacional. Juntas han construido una sólida red de comercialización que combina eficiencia económica y compromiso ecológico.

En el territorio operan 22 sistemas internos de control (SIC) distribuidos en diferentes municipios, formados por técnicos/as locales, productores/as, consumidores/as y profesores/as de escuelas agroecológicas.

Verificación de finca SIC y Senave. Fuente: Gerencia Paraguay Orgánico.


Entrega de certificados Ecoagro2.                             Verificación del Senave y entrega de certificado
Fuente: Gerencia Paraguay Orgánico.                           Fuente: Gerencia Paraguay Orgánico.

El camino de los SPG en Paraguay no puede entenderse sin el Foro Latinoamericano de SPG, creado en 2004 como un espacio de intercambio entre países del continente. Paraguay ha sido parte activa desde sus inicios y, a partir de 2015, sus representantes han colaborado en la sistematización de los encuentros y en la difusión de sus conclusiones. Gracias a este trabajo conjunto, las organizaciones paraguayas —especialmente APRO y Paraguay Orgánico— han podido incidir en la construcción de políticas públicas, compartir aprendizajes y fortalecer sus procesos internos.

Los intercambios con productores/as de Brasil, México, Salvador, Ecuador, Bolivia y otros países han permitido nutrir los modelos nacionales y consolidar una red continental basada en la confianza, el diálogo y la cooperación. Además, la articulación entre ambos SPG paraguayos ha favorecido el comercio justo y la inclusión. Hoy, las cadenas de comercialización incluyen también a cuatro comunidades indígenas, integrando así la diversidad cultural y territorial en el movimiento agroecológico del país.

La inclusión del SPG dentro de la Ley N.° 3481/08 también marcó un hito importante. Desde entonces, el Senave ha trabajado junto con las organizaciones productoras para registrar oficialmente los SPG como operadores orgánicos y validar los procesos de certificación en las distintas regiones del país.

Este reconocimiento ha sido fundamental para garantizar que los productos con sello participativo tengan el mismo respaldo legal que los certificados por tercera parte, al menos en el mercado interno. La participación activa del Estado también se ha traducido en visitas de campo, asesoramiento técnico y acompañamiento durante los procesos de verificación, fortaleciendo así la legitimidad del sistema.

Desafíos para seguir creciendo

El ejemplo de EcoAgro y Paraguay Orgánico ha inspirado a nuevos colectivos. Tras dos encuentros de SPG nacionales y dos internacionales, en 2024 se conformó el tercer SPG del país, impulsado por el Centro de Estudios Paraguayos Antonio Guasch (Cepag), organización jesuítica con amplia trayectoria en trabajo rural. Este nuevo grupo reúne a 120 productores de tres departamentos, actualmente en proceso de certificación y ya registrados ante el Senave.

Aunque la certificación participativa aplica solo al mercado nacional, en los últimos años han avanzado los diálogos entre Brasil y Paraguay para homologar los sistemas y permitir el intercambio de productos y saberes entre ambos países. Los encuentros regionales y el ámbito del Foro Latinoamericano de SPG han sido espacios clave para este acercamiento, demostrando que la cooperación es tan importante como la producción misma.

Es cierto que los desafíos que enfrentan los SPG paraguayos son diversos, pero todos confluyen en un mismo objetivo: consolidar un modelo sostenible y justo. Uno de los retos más grandes es armonizar las normas entre los países latinoamericanos que aplican el sistema con el fin de facilitar el comercio regional de productos certificados participativamente. Esta homologación permitiría diversificar las ofertas en los mercados locales y, al mismo tiempo, fortalecer el intercambio solidario entre productores/as del continente.

Otro desafío clave es garantizar apoyo estatal sostenido: recursos para acompañar a las familias durante la transición agroecológica, formación técnica, y programas de capacitación tanto para productores/as como para los/as técnicos/as que los/as asesoran.

A nivel interno, aún está pendiente avanzar en la certificación de productos de origen animal, ya que el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa) todavía no cuenta con un marco reglamen tario específico que reconozca el sello SPG en este rubro.

Finalmente, uno de los grandes retos compartidos por las organizaciones es expandir el alcance territorial del sistema, incorporando a nuevos/as productores/as en distintas regiones del país y fortaleciendo los vínculos con consumidores/as conscientes que valoren el origen y la historia detrás de cada alimento.

Más allá del sello: mujeres que cultivan confianza

En Paraguay, el SPG ha trascendido su función técnica para convertirse en una herramienta de empoderamiento social. Un ejemplo claro es la experiencia del Comité Oñondivé de la Asociación Oñoiru, en el distrito de Edelira, departamento de Itapúa. Allí, Paraguay Orgánico certificó la producción agroecológica de un grupo de mujeres que trabajan en huertos familiares, cultivan hierbas medicinales y producen alimentos procesados.

Mientras los hombres del comité se dedican principalmente a la yerba mate, las mujeres han logrado visibilizar su propio trabajo, ganar autonomía económica y ser reconocidas como guardianas de semillas nativas y de la soberanía alimentaria de sus comunidades.

«A partir del apoyo que les brindamos a las mujeres a través de la certificación SPG, cuentan con huertos hermosos, cambiaron sus hábitos de consumo, tienen su local propio y equipamiento para hacer ferias semanales. Están generando ingresos por primera vez, a partir de su esfuerzo y coordinación entre todas», explica Daniela Solís, gerente de Paraguay Orgánico.

Pero el impacto va más allá de lo económico. La certificación participativa ha fortalecido la autoestima y cohesión comunitaria, abriendo nuevas posibilidades, como el desarrollo de iniciativas de turismo comunitario que permitan conocer de cerca los procesos productivos y degustar los alimentos locales.

Los SPG paraguayos se han convertido así en un espacio de encuentro y aprendizaje colectivo. Como dice Pedro Vega, gerente y agricultor asociado a Oñoiru: «El SPG es un sistema que los productores entienden porque discuten, hablan, intercambian. Es algo más que cumplir normas, se trata de trabajo colectivo y compromiso mutuo. En las ferias se construye un vínculo con los clientes, y ellos perciben que detrás de cada producto hay una historia compartida».

Ese espíritu resume el corazón del movimiento: la construcción de confianza entre quienes producen y quienes consumen en un modelo que combina sostenibilidad, participación y arraigo local. En Paraguay, los SPG son más que un mecanismo de certificación: son una red viva de relaciones, saberes y esperanzas compartidas que sigue abriendo caminos hacia una agricultura más justa, diversa y humana.

Además, la articulación entre ambos SPG paraguayos ha favorecido el comercio justo y la inclusión. Hoy, las cadenas de comercialización incluyen también a cuatro comunidades indígenas, integrando así la diversidad cultural y territorial en el movimiento agroecológico del país.

Daniela Solís

Gerente de la Asociación Paraguay Orgánico.

gerencia@paraguayorganico.org.py

Referencias

  • Ley N.° 3481/08, de Fomento y Control de la Producción Orgánica (Congreso de la Nación [Paraguay], 6 de junio de 2008). https://www.conacyt.gov.py/sites/default/files/ley_3481_08.pdf

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