
Diálogos familiares y entre juventudes para la agroecología
ANTONIA GIRÓN LÓPEZ | Página 38 DESCARGAR REVISTA COMPLETAEn las comunidades indígenas rurales, la comercialización ocurre en los propios hogares, a orillas de la carretera y en mercados públicos situados, por lo general, en las cabeceras municipales. Estos mercados son espacios vivos y coloridos, con una gran variedad de sabores y una notable presencia de hombres y mujeres adultos, así como de niños y niñas. Sin embargo, la participación de las juventudes es menos visible, posiblemente porque están estudiando, no tienen interés, sienten vergüenza o están involucradas en actividades en el campo, la milpa o con sus amistades. Este escrito se basa en un diálogo con once jóvenes de pueblos originarios de los Altos de Chiapas y la Península de Yucatán, en México, quienes buscan emprender en la comercialización de productos agroecológicos a partir de prácticas agrícolas más amigables con el medio ambiente y sus territorios.
Además, buscan recuperar el conocimiento tradicional de sus abuelas y abuelos. Las reflexiones aquí expuestas derivan de un proceso de investigación-acción participativa (IAP) realizado en el marco de mi tesis de maestría en Agroecología en El Colegio de la Frontera Sur, así como del proyecto Comunidad de Aprendizaje de Jóvenes en Agroecología y Comercialización Comunitaria (Cajac). A lo largo de dos años y en ocho encuentros, este proyecto facilitó el intercambio entre juventudes, permitiendo la creación de una comunidad de aprendizaje unificada por su vínculo con la tierra, sus experiencias en el mercado y sus vivencias compartidas. Los encuentros de Cajac fueron espacios de aprendizaje participativo donde los y las jóvenes tuvimos la oportunidad de encontrarnos, intercambiar experiencias, escucharnos y dialogar. A través de esta dinámica, fortalecimos nuestros lazos y también con nuestros territorios de origen. Así, pudimos conocer distintas regiones de Chiapas, Yucatán y Campeche, donde también participamos en espacios de comercialización en tianguis agroecológicos (espacios comunitarios de comercio directo al aire libre donde se venden productos frescos, artesanías y otros artículos) y mercados solidarios. Estos encuentros promovieron la creación de vínculos entre jóvenes de diversas culturas y territorios, así como la exploración de distintos modelos de comercialización de sus iniciativas. Muchos de ellos se enfocaron en temas relacionados con el emprendimiento juvenil y la interacción familiar en la agricultura y la agroecología, lo que permitió que los y las jóvenes compartiéramos los conocimientos adquiridos con nuestras familias e integráramos estos aprendizajes en emprendimientos. Así, a través del trabajo familiar, se logró preservar y fortalecer el conocimiento tradicional de nuestras comunidades.
Agroecología e intercambio de saberes familiares
La investigación incluyó un espacio de reflexión entre las juventudes y personas adultas, principalmente mujeres. El objetivo era recuperar las memorias de estas mujeres para conocer su historia en torno a la comercialización, permitiendo que las generaciones más jóvenes comprendieran los contextos sociales, económicos y familiares en los que ellas habían desarrollado esta actividad. La mayoría de las participantes recordaron haber estado involucradas en la comercialización desde los seis años, acompañando a un familiar adulto al mercado para vender productos provenientes de sus traspatios, milpas o producción animal. Les atraían los colores, los alimentos y la gente en los mercados, y muchas elegían acompañar a sus madres y abuelas en la venta en lugar de quedarse solas en casa. Este ejercicio colectivo de recordar y reflexionar sobre sus experiencias de comercialización con sus abuelas y abuelos, y transmitirlas a las nuevas generaciones, resultó significativo, ya que fortaleció los vínculos familiares y consolidó el tejido de jóvenes participantes.
Por otro lado, los encuentros buscaban que las juventudes identificaran cómo sus prácticas se alineaban con los principios de la agroecología, tanto en la producción como en la comercialización. Durante este proceso, desarrollamos nuestra propia perspectiva sobre la agroecología. Aunque ya estábamos recuperando algunos conocimientos ancestrales, no los asociábamos con este concepto; fue al vincular las prácticas heredadas con sus principios agroecológicos cuando comenzaron a cobrar significado.
Reconocer la relación entre nuestros conocimientos y la agroecología nos permitió dar sentido a nuestra participación en los encuentros, así como en los tianguis y mercados solidarios. Estos espacios, gestionados en su mayoría por campesinos y campesinas, fomentan la economía solidaria y la agroecología. En Cajac, promovemos encuentros en estos mercados para fortalecer la experiencia y el trabajo de las juventudes, brindándoles la oportunidad de decidir qué producir y vender, administrar sus propios recursos y contribuir al bienestar de sus familias. Al preguntarles por qué disfrutaban participar en los tianguis, una de las respuestas más recurrentes fue que, además de obtener un ingreso económico por la venta de sus productos, les motivaba la idea de emprender con productos agroecológicos y naturales. También destacaron que estos productos están cobrando mayor relevancia en el mercado y son más valorados por las personas, ya que, a diferencia de otros espacios, en los tianguis y mercados solidarios no sufrían regateo en los precios.
El relevo generacional en la producción agroecológica
Otro aspecto clave de la IAP fue explorar las experiencias que permiten a las nuevas generaciones encontrar un sentido de identidad y sentirse parte de una producción agrícola que brinde la oportunidad de repensar los actuales sistemas de producción. Las juventudes campesinas somos el relevo generacional y la continuidad de la agricultura campesina, pero desde una resignificación basada en sus propias experiencias. Aunque esta ecuación parece natural, las juventudes participantes en este proyecto expresaron sentirse aisladas en el trabajo que realizan en sus territorios y contextos.
Manifestaron que, en sus comunidades, casi no hay jóvenes con emprendimientos agrícolas agroecológicos. Además, en los tianguis observaban que no había otras juventudes más que ellos y ellas. Los encuentros, además de facilitar un proceso de aprendizaje, ofrecieron un espacio de contacto entre pares, es decir, entre jóvenes de diferentes regiones. Esto permitió el intercambio con otras experiencias territoriales, creando un espacio de interaprendizaje en el que se colectivizaban diversas formas de continuar el trabajo en el campo, recuperar semillas y preservar los conocimientos de los abuelos y las abuelas relacionados con la comercialización solidaria y agroecológica, entre otros. El intercambio con nuestros pares resultó ser un aspecto clave para el crecimiento y la transformación de las iniciativas de comercialización, las aspiraciones personales y el rol que desempeñamos dentro de nuestras familias y comunidades. Ver a otros jóvenes en espacios que inicialmente se percibían como exclusivos para mujeres o personas adultas nos permitió sentirnos parte activa de las dinámicas de la comercialización solidaria.
Esto nos motivó a incorporarnos a espacios de venta, tianguis y mercados solidarios para desarrollar nuestros propios emprendimientos, con o sin el acompañamiento de las organizaciones de la sociedad civil vinculadas o de Cajac.
Reflexiones del trabajo con juventudes agroecológicas
Desde mi experiencia como joven con descendencia de pueblo originario tseltal, encontré en las juventudes indígenas una fuente de inspiración y un reconocimiento de la importancia del diálogo con diversos actores. Los tianguis y los mercados solidarios se convirtieron en espacios clave para que nos expresáramos y reforzáramos nuestros conocimientos agrícolas tradicionales. Las y los jóvenes me mostraron lo importante que es escuchar a las familias, a las abuelas y a otros actores que están contribuyendo a que sigan persiguiendo sus sueños. En este contexto, la comercialización agroecológica se presentó como un capítulo importante en nuestras vidas, ya que nos permitió interactuar con otras juventudes de diferentes territorios, así como con expertas y expertos académicos en temas como economía solidaria, agroecología, soberanía alimentaria y agricultura.
También tuvimos la oportunidad de compartir experiencias con grupos, colectivos y organizaciones que defienden el territorio, las semillas y el trabajo agrícola, sintiéndonos parte de estas acciones. En las juventudes vi la oportunidad de comprender sus aspiraciones y cómo, a través de ellas, buscan no desvincularse de sus territorios y familias. La agricultura y la comercialización solidaria se presentan como una forma de sostener la vida, cuidar la naturaleza y hacer realidad los sueños.
Antonia Girón López
Coordinadora del área de agroecología en Solmundi A.C. Maestra en Agroecología por El Colegio de la Frontera Sur, México; y promotora agroecológica con comunidades indígenas y campesinas.
Correo: antonia.giron@posgrado.ecosur.mx
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