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Sáb, Sep

Agricultura urbana, ¿mucho más que producción de comida?

volúmen 35, número 3
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¿Qué produzco? ¿Dónde vendo? ¿Dónde obtengo mejores precios? ¿Cómo puedo sacarle mejor provecho a la tierra? Son preocupaciones de un agricultor rural. Pero, ¿son diferentes las preocupaciones de un agricultor urbano? La obesidad, las alergias, las enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes o la hipertensión, ¿también son preocupaciones para la gente del campo? Las basuras, las pandillas, las drogas, los rasgos culturales, ¿tienen algo que ver con la agricultura urbana? ¿Se circunscribe la agricultura a la alimentación y a la producción de alimentos? Son muchas las preguntas que cada vez nos empujan más a hallar relaciones y marcos conceptuales distintos a lo que nos habíamos imaginado.

Iglú para plantas aromáticas, Huerta Pance. José Ney Pulido

Llegar al barrio Marroquín II, en el Distrito de Aguablanca –una extensa zona de la ciudad de Cali, ubicada en su margen oriental– es encontrarse de frente con el complejo proceso de asentamiento que ha vivido el oriente de esta ciudad como producto de las migraciones provenientes de zonas rurales del Valle del Cauca, la Costa Pacífica y otros departamentos cercanos y, en menor proporción, de pobladores de otras zonas de la ciudad que habitaron terrenos baldíos. La diversidad cultural de este espacio forma parte de la complejidad de su estructura social y de los retos que enfrenta. En Marroquín II, como en la mayoría de barrios del distrito, hay violencia, hambre y desigualdad, pero también hay una comunidad activa en busca de soluciones y alternativas para estos retos.

Un ejemplo es el Ecoparque Písamos, un referente de conservación de flora y fauna que, con 35 000 m2 de extensión, más de 43 especies de aves y 40 de árboles, alberga una de las iniciativas de agricultura urbana más bonitas de la ciudad, “Huertas pa’l barrio”, un espacio de inclusión social, reconciliación, salud y bienestar. Allí se cultiva orgánicamente y estas hueartas se han convertido en punto de encuentro para una comunidad que, hasta hace poco, no podía visitar este espacio a causa de la presencia de bandas criminales, consumo de drogas y otros peligros.

Los rincones abandonados por temor a asaltos fueron reemplazados por terrazas de hierbas aromáticas y medicinales; los escombros y la basura por camas de tomate, papa y zanahoria, y en los lugares antes ocupados por grupos delincuenciales se encuentran ahora ollas comunitarias, pequeños invernaderos y espacios para jornadas de trueque de alimentos y semillas. Los adultos mayores empezaron a salir de sus casas para compartir sus conocimientos sobre el cuidado de las plantas y las historias del campo. Las amas de casa empezaron a intercambiar recetas, semillas y consejos. El Ecoparque Písamos revivió no solo con la producción de alimentos, obtenidos de la tierra y no de una tienda, sino también con el encuentro de saberes, historias y experiencias del que ahora es testigo todos los días. Asimismo, la comunidad recobró la tradición oral y el trabajo comunitario que por tanto tiempo se vieron cohibidos por el miedo.

¿Cómo la agricultura urbana se ha convertido en un vehículo para nuevas interacciones en la ciudad?

En el marco de la iniciativa denominada Plataforma de Diálogo Académico sobre Seguridad Alimentaria y Nutricional (Mosquera, 2019), promovida por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en la cual participan distintas instituciones, universidades y organizaciones sociales de Cali, se ha planteado desde siempre la necesidad de entender el proceso de alimentación en el marco de un sistema.

Así, se reconoció la importancia de generar información para llenar los vacíos sobre el estado del sistema alimentario en Cali a través de un mapeo detallado de sus actores y un análisis de los mercados de cercanía (agroecológicos, orgánicos, campesinos) y de la agricultura urbana. Pudimos conocer de cerca iniciativas locales de agricultura urbana como “Huertas pa’l barrio”, que generan alternativas de producción de alimentos frescos y saludables para los habitantes de dos barrios del distrito de Aguablanca (Marroquín II y Puertas del Sol). Sin embargo, si bien el motor inicial de las iniciativas de producción de alimentos dentro de la ciudad es el autoconsumo, existen evidencias que dan cuenta de otras valoraciones que le dan sostenibilidad a la experiencia de cultivar en la ciudad.

En el I Encuentro de Huerteros Urbanos, organizado por la Universidad Autónoma de Occidente y realizado en 2019, se hizo evidente el rol de las huertas urbanas como espacios de construcción de tejido social, donde se comparten y se intercambian saberes; son espacios de unión y trabajo en equipo donde además se recupera la capacidad de producir alimentos propios de sus tradiciones. También se cuenta con un espacio educativo sobre conservación y protección del ambiente.

Los huertos en las ciudades han sido parte de procesos de recuperación de espacios que las comunidades consideran críticos, porque encerraban problemas ambientales o porque en ellos se desarrollaban prácticas ilícitas (consumo de drogas, pandillas) que ponen en riesgo a los habitantes de la comunidad. El éxito de estas iniciativas se manifiesta también en el fortalecimiento de los lazos de familia y vecindad a través del trueque de semillas y productos cosechados (Rivera, 2005).

Según un estudio realizado por la Universidad del Valle, esta relación interactiva entre territorio, individuo y comunidad es uno de los elementos que más potencian estas iniciativas de agricultura urbana en Cali; la identidad territorial se refuerza, el territorio se recupera, se comparten y transfieren tradiciones agrícolas, alimentarias y culturales, y se generan nuevos modelos de alimentación. El trabajo conjunto que se realiza en este tipo de espacios, las relaciones comunitarias que se comienzan a formar y los resultados directos del proceso inciden sobre la comunidad y generan una mayor solidaridad, el aumento de la cohesión social y el empoderamiento para lograr metas comunes (Mosquera y otros, 2018).

Sin embargo, la promoción de este tipo de iniciativas requiere de un marco legal y político que trascienda los gobiernos temporales y reconozca la alimentación como un motor de desarrollo social y económico dentro del espacio de ciudad y región. Determinar el tipo de políticas que se requiere para asegurar la alimentación como un derecho respaldado por la soberanía, sin que esto se convierta en una amenaza para los principales sectores productivos y económicos, representa un reto enorme para las ciudades, así como lo es para los investigadores determinar cómo proveer mejores herramientas para enfrentar eficientemente los retos de la construcción de las nuevas sociedades y los nuevos entornos alimentarios de la ciudad. La agricultura urbana tiene todo el potencial para ser una de esas herramientas.

Grupo Guardianes del Planeta, Huerta Puertas del Sol. José Ney Pulido

Sara Rankin Cortázar
Asistente de Investigación del Programa de Investigación Sistemas Alimentarios Sostenibles, Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT).
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Erika Eliana Mosquera
Analista de comunicaciones del Programa de Investigación Sistemas Alimentarios Sostenibles, Centro Internacional de
Agricultura Tropical (CIAT).
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Referencias

  • Mosquera, E. E. (18 de febrero de 2019). ¿Qué pasa en la ciudad cuando entendemos que lo rural penetró lo urbano? El ejemplo de Cali. Disponible en https://blog.ciat.cgiar.org/es/que-pasa-en-la-ciudad-cuando-entendemos-que-lorural-penetro-lo-urbano-el-ejemplo-de-cali/
  • Mosquera Becerra, J., Peña, J., Vivas B. A., Pardo Sánchez, C., Marulanda D. y Valencia, J. C. (2018). Prácticas comunitarias de producción y distribución de alimentos en zona urbana y periurbana de Cali, 2018. Cali: International Center for Tropical Agriculture (CIAT)/Universidad del Valle/Escuela de Salud Pública/Centro para el Desarrollo y Evaluación de Políticas
    y Tecnología en Salud Pública (CEDETES).
  • Rivera, C. (julio de 2005). Informe final seguimiento solares ecológicos. Medellín: Secretaría de Medio Ambiente.