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Dom, Sep

Árboles y arbustos forrajeros en policultivos para la producción campesina: Bancos Forrajeros Mixtos

Volumen 27, número 2
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El mayor uso de la tierra de los agroecosistemas en América tropical es en pasturas, llegando actualmente, en algunos países, a ocupar más del 70% del territorio destinado a la producción agropecuaria.

Acarreo de follaje de tilo, trópico de altura. Familia Pamplona, finca El Hoya. Paipa, Colombia / Foto Carlos Pineda
El incremento de esta actividad se ha realizado principalmente con la reducción de los ecosistemas naturales. Las dramáticas expresiones del cambio climático obligan a plantear con más fuerza una reconversión ambiental de la producción ganadera, la cual es ya inaplazable. Para lograrla se necesita una combinación de políticas públicas con incentivos, inversión en capital natural y social, profundos cambios culturales y sin lugar a dudas más investigación y transferencia tecnológica (Murgueitio, 2011).

En las regiones tropicales los policultivos son una tradición milenaria. La combinación que realizan los indígenas y campesinos desde tiempos inmemoriales con diversos cultivos en el tiempo y el espacio puede ser infinita y adaptada siempre a cada entorno biofísico. Ahora, con los aportes de la investigación participativa, los sistemas agroforestales hacen parte sustancial de los procesos de cambio y son una oportunidad para el incremento de la producción y el bienestar de los animales domésticos en condiciones tropicales (Ceballos y otros, 2011).

Varias investigaciones han demostrado que en la ganadería de América tropical, el cambio de los monocultivos de pastos por vegetación mixta que combina en el mismo espacio, y al mismo tiempo, gramíneas, leguminosas rastreras, arvenses nobles y no tóxicas, palmas, arbustos y árboles, incrementa la fotosíntesis, mejora el ciclaje de nutrientes, recupera la biota y la fertilidad del suelo e incrementa la biodiversidad (Murgueitio y otros, 2011).

Bancos Forrajeros Mixtos (BFM) y los frutos de árboles
Los BFM son sistemas de corte y acarreo caracterizados por la inclusión de especies leñosas y herbáceas en altas densidades y con un manejo proteccionista de los suelos. Desde la ejemplar morera (Morus alba, Morus nigra) empleada para alimentar gusanos de seda durante más de dos milenios en la China y otros países asiáticos, se avanza velozmente con nuevas especies y modalidades de uso y cultivo, desde una simple asociación de dos arbustivas en un solo estrato, hasta la combinación de 15 ó más especies de plantas para fines de alimentación humana y animal asociadas con árboles productores de madera, leña y frutas.

En varios países de América Latina existe una importante trayectoria de investigación y de trabajo empírico con ganaderos y comunidades campesinas sobre sistemas de corte y acarreo para alimentación del ganado y de animales menores, así como de peces y gusano de seda. Las máximas densidades registradas rompen todos los paradigmas forestales: más de medio millón de plántulas por hectárea, tal como se registra para el marango (Moringa oleifera) un árbol originario del Himalaya introducido en la zona del Pacífico de Nicaragua. (Foidl y otros, 1999).

Hay trabajos de investigación y experiencias de productores en toda América tropical que destacan la buena aceptación de forrajes provenientes de follajes forestales, por ejemplo de matarratón (Gliricidia sepium), de guácimo o caulote (Guazuma ulmifolia Lam.), de morera (Morus alba L.), botón de oro (Tithonia diversifolia (hemsl.) Gray), leucaena (Leucaena leucocephala Lam de Wit.) entre las especies más importantes.

Las hojas y tallos verdes de los árboles y arbustos son ricos en proteínas (15- 28% proteína bruta), minerales y vitaminas. Por esto se denominan “bancos de proteína”. Pero normalmente se emplean en combinación o en la misma área de cultivos de gramíneas para corte, como la caña de azúcar, el sorgo forrajero, pastos de corte como el pasto elefante, y otros cultivares, los cuales producen elevada cantidad de biomasa rica en azúcares solubles y fibra. Pero también los árboles son importantes por sus frutos para la alimentación de los animales menores criados por las familias campesinas. De la investigación y el conocimiento popular son bien conocidas muchas especies del trópico seco de América, cuyos frutos son recogidos directamente por los animales cuando caen al suelo en la temporada seca, como son los frutos del algarrrobo o trupillo (Prosopis juliflora (Sw.) DC. ) o del guácimo o caulote (Guazuma ulmifolia Lam.). Cuando los frutos son molidos y ofertados como harinas secas las respuestas son mejores. Esto es particularmente interesante con los frutos del guanacaste o pich (Enterolobium cyclocarpum Jacq. Griseb), donde se han registrado ganancias positivas de peso en ovinos de pelo con interesantes conversiones y comportamientos de consumo, lo cual permite soportar el reemplazo elevado del alimento concentrado en sistemas de estabulación.

Además los frutos de los árboles también sirven para superar una de las enfermedades más comunes de los animales en el trópico: el parasitismo gastrointestinal. Este es el caso del totumo, tapara, cirián o árbol de las calabazas, un componente fundamental de los sistemas pecuarios más tradicionales de las regiones secas de Colombia, Venezuela, América Central así como el sur y suroriente de México. El totumo (Crescentia cujete L.), y el jícaro o cirián (Crescentia alata Kunth.), son dos especies similares en su morfología, usos y manejo (Calle y otros, 2011).

Estos sistemas productivos que emplean gran cantidad de árboles y arbustos, se adaptan muy bien a las condiciones campesinas actuales donde el minifundio exige un aprovechamiento eficiente de los espacios. Se hacen ahora policultivos donde se integran plantas forrajeras, plantas destinadas a la seguridad alimentaria de la familia y árboles. La estrategia es imitar a los bosques nativos en los que se da un cierre entre todos los ciclos de nutrientes, materia orgánica y el agua, sin desperdiciar ni desaprovechar recursos.

Multiplicación de modelos exitosos de BFM
En Colombia se ha pasado de la investigación participativa a la expansión de los BFM, como estrategia de adaptación a los cambios climáticos drásticos que oscilan entre la sequía intensa (fenómeno de El Niño 2009-10) a las lluvias torrenciales e inundaciones (fenómeno de La Niña 2010-11).

Una alianza entre el gremio de productores agrupado en la Federación Colombiana de Ganaderos (FEDEGAN) y la Fundación CIPAV ha logrado, en medio de las emergencias climáticas, expandir los modelos con árboles en 20 regiones ganaderas del país. En esta iniciativa se diseñaron protocolos para la siembra y para el aprovechamiento de las plantas forrajeras en diferentes condiciones agroecológicas. Los BFM fueron sembrados con plantas seleccionadas de mejor rendimiento y según las condiciones particulares de cada sitio, como son el tipo de suelo y su grado de fertilidad, el nivel freático, y el clima (factores agroecológicos: desde el nivel del mar hasta los 2.600 m.s.n.m y en regiones con temperaturas desde los 15°C hasta 33°C de promedio anual).

En esta siembra, los productores ganaderos participaron en la selección de las especies forrajeras de acuerdo a sus preferencias, así como en los aspectos logísticos. En todos los casos se evaluaron previamente las condiciones de los suelos mediante análisis y calicatas. Donde fue necesario se aplicaron enmiendas (cal y fósforo), la fertilización orgánica y mineral requerida y se instalaron sistemas sencillos de riego que garantizaran el desarrollo del cultivo en los momentos críticos.


Hoja de nacedero Trichanthera gigantea, 18% proteina cruda y elevada cantidad de calcio
Foto: Fernando Uribe, CIPAV

Las principales especies empleadas fueron: matarratón (Gliricidiasepium), leucaena (Leucaena leucococephala), botón de oro (Tithonia diversifolia), cratilia cultivar veranera (Cratylia argentea), bore (Xanthosomas agittifolium), morera (Morus alba) y nacedero (Trichanthera gigantea). Como fuentes de energía se utilizaron caña de azúcar, pasto elefante (Pennisetum purpureum), pasto imperial (Axonopuss coparius). En el año 2010, se sembraron un total 1.157.795 de este menú de plantas forrajeras y se propaga ron por diferentes medios. Todo el proceso se realizó con enorme participación y entusiasmo de productores y técnicos.

Se aplicaron los siguientes criterios para el diseño de los BFM:

1. Las plantas leñosas arbustivas ocupan como mínimo 75% del área y generan cerca de la tercera parte de la biomasa, de alta calidad proteica.

2. Las gramíneas forrajeras energéticas generan hasta dos terceras partes de la biomasa y ocupan hasta la cuarta parte del área.

3. La densidad mínima es de 15.000 plantas por hectárea (rango entre 15 y 100.000 plantas).

4. Cada banco forrajero asocia como mínimo seis especies diferentes.

5. La complementariedad en los ciclos productivos de las especies y en los usos como fuentes de alimento para diferentes especies animales se ajusta a las necesidades del pequeño productor (FEDEGAN)

El cuadro 1 ilustra las plantas empleadas en los bancos forrajeros mixtos para diferentes zonas agroecológicas (ver PDF).

El caso de los BFM es una prueba más de que es posible retomar las buenas prácticas ancestrales y conocimientos campesinos, para conjugarlos con los avances científicos y los conocimientos técnicos. Contribuyendo así a un modelo de desarrollo rural adaptado al cambio climático y basado en sistemas sostenibles de producción.

Julián Giraldo
Coinvestigador campesino CIPAV
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Juan Armando Sinisterra Investigador CIPAV
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Enrique Murgueitio R.
Director ejecutivo Fundación CIPAV
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Referencias
-- Calle, Z., E. Murgueitio, L.M. Botero. 2011. El totumo, árbol de las Américas para la ganadería moderna. Federación Colombiana de Ganaderos. Revista Carta FEDEGAN. No. 122, Enero a febrero de 2011. Bogotá, Colombia. p. 64-73.
-- Ceballos M.C, A.M. Tarazona,C.A. Cuartas, J.F. Naranjo y E. Murgueitio. 2011. El bienestar y el comportamiento animal como componente implícito de la ganadería sostenible basada en sistemas silvopastoriles intensivos en el trópico americano. En: memorias III Congreso sobre Sistemas Silvopastoriles Intensivos para la Ganadería Sostenible del siglo XXI. Morelia y Tepalcatepec, Michoacán. 3,4 y 5 de marzo de 2011. Fundación Produce, Universidad Autónoma de Yucatán, Fundación CIPAV. Morelia, Michoacán, México p. 246-248.
-- Foidl, N., L. Mayorga, W. Vásquez. 1999. Utilización del Marango (Moringa oleifera) como forraje fresco para ganado. En: Agroforestería para la producción animal en Latinoamérica. (Eds. M.D. Sánchez y M Rosales) Estudio FAO: Producción y sanidad animal Nº 143. p. 341-350. Roma.
-- Murgueitio, E. 2011. Ganadería del Futuro. En: memorias III Congreso sobre Sistemas Silvopastoriles Intensivos para la Ganadería Sostenible del siglo XXI. Morelia y Tepalcatepec, Michoacán. 3,4 y 5 de marzo 2011. Fundación Produce, Universidad Autónoma de Yucatán, Fundación CIPAV. Morelia, Michoacán, México p. 1-7.
-- Murgueitio, E., Z. Calle, F. Uribe, A. Calle, B. Solorio. 2011. Native trees and shrubs for the productive rehabilitation of tropical cattle ranching lands. Forest Ecology and Management. Special Issue (Vol. 261:10). The Ecology and Ecosystem Services of Native Trees: Implications for Reforestation and Land Restoration in Mesoamerica.