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Mar, Sep

Estrategias de acceso al mercado de las familias agricultoras del Agreste de Paraíba, Brasil

Volumen 21, número 2
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BrasilEn los últimos años, el tema de la comercialización ha pasado a ocupar un lugar destacado en los debates y estrategias definidas por las organizaciones de agricultura familiar en el Agreste (zona de transición entre el bosque, la región húmeda pantanosa y el ‘sertão’ semiárido) del estado de Paraíba, en la región del Nordeste brasilero.

Ello ha ocurrido en el contexto de un amplio programa de desarrollo local basado en la experimentación agroecológica. Como resultado de este programa, el número de familias que practican la agroecología ha aumentado significativamente. El volumen y la diversidad de la producción en sus propiedades también fueron incrementados. Este hecho reiteró, para las organizaciones de productores, la necesidad de experimentar y proponer nuevos estándares de relación de la agricultura familiar con los mercados, con el fin de garantizar condiciones más justas, más estables y mejor remuneradas en la venta de sus productos. Dentro de este contexto, el Polo Sindical de la Borborema (foro regional constituido por 16 sindicatos de trabajadores rurales y diversas asociaciones de agricultores) promovió una serie de iniciativas de carácter piloto que se fueron consolidando y ampliando progresivamente: la descentralización de la comercialización, con la creación de «espacios ecológicos» dentro de las ferias municipales, permitió a las familias vender sus productos en el propio municipio. Otra iniciativa fue la organización de ferias agroecológicas, una de carácter local, en el municipio de Lagoa Seca y, otra, con vocación regional, localizada en el municipio de Campina Grande.

Estas iniciativas de estímulo para la estructuración de nuevas relaciones de mercado expresan una actitud innovadora y propositiva de las organizaciones y, al mismo tiempo, constituyen pautas nuevas para el debate sobre la organización de los mercados locales y regionales, así como para subsidiar la formulación de estrategias y propuestas de políticas para la sostenibilidad de la agricultura familiar.

En el año 2004, para apoyar y evaluar el debate, formular propuestas y consolidar estrategias de desarrollo local sostenible, el Polo Sindical de la Borborema llevó a cabo un estudio participativo sobre los circuitos tradicionales de comercialización en la región. Este estudio se realizó en el municipio de Remígio y tuvo como objetivo principal la comprensión del papel de los mercados locales en la reproducción social de la agricultura familiar en la región semiárida del estado de Paraíba.

La feria local fue tomada como foco, en la medida que ésta viene siendo tradicionalmente el principal espacio de comercialización de los productos de la agricultura familiar en los municipios del Polo. La feria fue considerada como un mercado en sí, pero también como un punto de convergencia de diversos circuitos mercantiles y de diferentes agentes económicos. No obstante, además de ser una plataforma de relaciones económicas, las ferias fueron consideradas también como centros de socialización, de intercambio de conocimientos e informaciones, y de afirmación de una cultura productiva y de consumo, los cuales constituyen igualmente elementos integrantes de las estrategias de reproducción económica y social de la agricultura familiar en la región.

La feria de Remígio. Sector de venta de fruta y verdura en la feria de Remígio / Foto: Frédéric Kilcher

Como en tantas otras ferias del Nordeste brasilero, a partir del amanecer, sea en automóvil, en camión o incluso a pie, empujando carretillas, van llegando uno a uno: hombres, mujeres, agricultores y agricultoras, procedentes de Remígio, de los alrededores o de otras ciudades. En el piso o en los puestos de venta, en carretillas o en sus propias manos, los productos van siendo ordenados por sectores, expuestos y ofrecidos a los consumidores. La feria siempre es una invitación para probar un nuevo sabor, una fruta fresca (especialmente la fruta nativa), la harina tostada, la carne seca, el queso del ‘sertão’, las hierbas de la ‘caatinga’, el frijol ‘macassa’, o el maíz ‘pontinha’.

La feria es el local donde se compran productos que son parte de la cultura alimentaria tradicional y los condimentos que dan la sazón y los sabores regionales. En la feria se compran animales para la chacra, como las gallinas criadas en campo (de ‘capoeira’), cabras preñadas o bueyes para el arado. También se puede adquirir carbón, estacas, palma forrajera y algodón, así como instrumentos de trabajo, ropa de fiesta, muebles para la casa y utensilios de cocina, útiles escolares, discos compactos, tejidos, agujas e hilos.

Así mismo, los agricultores y agricultoras que van a la feria a comprar llegan a pie, a caballo, en automóvil, moto u ómnibus. Llegan con bolsas vacías, con la receta del médico en la mano, con plantas medicinales o frutas, con cartas para parientes distantes. Casi siempre llegan también con huevos, gallinas de campo, zapallo (Cucurbita maxima), almidón de mandioca o yuca, dulces, cebollita blanca (Allium neapolitanum), macaíba (Acrocomia aculeata), umbu (Spondias purpurea), frijol caupí o gandul (Vigna unguiculata), maíz fresco (choclo o elote). Con sus productos, los agricultores se mezclan con los consumidores de la ciudad, se reparten por diversos sectores, extienden sus productos por el piso, aprovechan el puesto de venta de un conocido, arreglan sus carretillas o caminan por la ciudad para atender los pedidos de una clientela segura.

Para que las familias agricultoras puedan comprar en la feria o en los comercios de la ciudad, necesitan vender sus productos y tener dinero. La estrategia más común es la venta de gran diversidad de productos de la estación, que son consumidos en casa y también son ofrecidos en los mercados. Localmente, los agricultores y agricultoras llaman a tal actividad «venta por producción».

Vendedores por producción
La venta por producción se lleva a cabo en una infinidad de formas. Puede ser realizada en las propias chacras, para vecinos y comerciantes intermediarios (mayoristas y minoristas). Los productores venden también directamente a los consumidores en locales ubicados en el vecindario, en la ciudad, en restaurantes, bodegas y almacenes, aplicando así una estrategia de venta directa al cliente. Ello permite un ingreso seguro y periódico de recursos. En la feria venden a los mismos productores y comerciantes, pero también a los consumidores directos.

En la venta por producción en pequeña escala, los productos son ofrecidos tanto al por menor como al por mayor. La bolsa de frijol, maíz o harina, por ejemplo, se lleva a la feria para ser vendida «en la piedra», sector donde se negocia al por mayor.

Cuando la venta es en mayor escala, se realiza preferentemente en las chacras, ambiente en que las familias revelan que se sienten más a gusto para efectuar sus negocios con los intermediarios. Son pocos los agricultores o agricultoras que dominan la cultura y el arte del negocio. Crear un ambiente donde se sientan seguros se convierte, por lo tanto, en un componente importante para la realización de intercambios comerciales en condiciones más favorables.

Además de este componente subjetivo, al realizar las ventas en «puerta de chacra», las familias pueden eliminar una serie de riesgos y costos adicionales que no estarían en condiciones de asumir en el caso que decidieran negociar los productos directamente en la feria. El elevado precio del transporte de las mercancías es un factor que limita y debilita a los agricultores frente a los compradores, los cuales, a su vez, presionan para bajar el precio de las mercancías, especialmente al tratarse de productos perecibles que el agricultor necesita vender lo más pronto posible.

Por el contrario, cuando el comprador se dirige a la chacra, existe la garantía y seguridad de que la venta será realizada. Los agricultores saben que el comprador tiene interés en su producto y estando en un ambiente conocido, les es más fácil negociar el precio y las condiciones de venta. Sin embargo, conocer los precios es la primera condición para realizar un buen negocio. Debido a ello, los vendedores por producción frecuentan la feria municipal todas las semanas con el fin de buscar informaciones sobre los precios actuales. Con muestras de los productos, contactan a los posibles compradores y coordinan visitas.

La venta por producción es la única alternativa para la comercialización de algunos productos, como es el caso de la fruta. Dado que ésta es un producto perecible, los agricultores necesitan combinar su venta al por menor con la venta al por mayor, tanto en la feria como en «puerta de chacra». Muchos lo hacen de esta forma. João Batista, agricultor de la localidad de Caiana, vende su producción de naranjas a intermediarios, pero separa una parte para vender al por menor en la feria de Remígio. Según su evaluación, eso es más ventajoso financieramente, en la medida en que consigue ahorrarse lo que habría tenido que gastar al vender a través de un intermediario. Sin embargo, reconoce que no es posible vender toda su producción en la feria local.

Para conseguir acceder al mercado de forma más continua, las familias desarrollan estrategias diferenciadas y adaptadas a los ambientes naturales en que viven. En la región del ‘brejo’ (humedales), donde las actividades productivas se extienden a lo largo del año, las familias organizan la producción de diversos cultivos según las estaciones para contar permanentemente con algo que cosechar y vender. En la región del agreste, por ser un ambiente cuyo régimen de lluvias es muy inestable, las familias que han obtenido una producción anual satisfactoria almacenan, por ejemplo, el frijol y lo venden después de separar una cantidad para su consumo o para venderlo si es que se presenta la oportunidad de obtener mejores precios. Así, la venta del frijol es escalonada en el tiempo, permitiendo la compra de alimentos para la casa: carne, verduras, condimentos, café, arroz, fideos.

Agricultores feriantes
En la feria de Remígio, cerca del 60 por ciento de los participantes son agricultores familiares. Estos «agricultores feriantes» participan semanalmente en esta o en otras ferias, como actividad económica principal o complementaria para el sustento familiar y el financiamiento de la producción agrícola. Algunas veces, familias aún muy jóvenes se han visto obligadas a participar en esta actividad por la necesidad de tener mejores ingresos. Así han aprendido a negociar, ya sea por su interacción con otros comerciantes o a través de aciertos y errores en ferias pasadas.

No son raras las familias que se iniciaron en la feria comprando productos a sus vecinos para pagarlos después de la venta. Con poca tierra y producción, la familia de Boy y Eurídice, de Caiana, tuvo la oportunidad de organizarse y comprar el derecho de uso de un local en la feria de Remígio a partir de acuerdos hechos con vecinos. Por un lado, la venta de productos «a consignación» permitió a la familia establecer su negocio, asumiendo ellos mismos el costo del transporte y los riesgos de venta; por otro lado facilitó la distribución de productos considerados por otras familias que no estaban dispuestas a participar en la feria.

Los agricultores feriantes están presentes en casi todos los sectores de la feria de Remígio vendiendo productos agrícolas o no; no siempre existe una relación directa entre lo que producen y lo que venden. Esa asociación es más clara en el caso de los agricultores del ‘brejo’, presentes principalmente en el sector de las frutas y verduras. En el caso de los agricultores feriantes del agreste, la diferencia entre lo que producen y lo que venden es más evidente, lo cual refleja las características de los sistemas productivos existentes en la región. A pesar de producir frijol, maíz o algodón, los agricultores y agricultoras del agreste se encuentran dispersos en los puestos de venta de comida, de carne fresca o seca, o incluso en los sectores de venta de ropa, utensilios diversos y hierbas.

Como actividad económica regular y complementaria a la agricultura, hay un número significativo de agricultores feriantes que adquieren de otros productores todo lo que venden en sus puestos. Es el caso de las jóvenes agricultoras Aparecida y Luciana, de Gravatá-Açu, que al tomar bajo su cargo el antiguo puesto de condimentos de su madre fueron, poco a poco, sustituyendo las hierbas por productos comprados en centros de abastecimiento (tomate, papa blanca, cebolla).

También en la intermediación
Son pocos, pero no son raros, los casos de agricultores que se aventuran a actuar como intermediarios en las relaciones de compra y venta. Sin embargo, estas relaciones de intermediación se diferencian por el tipo de ambiente y de producto, por el mayor o menor grado de capitalización familiar, y por la mayor o menor proximidad de las relaciones sociales establecidas, como por ejemplo ser vecinos, parientes, o compadres.

La imagen del intermediario es, en general, negativa en las comunidades rurales, a pesar de que muchas veces esta función también es entendida como una necesidad por las familias. Sin embargo, es frecuente que los propios agricultores hagan el papel de intermediarios para «completar» sus puestos de venta, para vender al por mayor en la feria o para la compra y venta de animales. En este caso, la naturaleza de las relaciones establecidas entre unos y otros en la vida de la comunidad hace la diferencia.

Las relaciones de conocimiento y confianza mutua entre los intermediarios comunitarios y las familias agricultoras funcionan como una vía de doble sentido: por un lado, facilitan a las familias la venta de sus productos en las chacras, lugar en donde estratégicamente prefieren comercializar; por otro lado, viabilizan la participación de nuevos productores en la feria.

Organización de los mercados y transición a la agroecología
Como hemos visto, entre las familias agricultoras existen diversas estrategias y prácticas para acceder los mercados. Al mismo tiempo que articulan y permiten la regulación de diferentes circuitos de comercialización, las ferias conducen e incluso estimulan el ejercicio de una gran variedad de roles, de formas de insertarse en la economía y en las prácticas comerciales. Estos papeles cumplen una importante función de complementariedad en las economías familiares.

Gran parte de los agricultores y agricultoras de Remígio tiene la venta por producción como actividad económica permanente. Para efectuar sus ventas, realizar sus compras y viabilizar sus proyectos personales y familiares, buscan en las ferias un ambiente económico más abierto y flexible con espacios comerciales de más fácil acceso, así como de mayor capacidad para la interacción con otros agentes del mercado. De esta manera, pueden comercializar la diversidad de sus productos a través de distintos canales, en cualquier momento y en cantidades variables (incluso muy pequeñas).

A contracorriente de esta configuración más permeable y menos estructurada de organización de los mercados, las políticas públicas dominantes, los agentes privados y, más recientemente, algunas organizaciones de cooperación para el desarrollo, han fomentado la modernización productiva de la agricultura familiar (vía inversiones y tecnología), articulada con un modelo de integración comercial que privilegia la especialización de la producción en cadena dirigida a mercados estructurados, segmentados y distantes. La búsqueda de soluciones estrictamente mercantiles (aunque favorecidas por elevados subsidios), especialmente para una agricultura de alto riesgo como es la del semiárido, ha llevado a frustraciones y dificultades asociadas frecuentemente con el aumento del riesgo de descomposición económica, social y técnica de los sistemas familiares de producción agraria.

Las sequías periódicas, los recursos limitados de tierra y capital, y la ausencia de mecanismos públicos de regulación de la renta hacen necesario, en el caso de la agricultura familiar del semiárido, contar con estrategias de desarrollo basadas en la limitación de riesgos, en la estabilidad y la autonomía técnica y económica, así como en la preservación de la seguridad alimentaria de las familias agricultoras. La diversificación de la producción viene siendo el elemento central de estas estrategias de reproducción socioeconómica. En otras palabras, la sostenibilidad de la inserción de los sistemas familiares en los mercados locales suele estar fundamentada en la oferta de su diversidad productiva.

Aunque las ferias son también espacios donde se reproducen las diferencias sociales, las relaciones de exclusión y de dependencia económica, ellas apuntan a modelos de relaciones sociales y de organización de los mercados basados en el establecimiento de vinculaciones equilibradas y sostenibles entre los sistemas productivos familiares y la esfera de la comercialización. El establecimiento y la permanencia de esas vinculaciones demandan la implementación de políticas que rescaten, perfeccionen y regulen relaciones de mercado orientadas para el fomento a la diversidad productiva de los sistemas familiares; la reducción de las barreras para el ingreso a los espacios físicos y los circuitos económicos de canje directo; la transparencia de las relaciones; el acceso a la información y, a la participación de los agricultores en los mecanismos socioeconómicos e institucionales de formación de precios. También es importante que propicien la defensa y revitalización de los valores culturales, a través de los cuales se dinamizan los vínculos entre la diversidad productiva y los hábitos de consumo de las poblaciones de la región.

Desde este punto de vista, los mercados locales y, en este caso, las ferias tradicionales, pueden constituirse en potentes instrumentos de soporte a procesos masivos de transición a la agroecología en el semiárido.

 

Adriana Galvão Freire y Sílvio Gomes de Almeida

Adriana Galvão Freire
Assessoria e Serviços a Projetos em Agricultura Alternativa (AS-PTA)
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Sílvio Gomes de Almeida
Assessoria e Serviços a Projetos em Agricultura Alternativa (AS-PTA)
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Este artículo es resultado de un estudio realizado entre mayo y septiembre del 2004, a través de un convenio entre el Centre de Coopération Internacionale et Recherche Agronomique pour le Development, Francia (CIRAD) y la Universidade Federal de Campina Grande (UFCG). La investigación contó con la colaboración de Frédéric Kilcher.