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Sáb, Sep

Uso de la totora en la producción agrícola de la cuenca del río Camacho, Tarija, Bolivia

Volumen 19, número 3
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La cuenca del río Camacho está ubicada en el departamento de Tarija, al sur de Bolivia y cubre una superficie aproximada de 950 km2. Políticamente, la parte baja y media de la cuenca corresponde a la sección municipal de Uriondo, mientras que la parte alta corresponde a Padcaya, dentro de las provincias Avilés y Arce respectivamente.

El valle del río Camacho es amplio, de sedimentos fluvio-lacustres fuertemente erosionados y disectados por el río, y presenta superficies planas, terrazas y colinas. Durante el verano las temperaturas medias sobrepasan los 15ºC, y la precipitación media anual para toda la cuenca alcanza los 740 mm, con un rango de variación entre los 300 y los 1.400 mm.

Población y agricultura

Mazos pequeños de totora listos para ser remojados, rallados y empleados en el amarre de vid y tomate / Foto: O. Erazo Campos

La cuenca del río Camacho alberga una población aproximada de 14.000 habitantes, compuesta por unas 2.800 familias. Toda la población está distribuida en 40 comunidades que pertenecen a 13 cantones. Al municipio de Padcaya corresponden 6 cantones con 12 comunidades, y al municipio de Uriondo, 7 cantones con 28 comunidades. La actividad económica principal que se realiza en toda la región es la agricultura. Los cultivos principales varían de un ámbito geográfico a otro en función de los aspectos climatológicos y de la aptitud de los suelos, pero por lo general destacan la vid, tomate, durazno, cebolla, papa, zanahoria, maíz, trigo, arveja, haba, pimiento, coime o quiwicha (Amaranthus caudatus), zapallo (Cucurbita maxima), quinua (Chenopodium quinoa), oca (Oxalis tuberosa) y papa lisa (Ullucos tuberosus).

En las riberas del río, de la parte media y baja de esta cuenca, crece la totora (Typha domingensis Pers.) y también en los estanques formados por pequeñas represas construidas en diversas comunidades. La totora es una planta erecta, rizomatosa, acuática y perenne; posee rizomas robustos e indeterminados. Forma comunidades densas monoespecíficas, lo que ocurre en las riberas donde se concentra agua con un bajo flujo o circulación, constituyendo pantanos o ciénegas de poca profundidad en pequeñas superficies. La totora es una especie predominante en este ecosistema, hecho que le da una característica importante, que le permite ser reconocido y a la vez diferenciarse de otros ecosistemas adyacentes.

Uso de la totora

En el río Camacho la totora es una planta que tiene un alto contenido de humedad (el 77% de su peso es agua). La biomasa aérea promedio es de 15,87 t/ha, entendiendo ésta como la producción de materia seca por unidad de superficie. El peso de la totora verde por hectárea varía entre 19,50 t/ha y las 144,00 t/ha.

En su práctica cotidiana, el campesino la aprovecha básicamente como fibra de amarre para los cultivos de vid y tomate. También tiene otros usos o aplicaciones: algunos pobladores de la zona señalan su uso como forraje, o como material para la construcción de sombras, techos y trenzados para amarrar. Por comunicación con otras personas, los pobladores del valle saben que también se puede usar totora para la fabricación de sombreros, roperos, esteras y canastas. No existe otra aplicación actual de importancia de esta planta.

El conocimiento campesino sobre el uso de la totora comprende las fases de ubicación del totoral, la cosecha, el secado, la preparación de mazos, el almacenado, remojo, rallado y amarre. Este uso es masivo debido a la gran cantidad de cultivos de vid y tomate que existen en la región. Los campesinos la recolectan de los totorales que se desarrollan de manera natural en las riberas del río Camacho y en otras quebradas importantes que brindan las condiciones necesarias de humedad para el desarrollo de esta planta.

La vid se amarra dos veces por año: una, durante la poda seca y otra, durante el desbrote o poda verde. La poda seca se realiza entre julio y agosto y la poda verde o desbrote entre los meses de octubre y noviembre, y se emplean 8 rallas por cada planta amarrada. El tomate se amarra entre 2 y 5 veces durante el desarrollo del cultivo, y se cultiva hasta dos veces por año. En cada amarre se usa de 2 a 3 rallas por planta con una longitud de 30 cm de largo para nudo pegado y de 40 cm para amarres de nudo colgado.

Dadas las particularidades que tiene cada tipo de cultivo, las cantidades de totora que se requieren para amarrar una planta son diferentes. La vid es perenne, semileñosa y alcanza una altura de 1,50 metros; el tomate es herbáceo, de ciclo corto (3 a 4 meses) y llega a tener una altura de 50 a 60 centímetros durante su cultivo. Los requerimientos para amarrar una hectárea de vid o tomate se detallan en la tabla siguiente.

Variable

Unidad

Tomate
Vid

Fibra seca empleada por planta

Densidad de plantación

Fibra seca por hectárea

Fibra verde por hectárea

Costo

 

g

Plantas / ha

kg

kg/ha

Bs/ha

5,24

41152,00

215,64

938

117,19

6,99

4545,00

31,77

138

17,25

 

Rendimiento y costo de la totora por hectárea de cultivo

Como se ve en la tabla siguiente, los volúmenes de totora que se emplearon en el año agrícola 2001-2002 son importantes. La cantidad empleada en el cultivo de la vid dobló a la usada en el tomate, considerando además que el número de comunidades que cultivan vid es tres veces mayor a la cantidad que cultiva tomates.

Variable

Superficie cultivada (ha)

Consumo de totora (t)
Costo total (Bs)

Cultivo de vid
En 23 comunidades.
Cultivo de tomate
En 8 comunidades. Totales

1.453,00

108,00

1.561,00

 

200,51

101,30

301,81

 

25.064,25

12.663,02

37.727,27

 

 

Consumo y costo de la totora para vid y tomate. Campaña 2001-2002

Importancia económica

A pesar de que la mayor parte de la totora empleada por los agricultores debe comprarse, ésta nunca ha sido considerada como parte de los insumos que se emplean para la producción de vid y tomate, y por ende los costos tampoco se han incluido en la hoja financiera de estos cultivos. Lo que siempre se ha tomado en cuenta es la mano de obra que se utiliza para la realización del amarre de los cultivos, mas no el valor económico de la planta.

El bajo costo que tiene la totora (125 bolivianos por tonelada verde, lo que equivale a unos 16 dólares norteamericanos), asociado al libre acceso que todavía se da en algunos lugares, ha provocado que no se valore este recurso en los términos que realmente representa en todo el proceso productivo. En la gestión 2001-2002 el monto total que alcanzó la comercialización de la totora fue de Bs 37.727 –equivalentes a US$ 4.868–, cantidad muy baja si se considera que este total representó a 1.561 hectáreas cultivadas.

En la comercialización de la totora se emplean tres unidades, las que son usualmente nombradas por los agricultores como amarro, carga y mazo. Una relación de la equivalencia de estas unidades expresadas en kilos y los rangos entre los que fluctúan los precios se detalla en la siguiente tabla.

Unidad

Peso verde (kg)

Precio (Bs)
Observaciones

Amarro

Carga

Mazo

 

46 ó 50

47

20

4 – 10

5 – 8

2 – 2,5

 

 

Aproximadamente 1 quintal

 

Unidades de venta y precios de la totora
(Los precios corresponden a los meses de octubre-diciembre de 2002 1$US equivale a 7,75 Bs)

El amarro y la carga están en función directa de la cantidad de totora que puede alzar una persona, señalándose que una persona puede levantar entre 2 y 3 mazos. Un kilo de totora verde tiene un costo promedio de Bs 0,125 lo que equivale al total señalado de Bs 125 por tonelada de totora verde.

Si quisiéramos tener una valoración más real del significado económico que tiene la totora en los cultivos de vid y tomate habría que considerar cuánto tendría que invertir un agricultor en materiales o técnicas alternativas para la ejecución de esta práctica. Existen tecnologías que podrían emplearse en lugar de la totora. Actualmente, en el mercado local se encuentran algunas alternativas como la del uso de la engrapadora que funciona con cinta plástica, grapas metálicas y una cuchilla. El costo solamente de la engrapadora es de US$ 40, una caja de grapas de 500 unidades cuesta US$ 1,50, y el rollo de cinta de 40 metros de largo cuesta US$ 2,00. Para una hectárea de vid se necesitarían 181 rollos de cinta y 146 cajas de grapas lo que en dinero equivale a US$ 581.Comparado con los US$ 2,54 que se gasta en totora, ésta es una cantidad considerable. Para el tomate el uso de la totora reporta mayores ahorros porque este cultivo tiene una densidad de plantas mayor y por tanto requiere de mayor material para el amarre. (También existen otras cintas que no requieren de engrapadora, pero necesitan habilidades especiales de las personas que las utilizaran en el amarre, y de momento no están disponibles en el mercado local.)

Acceso y control

Aunque la totora se desarrolla de manera natural en los meandros que deja el río, el acceso a este producto no es totalmente libre. La población que tiene sus propiedades adyacentes a los totorales cobra un cierto monto de dinero por unidad de venta de totora verde. Es posible todavía tener un acceso libre a la cosecha de la totora, pero sólo en totorales pequeños y que se encuentran en el lecho del río lejos de propiedades privadas. Desde la perspectiva de los agricultores, el uso de la totora en las condiciones actuales no plantea un problema específico, pero sí advierten que en los últimos diez años el acceso se ha restringido bastante por parte de los propietarios de las parcelas que colindan con los cuerpos de agua.

Para obtener totora los agricultores deben recorrer distancias que llegan hasta los 15 km, dentro de la cuenca. En función de la distancia y el volumen de totora que requieren transportar lo hacen a pie, en bicicleta o en vehículo. Adicionalmente, tienen que pagar por ella, aunque más que reflejar la escasez de este recurso, el cobro que hacen los propietarios es visto sólo como una manera fácil de obtener ingresos al existir demanda por quienes cultivan vid y tomate. Actualmente vienen muchas personas de otras comunidades que están fuera de la cuenca a comprar totora de lugares como el Valle, Saladillo, etc. ampliándose de esta manera el grupo de usuarios de este producto a otros ámbitos geográficos que están fuera de la cuenca.

El uso y manejo de la totora se caracteriza por una falta de planificación, uso intensivo, poca valoración ecológica y económica así como el desconocimiento de las funciones ambientales que desempeñan los totorales y de manera general los humedales. En el marco legal no existe una reglamentación específica para el uso de la totora. Un reconocimiento rápido ha mostrado que el 95% de los campesinos desconoce de leyes y reglamentaciones que puedan regir en este caso (o que regulen el uso y aprovechamiento de especies silvestres), situación que refleja cómo es que las instancias encargadas de dar cumplimiento a las normas no están cumpliendo su rol de información o de fiscalización. El uso y acceso se basa mayormente en la usanza tradicional, según la cual el propietario de la totora es la persona que tiene su terreno colindante con el totoral, reconocimiento que le otorga el derecho de cobrar dinero por la extracción.

La formulación de una política de manejo de la totora debe empezar considerando dos cuerpos legales muy importantes como son la Ley de Municipios y la Ley Forestal. El artículo 35 del Reglamento de la Ley Forestal establece la creación de las Servidumbres Ecológicas. Éstas son áreas con limitaciones legales a los derechos de uso y aprovechamiento impuestas sobre una propiedad en razón de la conservación y sostenibilidad de los recursos naturales renovables. En estas servidumbres se incluyen, para regiones de terrenos ondulados o de colinas de las zonas montañosas, los terrenos ubicados a menos de 50 metros a partir del borde de los ríos, o a 10 metros a partir del borde de los arroyos, quebradas o terrazas. Esto busca favorecer la deposición de los sedimentos acarreados y la disminución de la velocidad de las aguas (Decreto Supremo 24453, 1996).

Por otro lado, en el acápite de Patrimonio y Bienes Municipales, la Ley de Municipios establece como bienes de dominio público los ríos hasta 25 metros a cada lado del borde de máxima crecida, riachuelos, torrenteras y quebradas con sus lechos, aires y taludes hasta su coronamiento. Dentro de las finalidades del municipio, la ley establece que éste debe preservar y conservar el medio ambiente y los ecosistemas del municipio, contribuyendo a la ocupación racional del territorio y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales (Ley Nº 2028, 1999). Las consideraciones de estos instrumentos son una base sólida para construir una política clara de manejo de los totorales.

A manera de conclusiones

La totora es una planta acuática palustre que depende en gran medida del caudal y del nivel de base del lecho del río, condiciones que se presentan muy fluctuantes por la dinámica natural de la cuenca y las actividades antropogénicas que se desarrollan dentro de ella.

Existe un alto consumo de totora como insumo fundamental para los cultivos de vid y tomate, siendo éste el uso principal de la planta; la mayor parte (80%) se emplea en la cuenca del río Camacho. A pesar del uso permanente e intensivo que se le da a la totora en la agricultura del valle central, el aprovechamiento de esta planta no está acorde a sus potencialidades. La totora tiene posibilidades de otros usos alternativos y complementarios al actual.

Aunque no se hallaron evidencias de la disminución del área de totorales en el lecho del río, dado su valor como recurso natural y su sensibilidad a los cambios ambientales, es necesaria la promoción de otros usos más sostenibles. La situación actual de uso no ha generado conflictos ya que los precios son bajos y los cultivos en los que se emplea brindan las condiciones como para ejecutar esta inversión. Esto, sin embargo, puede cambiar rápidamente y por ello se está trabajando actualmente en formular un Plan de Manejo de la totora bajo principios agroecológicos y de sostenibilidad de este recurso, donde se promuevan la conservación de su hábitat natural, el río Camacho y su cuenca. Esto requiere diseñar una base de datos de valor geo-referencial y digital que facilite el manejo sostenible de esta especie, amparado en las disposiciones legales ya existentes.

Junto a ello, se propone realizar investigaciones para determinar en qué medida la presencia o ausencia de la totora puede constituir un indicador ambiental importante para evaluar el estado de conservación de la cuenca de río Camacho, enfocando principalmente aspectos como los regímenes hídricos y la calidad de las aguas. Y finalmente, se considera investigar y cuantificar los valores y funciones más importantes que cumplen los totorales en la cuenca del río Camacho en relación al control de inundaciones, la reposición de aguas subterráneas, la estabilización de riberas, la protección contra tormentas, la retención y exportación de sedimentos y nutrientes; la mitigación del cambio climático; la depuración de aguas; el reservorio de biodiversidad; la oferta de productos, la recreación, el turismo y los valores culturales. El ecosistema en equilibrio y la organización local consolidada e interesada en este recurso, son los factores que aseguran su conservación y utilización racional.


Orlando Erazo Campos
Organización ARBOLANDO, Casilla de correo 439
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www.cosett.com.bo/arbolando

Referencias
- Bela, Alberto J. y Chifa, Carlos. 2001. Posibilidades de uso medicinal y alimenticio de la Typha domingensis Pers. (Typhaceae), Totora. Universidad Nacional del Nordeste. Corrientes Argentina.
- Del Pozo, Pedro Pablo. 2003. Sistemas Agroforestales para la Producción Animal. Sistemas Sivopastoriles. Universidad Agraria de La Habana. Cuba.
- Erazo, O. Ecología y Uso de la totora (Thypa domingnesis Pers.) en la cuenca del río Camacho, Tarija Bolivia. Tesis de grado MsC en Agroforesteria para el Desarrollo Sostenible. Tarija , Bolivia.
- Febles J. 2000. Gestión de los Recursos Naturales en Función del Medio Ambiente. Segunda Edición. Universidad Agraria de La Habana, Cuba.
- Freyre, E. 2002. Metodología de la Investigación en Agroforestería Sostenible. Universidad Agraria de La Habana, Cuba.
- García L. 1999. Agroecología: Bases históricas y teóricas. Modulo I.
Centro de Estudios de Agricultura Sostenible de la Universidad Agraria de La Habana, Cuba.