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Sáb, Sep

Diferencias sociales en el manejo del recurso agua

Volumen 14, número 1
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No existe ningún consenso claro y el debate sobre manejo del agua está polarizado. Dos puntos de vista dominan; ambas aproximaciones son tecnocéntricas y no prestan suficiente atención a las diferencias sociales. ¿Qué enfoques alternativos podrían seguirse?

A nivel de país y de región, el punto de vista ‘Lo Grande es Bello’ domina. Las grandes represas se ven como una panacea para las áreas con escasez de agua. Los constructores internacionales de represas aseveran que los costos sociales y ambientales de estos proyectos son marginales cuando se comparan con los beneficios de hidroenergía y riego (Biswas y El-Habr, 1993). Ellos defienden las hidroeléctricas organizadas de arriba a abajo, centralizadamente, y los sistemas de riego basados en el traslado de agua de fuera de la cuenca. La controvertida represa de Narmada en India occidental es un buen ejemplo de un tal proyecto.
Pequeños proyectos de cuenca

A nivel de comunidad y de pueblo, el punto de vista 'Lo Pequeño es Hermoso' juega un papel importante en destacar los problemas socio-ambientales de las grandes represas, incluyendo los beneficios desiguales del canal de riego (McCully, 1996). Destaca las ventajas de los proyectos de pequeña escala basados en los principios de cosecha de agua y manejo de cuencas, que se ven como más eco-amigables. Sin embargo, existe una tendencia a pasar por alto las diferencias locales específicas que surgen de la diferencia social.

Ambos son tecnocéntricos

De alguna manera, ambos puntos de vista tienen imperfecciones. Ambos tienden a ser tecnocéntricos y, hasta muy recientemente, dominados por el abastecimiento. Ambos también mantienen una visión totalizante de la comunidad comprometida. Mientras los defensores de los proyectos grandes se centran en lo superlativo e inflan el número real de beneficiados, los defensores de los proyectos pequeños adoptan los principios de democracia, equidad y participación, olvidándose que existen diferentes relaciones de poder dentro de la comunidad basadas en axiomas diferentes. Frecuentemente, existe una asunción bastante ingenua de que justamente porque un proyecto es pequeño, éste debe estar destinado a ser exitoso e igualitario.

En realidad, tanto los macro como los micro proyectos frecuentemente fallan en la base social porque descuidan el hecho de que cualquier clase de intervención en agua o ecológica se construirá y se alimentará sobre las relaciones sociales y de poder existentes. Las diferencias sociales, incluyendo, variables tales como clase, género, casta, etnicidad, legados históricos, poder, ocupación y rivalidades políticas, pueden impedir el funcionamiento sin problemas de cualquier proyecto de agua.

Los grupos más débiles están en desventaja

Evidentemente, es muy raro que un pueblo sea el lugar igualitario y feliz que con frecuencia se espera. Existen pobres y ricos; débiles y poderosos. Con el fin de ganar legitimidad, la agencia ejecutora casi siempre opera a través de agentes de poder tradicionales. Estos, frecuentemente, son hombres y provienen de las castas más altas. Sólo ocasionalmente las preocupaciones de las mujeres –usuarias claves del agua– y de aquellos de castas bajas son sacadas adelante. Los grupos económicamente débiles, como los que carecen de tierra y los pastores, son en gran parte excluidos también de los beneficios.

En muchos proyectos de pequeña escala, objetivos tales como la regeneración técnica y ambiental parecen más importantes que los aspectos de equidad y justicia social. Ellos optan por comunidades homogéneas o se centran en un grupo ya articulado (poderoso). Así, a pesar de las frecuentes buenas intenciones para asegurar la participación e igualdad, tales proyectos se construyen sobre relaciones sociales y de poder sesgadas.

El siglo veintiuno verá posiblemente muchos proyectos de cuenca a nivel micro. A pesar de la ola de ideas sobre el desarrollo de cuencas, existe el peligro de que se ignoren los problemas de las diferencias sociales.

Enfoques alternativos

¿Cómo puede evitarse este problema? Evidentemente, la viabilidad social de un proyecto es precisamente tan importante como su viabilidad técnica y quizás las estimaciones socioeconómicas deberían preceder a las técnicas. Uno debería asegurar que los grupos marginados participen otorgándoles más poder en el contexto de una intervención y estableciendo solidaridad con ellos desde el inicio. Estas vinculaciones son agresivamente partidistas. A través del partidarismo agresivo, grupos que de otra manera serían excluidos podrían ser considerados explícitamente como objetivo (Mehta 1997). Una alternativa sería optar por el proceso más sutil pero prolongado de negociar entre actores sociales dentro y fuera de las comunidades.

A través de este proceso de negociación, los puntos de conflicto pueden ser expuestos y trabajados sistemáticamente de comienzo a fin (Leach, Mearns y Scoones, 1997).

Lyla Mehta, Institute of Development Studies, University of Sussex, Brighton BN1 9RE, UK

Referencias

- Biswas A. y El-Habr HN (eds) 1993. International Joumal of Water Resources Development. V9, 2: 117-125. (Edición especial, Environment and Water Development: Some Critical Issues).

- Leach MR, Meams R. y Scoones I. 1997. Institutions, Consensus and Conflict. Implications for Policy and Practice. IDS Bulletin, 28,4:90-95. - Mehta L. 1996. Water, Difference and Power. Kutch and the Sardar Sarovar Project. IDS Working Paper 54, Brighton: Instituto de Estudios del Desarrollo.

- McCully P. 1996. Silenced Rivero. The Ecology and Politics of Large Dams. Londres: Zed.