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Sáb, Feb

Reflexiones y acciones de mujeres de la Red de Agricultores Investigadores de Chuquisaca Bolivia. Más allá de la reproducción, los cuidados y la alimentación

volúmen 36, número 1
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En el marco de un proyecto de desarrollo en Chuquisaca, Bolivia, una serie de organizaciones trabajan con mujeres campesinas para visibilizar e incluir su papel históricamente excluido de los procesos de investigación y producción. El objetivo es el empoderamiento de las mujeres agricultoras en la defensa de prácticas que desafían a los sistemas patriarcales.


En el área rural muchas investigaciones se han enfocado en visibilizar los múltiples roles de las mujeres, como el cuidado de hijas e hijos, las tareas del hogar, la preparación de alimentos, el tejido, el rescate de especies vegetales y la crianza de animales menores, entre otros. A su vez, se destaca a las mujeres como almacenadoras y productoras de semillas y especies nativas; es decir, como guardianas de la diversidad y sostenibilidad planetaria. No obstante, las mujeres rurales también cumplen otros roles invisibilizados, como el de investigadoras innatas y generadoras de conocimiento práctico y endógeno. En muchos casos realizan estas actividades sin abandonar roles prestablecidos y trabajos no remunerados con los que subsisten. Además, las mujeres rurales buscan la forma de fortalecer e incrementar saberes, aptitudes y habilidades vinculadas a estudios formales o informales. Este camino de aprendizaje representa un doble o triple esfuerzo. Sumado a esto, se encuentra el patriarcado presente dentro y fuera de los hogares.

En febrero de 2016, el Programa Colaborativo de Investigación sobre Cultivos (CCRP por sus siglas en inglés) de la Fundación McKnight, junto al grupo Medios de Vida y Agroecología (ALC por sus siglas en inglés) de la Universidad de Vermont (EEUU) y la Fundación Valles (Bolivia), promueven el establecimiento y fortalecimiento de la Red de Agricultores Investigadores (RAI) en Chuquisaca, Bolivia. El objetivo de establecer una red mediante un proceso de investigación acción participativa (IAP) para la transición agroecológica (TA) fue que, mediante esta RAI-IAP, se pueda responder a los complejos problemas y diversos sistemas de la agricultura familiar campesina presentes en Chuquisaca, Bolivia.

El proceso RAI-IAP se vinculó con el proyecto, establecido desde 2010 por la Fundación Valles, de producción, procesamiento y comercialización de maní orgánico en el departamento Chuquisaca, Bolivia. También participó en el proceso de la RAI-IAP una estudiante doctoral de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, España, con el propósito de facilitar, analizar y compartir la experiencia.

Es necesario mencionar que este proceso ha incluido metodológicamente la investigación acción participativa feminista (FPAR por sus siglas en inglés) que busca explícitamente incluir o ampliar las voces que han estado históricamente excluidas de los procesos de investigación (mujeres), así como garantizar horizontalidad y rigurosidad en los ciclos interactivos que integran investigación, reflexión, acción y transformación.

La FPAR tiene como objetivo empoderar a las mujeres como defensoras y autoras de soluciones que desafían a los sistemas patriarcales. El propósito es la búsqueda de cambios estructurales que las mujeres identifican como fundamentales. En la investigación, las participantes no son objeto de estudio, sino que ellas mismas integran el equipo que la realiza. En ese sentido, establecen la agenda, participan en la recopilación y análisis de datos, y controlan el uso de los resultados, incluida la decisión de acciones futuras (Amat Francisco y otras, 2015).

Los principales principios del FPAR son: a) la investigación da voz a mujeres como expertas y autoras de sus propias vidas y decisiones; b) la investigación busca reconstruir los desequilibrios de poderes tradicionales; y c) la investigación en sí mismo debe ser un proceso colectivo y empoderar a las mujeres para ser actoras de cambios estructurales a largo plazo (Amat Francisco y otras, 2015; APWLD, 2014).

En el proceso de la RAI-IAP han participado mujeres con historias de vida particulares, quienes han combinado roles de reproducción, cuidado y preparación de alimentos con la búsqueda común para fortalecer sus conocimientos tanto en la educación formal como desde la práctica del “aprender-haciendo”. Los aportes de conocimiento, posiciones y acciones de las mujeres al proceso de la RAI-IAP han sido trascendentales, permitiendo su implementación y posiblemente un escalamiento acelerado de las investigaciones agroecológicas en red.

El presente artículo realizará una breve explicación de las principales características del proceso RAI-IAP: quiénes lo integran, los ciclos de investigación realizados y reflexiones en torno a desafíos, estrategias y acciones de mujeres que participan en calidad de estudiantes, investigadoras locales, investigadoras facilitadoras y colaboradoras externas en la red de agricultoras y agricultores investigadores.

Principales características del proceso RAI-IAP

El proceso RAI-IAP se ubica en Bolivia, en el departamento de Chuquisaca, y se desarrolla en las comunidades de Achiras y Urriolagoitia, en el municipio de Villa Serrano, y Garzas Grande, Limabamba Bajo y Mosoj Llajta, en el municipio de Alcalá. El número de afiliadas y afiliados es de 20 en Achiras, 32 en Garzas Grande, 30 en Limabamba Bajo y 40 en Mosoj Llajta.

En estas comunidades existen sistemas diversificados de cultivos como el frijol (Phaseolus vulgaris), el lacayote (Cucurbita ficifolia), el camote (Ipomoea batatas), el maíz (Zea mays),
el maní (Arachis hypogaea), la papa (Solanum tuberosum) y el ají (Capsicum annuum). A su vez, se integra la ganadería (bovina, porcina, ovina, caprina y avícola) al sistema productivo tanto para abonar los suelos como para la alimentación de la familia campesina.

De forma general, la RAI-IAP representa un proceso continuo que durante el periodo 2016-2019 se ha dividido en cuatro fases. La primera analizó el contexto del territorio e implementó un proceso de investigación piloto. La segunda investigó cinco temas interrelacionados con el ciclo del cultivo de maní. La tercera construyó y aplicó la herramienta participativa Radiografía Agroecológica para analizar el estado de fincas en las dimensiones ecológica-productiva, económica-participativa y cultural-organizativa. En la cuarta fase se establecieron tres líneas de investigación: diseño e implementación de corrales de gallinas criollas, monitoreo de insectos en fincas, y salud de suelos y paisajes agrícolas.

En el desarrollo de las cuatro fases participa un total 52 agricultoras y agricultores investigadores en parcelas (12 mujeres y 40 varones), quienes identifican problemas agroproductivos, diseñan investigaciones, recolectan información en sus parcelas de acuerdo a sus condiciones cotidianas de producción agrícola y reflexionan en torno a resultados parciales o finales, y nueve agricultoras y agricultores de apoyo (cinco mujeres y cuatro varones), quienes no realizan experimentos en parcelas, pero participan en las discusiones de diseños y avances de investigación. Las investigaciones se enmarcan en los ciclos de producción anual. Por ello, el análisis parcial de resultados se refiere a reflexiones durante el ciclo productivo y el análisis final se refiere a reflexiones terminado el ciclo de producción anual.

Al mismo tiempo, se involucran en este proceso cuatro profesores y 12 estudiantes de las extensiones de Villa Alcalá y Villa Serrano, parte de la carrera de Producción Agropecuaria de la Universidad Mayor Real Pontificia de San Francisco Xavier de Chuquisaca (USFX), dos investigadores del grupo ALC, un técnico de campo de Fundación Valles y tres asesores externos del Programa Colaborativo de Investigación en Cultivos de la Fundación McKnight.

Investigaciones: el poder de lo invisible se encuentra en la construcción de lo inimaginable

El presente apartado explica brevemente las investigaciones realizadas sin profundizar en cada una de ellas, pues no es el propósito de este artículo. No obstante, es importante mencionar que todas las investigaciones se realizaron junto con agricultoras y agricultores investigadores, y los temas de investigación fueron propuestos por ellas y ellos. Al mismo tiempo, no se cambiaron sus prácticas agropecuarias y se respetaron sus propias innovaciones.

En la campaña agrícola 2016-2017, 64 agricultoras y agricultores de cuatro comunidades determinaron que las larvas o lakatus de coleóptero son uno de los problemas prioritarios por investigar en el cultivo de maní. Es así que, entre febrero y agosto de 2017, alrededor de 21 agricultores y agricultoras investigadores en parcela (tres mujeres y 18 varones), junto a 10 estudiantes y un técnico de campo, monitorearon mensualmente la presencia de larvas en parcelas de maní.

Para la segunda campaña agrícola (2017-2018) se desarrollaron cinco temas de investigación múltiple durante todo el ciclo del cultivo de maní. Un total de 51 agricultoras y agricultores investigadores en parcela (12 mujeres y 39 varones), 19 agricultoras de apoyo, 10 estudiantes (cinco mujeres y cinco varones) y un técnico de campo realizaron estas investigaciones. Para esto se implementó un sistema de manejo de información e integración de datos en red que permitió proporcionar resultados y analizarlos de forma individual, grupal y en red. Cada una de estas investigaciones se sistematizaron como monografías y se entregaron a cada comunidad. En el siguiente enlace pueden verse mayor explicación las investigaciones realizadas y los resultados: https://arcg.is/G9Cj8  

Al mismo tiempo, en abril de 2018 se desarrolló la herramienta denominada por la RAI-IAP Radiografía Agroecológica (ver https://arcg.is/1qXCa5), que tenía como propósito conocer y reflexionar sobre el estado agroecológico de las fincas en su contexto y según sus dimensiones ecológica-productiva, económica-participativa, cultural-organizativa.

En la tercera campaña (2018-2019) las investigaciones realizadas en las campañas agrícolas durante el periodo 2016-2018 y las reflexiones sobre los resultados de la Radiografía Agroecológica permitieron establecer tres líneas de investigación vinculadas directamente a la dimensión ecológica-productiva, pero con influencia en las dimensiones arriba mencionadas. Estas líneas son: a) diseño e implementación de corrales de gallinas criollas, b) monitoreo de insectos en fincas, y c) salud de suelo y paisaje agrícola. En cada una de estas líneas de investigación participaron 22 agricultoras y agricultores investigadores (siete mujeres y 17 varones), y se contó con el apoyo de dos investigadoras y un investigador locales, quienes son hijas e hijo de agricultores y agricultoras de las comunidades donde actúa la RAI-IAP y, a su vez, estudiantes de las extensiones universitarias (Villa Serrano y Villa Alcalá). También participan profesores de las extensiones universitarias en la orientación académica a estudiantes dentro de las líneas de investigación, quienes son también vínculo académico horizontal y colaborativo con la RAI-IAP.

Desafíos y estrategias: ser mujer y madre no impide ser investigadora

Si bien todo el proceso de investigación se realizó con múltiples actores, niveles y roles, es importante ahora presentar los desafíos, estrategias y acciones de las mujeres que participaron en el proceso RAI-IAP, a partir de la reflexión de las autoras de este documento en torno a preguntas planteadas.
Las respuestas fueron analizadas, lográndose sistematizar hallazgos interesantes que permiten tener ideas concretas sobre las motivaciones de la mujer para continuar contribuyendo en la construcción de conocimientos, así como de los problemas estructurales que en la cotidianidad deben sortear, especialmente en la relación mujer-varón. Por ello, a continuación se exponen algunos de los hallazgos.

Ser investigadoras requiere mucha responsabilidad y compromiso para seguir aportando y buscando alternativas agroecológicas en los distintos territorios, así como coexistir con poderes implícitos y explícitos en nuestros hogares, comunidades e instituciones, con estructuras patriarcales, jerárquicas, individualistas y de explotación.

Sabemos, por ejemplo, que existen instituciones (universidad, ONG, gobiernos locales y comunidades) que no ven viable la agroecología en los territorios, conservan sus estructuras jerárquicas de poder y excluyen a las mujeres de los procesos, manteniéndolas en condiciones de desigualdad. Entendemos también que continuamente llegan personas a las comunidades proponiendo proyectos de “arriba hacia abajo”, estructurados sin opinión de actores locales y sin la construcción colectiva en función de las necesidades de la gente, especialmente de las mujeres adultas mayores y jóvenes.

Sabemos, además, que diariamente escucharemos mensajes de discriminación y machismo como: “Dudo mucho que uno de los objetivos de investigación haya sido cambiar la forma de actuar de nuestro personal y, más aún, que ella sea la persona idónea para intentar hacer este cambio”, “Integren a estudiantes hombres, las mujeres no son buenas para salir a campo”, “Licenciada, usted vino acompañando al ingeniero”, “Por seguridad no me subo en un carro que maneja una mujer”, “¿Cuándo va a tener hijos?”, “No puedo ver a la mujer haciendo cosas de hombre”, “¿Cuándo consigue marido para que le ayude en la agricultura?”, “Ya no se pueden tener hijos porque la ley respalda a las mujeres”, etc.

Asimismo, reconocemos que si estamos solas corremos riesgo y, en muchos casos, para trasladarnos de un lugar a otro, requerimos de la compañía de una persona de confianza, estar en grupo y mantener constante comunicación entre nosotras y nuestra familia. Si bien nos quedan muchas habilidades por expresar, en los espacios de reflexión individuales y colectivos nos hemos dado cuenta de que, en la práctica, muchos cambios estructurales requieren de tiempo y estrategias planteadas en un proceso continuo de reflexión-acción-transformación.

Entre las estrategias utilizadas, tuvimos que comenzar por lo individual y vencer nuestros temores: miedo a hablar, a equivocarnos, a lo desconocido. Poco a poco fuimos sacando fuerzas para dialogar con otras personas, ganar confianza, plantear nuestras ideas y confiar en lo que hacemos y creemos. También nos fue imprescindible mejorar nuestros conocimientos y habilidades en computación, sistemas de información, manejo de datos, análisis de suelos, manejo de insectos, identificación entomológica, redacción y síntesis de documentos, entre otras.

Facilitar un proceso de investigación en zonas rurales no es tarea fácil; implica horas de movilización por caminos poco transitados y en mal estado, y horarios flexibles sin hora fija para la comida o tiempo para preparar alimentos. Por lo tanto, se necesita de negociaciones constantes en múltiples niveles para gestionar la alimentación, el cuidado de hijos e hijas, las tareas del hogar y el tiempo en familia.

Para impulsar diálogos horizontales y reducir los poderes simbólicos, se solicitó que a todos se nos llame por el nombre sin usar título académico. Además, se buscaron constantemente espacios que garantizaran la participación horizontal, el respeto y la valoración de opiniones de las y los participantes, especialmente de las mujeres.

El cuidado de niños y niñas reduce la participación activa de las mujeres, de forma que se implementaron espacios lúdicos para infantes en talleres y reuniones. Al mismo tiempo, durante los recorridos a fincas, reuniones y eventos de la RAIIAP, niños y niñas acompañaron a agricultoras investigadoras, investigadoras locales y estudiantes, logrando integrarlos al proceso.

En algunas oportunidades, cuando las mujeres agricultoras tenían que ausentarse para cocinar alimentos, alguien de la facilitación acudía al espacio de cocina para informar los temas tratados.

Nosotras: aportes para una agricultura consciente y sin veneno

Para nosotras, la RAI-IAP es un proceso de construcción colectiva en el que cada persona aporta “saberes y haceres” que se entretejen con las experiencias particulares de cada persona, sin que importe el género, la etnia o la nacionalidad.

No obstante, es importante resaltar que la principal contribución de las mujeres que son parte de RAI-IAP es, sin lugar a duda, su participación, no como espectadoras, sino como parte de este proceso. En un inicio algunas de nosotras comenzamos a formar parte en calidad de estudiantes y, a medida que avanzó el proceso, nuestro rol fue mutando y pasamos a realizar múltiples tareas: choferes, administradoras, tutoras, pintoras, recolectoras de insectos, especialistas en análisis de suelos, entre otras. Esta multifuncionalidad compartida, al igual que en el caso de las mujeres agriculturas investigadoras que son parte de la RAI-IAP, combina estas acciones con procesos de autoformación, tareas del hogar (cuidado y alimentación) y actividades agrícolas. Así, desde la praxis demostramos que pese a esta multifuncionalidad es viable hacer investigación en agroecología, generando conocimiento útil para nuestra familia y nuestras comunidades.

Entre las contribuciones generales de las estudiantes mujeres que participaron voluntariamente en la RAI-IAP en calidad de pasantes, podemos contar la facilitación de las investigaciones junto con agricultoras y agricultores investigadores, el registro sistemático de datos en campo y la sistematización de investigaciones en monografías. Además, después de terminar sus estudios en diciembre de 2018, continuaron como investigadoras locales a cargo de las líneas de investigación relativas al monitoreo de insectos y al manejo y la salud del suelo y paisaje agrícola.

Asimismo, gracias al trabajo realizado por estas investigadoras locales durante 2019, la Extensión Universitaria de Alcalá cuenta hoy con una “biblioteca” de insectos. Todas las muestras recolectadas se han registrado, fotografiado y montado en cajas entomológicas para una posterior identificación. Así, agricultores, estudiantes y técnicos de ambos sexos pueden acceder a información de insectos presentes en la zona. Además, se han dejado bases para establecer un sistema de alerta temprana junto con las agricultoras y los agricultores investigadores.

Al mismo tiempo por cuenta la investigadora local se adaptaron protocolos para analizar in situ las características físico-químicas del suelo (pH, materia orgánica, textura y estructura) y examinarlo en el laboratorio rural (P, N, C activo, densidad real y aparente, materia orgánica particulada). Y también se han establecido las bases para generar planes de manejo de salud de suelo y paisaje a nivel de finca, todo esto al lado de las agricultoras y los agricultores investigadores.

Finalmente, la participación de mujeres en este proceso ha ayudado a que se tenga una visión holística del mismo, pues existen mujeres que son investigadoras innatas y sus aportes han contribuido con conocimientos prácticos y endógenos. Por ejemplo, las agricultoras investigadoras determinaron que el empalado y la selección de semillas se considere como una actividad importante dentro del cultivo de maní, actividad que no estaba considerada por los agricultores varones. Además, para el diseño de corrales para gallinas criollas plantearon la necesidad de un espacio para los pollitos, así como la necesidad de realizar un estudio de mercado. Estos aportes dan cuenta de una visión de la sostenibilidad del sistema agroecológico, del cual ellas tienen muchos conocimientos. No obstante, cabe resaltar que para generar transformaciones estructurales en el modelo de producción de alimentos y conocimientos no basta con integrar a las mujeres dentro de estos procesos; por el contrario, se requiere un análisis profundo del poder presente en los procesos y territorios.

María Rosa Yumbla
Estudiante de PhD. en la Universidad Pablo Olavide e investigadora asociada grupo Agroecología y Medios de Vida (ALC) de la Universidad de Vermont.
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Carolina Valencia
Investigadora local, responsable del laboratorio rural de suelo de la extensión universitaria de la USFX.
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Nelly López
Investigadora local, responsable del laboratorio rural de entomología extensión universitaria USFX.
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Roxa Haro
Colaboradora externa.
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Referencias