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Lun, Jun

Las montañas en la agroecología y la alimentación

volúmen 33, número 1
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Vaquería, Ecuador. Antonio Chamorro (ver artículo en p. 20)

En 1996 el primer número de leisa revista de agroecología se enfocó en el tema “Montañas en equilibrio”. Tanto las experiencias como las reflexiones publicadas entonces, enfatizaban la importancia de las montañas como generadoras y proveedoras de agua e invalorables depositarias de biodiversidad, por lo que son ecosistemas cruciales para la subsistencia del ser humano. Pero sobre todo se destacaba el hecho de que la población que habita en las montañas guarda y aplica un gran acervo de conocimientos y prácticas que le ha permitido vivir y producir en ecosistemas de gran estrés climático por sus características geoecológicas. Sin embargo, su histórico abandono social y su lejanía de los centros poblados situados a menor altura –especialmente en el caso de las comunidades que viven y producen a más de 3 800 m s.n.m.– han mantenido a estas poblaciones en condiciones de pobreza; algo que se comprueba día a día por la identificación en las estadísticas oficiales, que muestran que entre las poblaciones rurales con mayor pobreza están las que viven en la alta montaña. No obstante, la opinión de Hans Carlier –con experiencia de trabajo en Nepal, Kenia, Perú y Ecuador– en nuestra primera edición (julio de 1996) era que las montañas son “Una montaña de oportunidades”, porque “...la misma gente del lugar tiene la clave para el desarrollo sostenible, no los de afuera”, y resaltaba la importancia de que esto fuera reconocido antes de que se perdiera.

¿Qué ha pasado en los 20 años transcurridos desde entonces? Según las experiencias que publicamos en este número 33-1, gracias al diálogo intercultural muchas comunidades campesinas de montaña han logrado autoreconocer el valor actual de su propio conocimiento y saber-hacer, y se ha venido desarrollando sinergia entre los agricultores campesinos y los técnicos y profesionales de campo, lo que ha permitido el reconocimiento del valor del conocimiento local. Como decíamos en leisa 32-1, es un proceso de cocreación de conocimiento: un producto para la validación y/o innovación de la práctica agropecuaria, especialmente donde el cambio climático constituye una amenaza para las posibilidades de sustento de la población y su importante labor en la conservación de la biodiversidad y de las condiciones que permiten llamar a las montañas nacederos de agua. Tal es el caso en los Altos de Chiapas, México (Alemán, p. 7), donde las amenazas climáticas no son las más peligrosas para la sostenibilidad de las funciones de servicios ecosistémicos que cumplen estas montañas, sino las decisiones políticas externas que aún persisten. Una experiencia importante de diálogo intercultural y cocreación de alternativas innovadoras para el manejo de un agroecosistema en un paisaje andino de la sierra central del Perú la presenta el grupo Yanapai (Meza y otros, p. 15).

Como introducción a la importancia de los ecosistemas de montaña publicamos ahora un artículo de opinión (Postigo, p. 5), y también dos experiencias de proyectos que se realizan como parte de programas internacionales que han asumido acciones concretas para viabilizar la significativa función de las montañas en la estrategia de adaptación al cambio climático (Fernández-Baca, p. 23), así como para la nutrición de las poblaciones que habitan en ellas y donde la agroecología es la base para la producción de alimentos (Flores, p. 25).

La convocatoria para este número, “Los ecosistemas de montaña en la agroecología y la alimentación”, ha buscado enfatizar la relación entre la importancia de las montañas para la sostenibilidad de la vida en el planeta y la agroecología como alternativa viable para la producción sostenible de alimentos y la conservación de las importantes funciones que cumplen los agroecosistemas biodiversos, característicos de la agricultura familiar campesina. La agroecología es una propuesta contemporánea con base en la ciencia ecológica y el reconocimiento del valor del saber local, el cual se nutre de siglos y siglos de práctica y reflexión, ensayo y error.