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Vie, Jun

Comentario a informe UNESCO-SCOPE-UNEP: “Ganadería en un paisaje cambiante”

Volumen 26, número 1
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Es cada vez mayor el reconocimiento del importante rol que le toca cumplir a la producción agropecuaria campesina en la producción de alimentos y en el mantenimiento de la seguridad alimentaria de las poblaciones locales del mundo, en especial de los países pobres. Sin embargo, muchas veces se pasa por alto que este tipo de producción no se sustentaría sin el binomio animal-cultivo. Muestra de este reconocimiento es el informe “Ganadería en un paisaje cambiante” (Livestock in a Changing Landscape; UNESCO, SCOPE, UNEP; abril 2008), producto del trabajo encargado a un grupo de expertos internacionales. La lectura del informe motivó los comentarios que aquí publicamos.

Crianza de gallinas en traspatio familiar (Lagoa Seca, Brasil) / Foto: Archivos AS-PTA, Brasil

El incremento de la demanda de productos ganaderos constituye un gran desafío para la humanidad. La tendencia al mayor consumo de proteína animal responde al aumento del poder adquisitivo de una parte de la población mundial y provoca el desplazamiento de la producción agrícola (granos proteínicos) para alimento animal que, junto a la producción de biocombustibles, amenaza a la seguridad alimentaria. Por las proporciones en que esto ocurre, esta situación impone un dilema ético a nivel global: millones de animales consumen los alimentos a los que millones de personas no tienen acceso. Recientemente la FAO reconoció que por primera vez más de mil millones de personas sufren hambre en el mundo (FAO, 2009). No hay dudas de que la producción animal seguirá siendo básica para el desarrollo, pero ¿cómo satisfacer la demanda de productos pecuarios, disfrutar los beneficios que ofrecen los animales, realizar una distribución justa y, a la vez, preservar los recursos naturales?

El informe UNESCO-SCOPE-UNEP nos presenta escenarios alarmantes sobre el impacto negativo de los modelos ganaderos imperantes, a los que declara responsables de contaminar el medioambiente, provocar la pérdida de biodiversidad y poner en riesgo la salud humana. Tres cuestiones fundamentales podrían asociarse al origen de estos fenómenos y no son suficientemente abordadas en este informe:

La concentración de la producción: tanto en grandes empresas, como a través de los tentáculos de corporaciones transnacionales que controlan las cadenas de valor de los alimentos, la producción ganadera ha experimentado un progresivo proceso de concentración. El dramático incremento de los monocultivos alrededor del mundo contribuye a una creciente “desertificación verde” (Altieri, 2009) a través de variedades de granos modificadas genéticamente. En octubre de 2009, el relator especial en Seguridad Alimentaria de la ONU planteó la preocupación de esta organización por la concentración del 67% de la producción de semillas en manos de apenas 10 compañías transnacionales. Más de 120 millones de hectáreas en el mundo se encuentran plantadas de cultivos transgénicos, fundamentalmente de soya y maíz, empleados para la alimentación animal o la producción de biocombustibles. Esto constituye una amenaza a la agrobiodiversidad y provoca la destrucción de los sistemas agrícolas tradicionales, que han mostrado ser resilientes al cambio climático, a favor de sistemas agrícolas industriales, altamente dependientes y frágiles.

Desplazamiento de los pequeños agricultores: los pequeños agricultores han sido desplazados por un modelo implantado que se sostiene a base de subsidios y especulación comercial, que requiere más energía y recursos de los que produce y que es, en esencia, depredador de recursos naturales (Pimentel, 2004). Los paquetes tecnológicos asociados a los transgénicos, la fase más reciente de ese modelo, provocan la quiebra de las economías locales y atan de pies y manos a los agricultores, quitándoles su capacidad de innovar y adaptarse a los continuos cambios en el clima, la economía y la política global. A pesar de ello, los sistemas diversificados de producción animal a pequeña escala siguen cumpliendo un papel indispensable para la producción sostenible de alimento animal y son un sector determinante que contribuye a la seguridad alimentaria de la población mundial.

Falta de integración animales-cultivos: la especialización de la producción animal ha derivado en problemas que se asocian a su ineficiencia intrínseca, la dependencia de insumos alimentarios externos y la generación de grandes cantidades de residuos que tienden a ser inmanejables. La ganadería es ineficiente pues los animales, al ser organismos heterótrofos, requieren mayor cantidad de energía y proteína en forma de insumos por unidad de producto (carne, leche, huevos u otros). Por ejemplo, un cerdo necesita consumir alrededor de 4 kg de proteina por cada kilogramo de proteína producida y 19 unidades energéticas por cada unidad producida (García-Trujillo, 1996). Para mantener una producción ambientalmente sana es necesario desarrollar un enfoque que apunte a la autosuficiencia alimentaria local en vez de la desmedida producción para los mercados de exportación que deforman las economías y las hacen dependientes y frágiles.

En conclusión: 1) necesitamos sistemas de producción animal descentralizados y ambientalmente más apropiados; 2) la demanda no debe ser en sí misma la guía para el desarrollo de los sistemas de producción, pues la réplica de los hábitos de consumo del primer mundo nos conducen a un callejón sin salida; 3) es indispensable proporcionar el apoyo necesario para evitar la competencia desleal y la presión que ejercen las grandes empresas transnacionales a los pequeños agricultores; y 4) aún hay mucho por hacer para que la ganadería juegue su papel fundamental en la intensificación sostenible de la producción de alimentos. Mientras que la ganadería industrial muestra un modelo agotado y cada vez más riesgoso ante la economía, la ecología y la sociedad, los sistemas ganaderos agroecológicos ofrecen innumerables vías para lograr este objetivo.

Fernando Funes Monzote
Estación Experimental “Indio Hatuey”, Cuba
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Referencias
- Altieri, M.A., 2009. Green deserts: Monocultures and their impacts on biodiversity. En: Emanuelli, M.S., J. Jonsén, y S. Mosalve. Red sugar, green desserts. Fian International, pp. 67-76.
- FAO, 2009. El número de víctimas del hambre es mayor que nunca. Comunicado de prensa, 15 de junio de 2009. Disponible en: http://www.fao.org/fileadmin/user_up...%20june-es.pdf
- García Trujillo, Roberto, 1996. Los animales en los sistemas agroecológicos. ACAO, La Habana, Cuba.
- Pimentel, David, 2004. Livestock Production and Energy Use. Encyclopedia of Energy, Vol. 1, Elsevier, Ámsterdam. pp. 671-676.