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09
Vie, Jun

De una vieja semilla nace una nueva

Volumen 25, número 2
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Desde el año 2004, cuando me suscribí a LEISA Magazine, la hemos estado recibiendo en la oficina.

La recibimos con regularidad (aunque por lo general llega varias semanas después de haberse publicado), y la compartimos entre todos los miembros del personal. Aunque he disfrutado todos los números, estuve particularmente impresionado por LEISA 23.2. La portada, que muestra a un jefe de familia rodeado por una gran variedad de semillas, me llamó la atención al recordarme los días en que ayudaba a mis padres viajando largas distancias para encontrar semillas. El título de ese número, “Garantizando el suministro de semillas”, me pareció especialmente relevante debido a los problemas que enfrentábamos en ese momento –y que aún debemos enfrentar– en Camerún. Leyendo los diferentes artículos, me alegré al encontrar el que había sido escrito por Vanaja Ramprasad, titulado “Bancos comunitarios de semillas para mantener la diversidad genética”. Inmediatamente sentí que podíamos presentar un proyecto para desarrollar bancos de semillas en nuestra región.

La Región Suroeste tiene una población agrícola de 35.000 personas, pero los bajos niveles de producción y rendimiento disminuyen la seguridad alimentaria. Muchas organizaciones nacionales e internacionales se ocupan de proyectos y programas cuyo objetivo es combatir la inseguridad alimentaria. No muchos de ellos, sin embargo, abordan lo que vi en este artículo, y el hecho de que la suficiencia alimentaria empieza con aquello que se siembra. Citando un dicho popular, “lo que se siembre se reflejará sin duda en la cosecha”.

Sin que hubiese la necesidad de alentarlos demasiado a hacerlo, en una semana todo el personal de INAPA había leído el artículo. Entre setiembre de 2006 y febrero de 2007 organizamos una serie de sesiones de discusión con representantes de los diversos grupos de agricultores. Estos incluyeron el grupo Unity Farmers en Bonduma, el Grupo de Mujeres Nkongleh en Soppo, la Unión de Autoayuda en Dibanda, el Grupo de Mujeres Rurales ABUET en Great Soppo, y más de 30 agricultores individuales de la región. Las sesiones fueron utilizadas para analizar las principales limitaciones que los agricultores deben enfrentar cuando se trata de semillas. Por ejemplo, el adquirir semillas de buena calidad, su almacenamiento y la preferencia por semillas nativas tradicionales. Las discusiones nos permitieron tener una idea más clara de la situación. Los agricultores mencionaron que las semillas son caras y difíciles de conseguir, especialmente en zonas remotas como Mamfe, Munyenge, Lobe, Manyemen o Bangem. También examinamos problemas relacionados, tales como la mano de obra: es muy raro que los agricultores trabajen en grupo y son reacios a trabajar con el personal de extensión. Consideramos la experiencia descrita por la señora Ramprasad como un ejemplo digno de seguir y nos tomamos un tiempo para examinar las posibilidades de establecer un banco comunitario de semillas en nuestra región siguiendo el mismo enfoque. Pensamos que sería útil conseguir la participación de otras organizaciones, de manera que me contacté con el señor Etengeneng Thaddeus Ayuk, representante local del Programa Nacional de Extensión e Investigación Agrícola (NAERP), la señora Tarkang Pamela, Directora Ejecutiva del Grupo de Acción Dinámica, Bomaka (una ONG que trabaja en áreas rurales con los menos privilegiados), la señora Forcha Angelina del Grupo de Mujeres Rurales ABUET, el señor Ndah Michael de AGROPAC-CIG Dibanda, y varios extensionistas que trabajan para NAERP. De los resultados de todas estas reuniones y discusiones surgió un documento de trabajo titulado “Semillas para todas las familias”. Elaboré un plan de acción, bosquejé una propuesta de proyecto y lo presenté a quienes habían participado en las discusiones. Desde entonces este documento ha sido mi bastón filosófico.

Formamos luego un comité que incluyó a las diferentes personas e instituciones con quienes nos habíamos contactado. Este comité se puso a trabajar inmediatamente en la identificación de lugares en los que se pudieran construir los bancos de semillas. Entre marzo y setiembre de 2007, este comité se ocupó de apoyar a productores individuales y sus grupos agrícolas, y de seleccionar semillas y esquejes de buena calidad (que serían luego tratados y almacenados en sus comunidades respectivas). El comité también ha monitoreado el progreso del proyecto, midiendo el aumento en la cantidad de tierras cultivadas y el incremento en cuanto a rendimiento y producción. Hemos estado interesados en documentar de dónde provienen las semillas y también en comparar resultados (tales como la incidencia de plagas). También hemos informado sobre las principales dificultades que los agricultores deben enfrentar. Entre estas se incluyen la falta de materiales e insumos, el alto costo de construir instalaciones para el almacenamiento, combatir ratas y otros roedores en los graneros locales, o la necesidad de cursos de capacitación y mayor apoyo de extensión. A través de este comité también hemos alentado el intercambio de información entre agricultores.

Los resultados han sido, en general, positivos. El Sindicato de Productores de Semillas de Maíz, con 78 miembros, produjo más de 106 toneladas de semillas de maíz, las cuales fueron vendidas al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MINADER) y luego distribuidas a los agricultores de la región. Los Productores de Semillas de Maní de Esimbi, con 17 miembros, produjeron más de 20 toneladas de semillas de maní, la mayoría de las cuales fueron vendidas en mercados locales. Otros grupos pudieron producir plántulas de plátano, gombo (Abelmoschus esculentus) y otros vegetales. La mayoría de los grupos, sin embargo, encontró dificultades para el almacenamiento y tuvo que depender de graneros construidos localmente. Cinco grupos utilizaron habitaciones en las casas de algunos de sus miembros. Otro problema fue la utilización de metodologías de secado solar mediante el uso de esteras de bambú. Hay problemas que requieren de acción adicional, para los que se está buscando actualmente la ayuda del Delegado Regional de Agricultura y Desarrollo Local.

Un banco comunitario de semillas
Como resultado de las muchas ventajas de los bancos comunitarios de semillas, y su relativa simplicidad, estos bancos se están volviendo populares en las regiones rurales de muchas partes del mundo. Citando a Vanaja Ramprasad, “un banco comunitario de semillas funciona de forma muy parecida a un banco comercial. Las transferencias, sin embargo, no se dan en dinero sino en semillas”. Por lo general todos los agricultores de una comunidad dada tienen acceso a ellos, convirtiéndose en socios mediante el pago de una cuota simbólica anual. Las semillas son proporcionadas sin costo alguno a todos aquellos que están interesados en una variedad o especie en particular. Los socios de los bancos siembran estas semillas y, después de la cosecha del cultivo, devuelven al banco una cantidad doble de las semillas que les fueron entregadas inicialmente. Estas son almacenadas y proporcionadas a otros socios. Estos bancos no necesitan edificaciones especiales, pero sí deben contar con buenas instalaciones para el almacenamiento de las semillas. Ejemplos típicos de banco de semillas son los cobertizos elevados de bambú construidos para preservar ñames (Dioscorea spp.). Se pueden almacenar semillas de otro tipo en repisas dentro de latas, frascos de vidrio, tazones de aluminio o contenedores de plástico, todos ellos bien sellados y etiquetados. Todos los participantes deben asumir responsabilidades específicas, tales como tratar las semillas antes de almacenarlas. Por ejemplo, solo deberán seleccionarse para su almacenamiento semillas saludables y libres de plagas, y los socios deben ser responsables de tratarlas con insecticidas u otros medios. También deberán asegurarse de que las semillas estén completamente secas antes de almacenarlas, y que sean etiquetadas adecuadamente de manera que su origen pueda ser localizado con fines de investigación o documentación.

 
 
Awudu Ngutte