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05
Mar, Dic

El Sistema de Intensificación del Cultivo del Arroz y sus implicancias para la agricultura

Volumen 22, número 4
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El Sistema de Intensificación del Cultivo del Arroz (SICA) está brindando nuevas perspectivas sobre la agricultura “moderna” y sus alternativas agroecológicas. Que algo sea creído o practicado por muchas personas no significa necesariamente que sea verdad o la mejor manera de hacer las cosas. Estar abiertos a nuevas evidencias y nuevas ideas es esencial en el mundo contemporáneo.

Integrantes de un grupo autogestionario intercambian ideas / Foto: Edwin van der Maden

Viejas verdades agrícolas reconsideradas
Veinte años atrás, cualquiera de las dos siguientes aseveraciones hubiera causado sorna o consternación: “Los agricultores no necesitan arar sus tierras para obtener los mejores resultados”, o “Para obtener la mejor cosecha, los productores de arroz de regadío no deberían inundar sus arrozales”.

Debido a que arar la tierra e inundar los arrozales han sido prácticas dominantes durante cientos de años, las dos afirmaciones anteriores resultarían ridículas para la mayoría de expertos y agricultores. El conocimiento convencional cuenta con el respaldo de la lógica, aun cuando existan razones científicas para dudar de él.

En el caso del arado o labranza, los requerimientos agronómicos para el establecimiento de cultivos y el control de arvenses parecían hacer de ésta una práctica obligatoria, aun cuando los agrónomos habían identificado muchos efectos dañinos, sobre todo cuando se realiza a profundidad. Entre estos efectos no deseados están la pérdida de nitrógeno y de materia orgánica en el suelo, así como su pérdida de estructura, una mayor erosión causada por el viento y el agua, y una disminución en la población de lombrices y otros organismos benéficos. La suposición de agricultores e investigadores que considera la labranza como condición necesaria para un cultivo exitoso, ha sido revisada en las décadas recientes. El cultivo con sistemas de labranza mínima o de labranza cero, así como su versión más vigorosa, la Agricultura de Conservación (nombre con que se conoce a un conjunto de prácticas agrícolas sostenibles en instituciones como FAO y otras dedicadas a la promoción de estas técnicas), han demostrado sus ventajas tanto para los ingresos de los agricultores como para el medio ambiente. En los Estados Unidos, país donde la labranza mecanizada a gran escala es lo característico, más de 30 por ciento de las áreas de cultivo están hoy siendo trabajadas bajo sistemas de labranza reducida o sin labranza y, a nivel global, más de 70 millones de hectáreas están siendo cultivadas según el sistema de la Agricultura de Conservación.

Tanto la literatura científica y técnica como los agricultores consideraban al arroz como un cultivo amante del agua. Un importante texto sobre el cultivo del arroz afirma categóricamente: “Una de las principales razones para inundar un arrozal es que la mayoría de las variedades de arroz crecen mejor y rinden más cuando se cultivan en suelos inundados que en suelos no inundados”. Esta creencia se ha mantenido a pesar de la creciente evidencia en su contra y de que los suelos con oxígeno insuficiente tienen efectos negativos en las raíces de las plantas y en la mayoría de los organismos del suelo. En este contexto, los resultados obtenidos por el SICA demuestran que pueden obtenerse rendimientos mayores con una provisión de agua 25 a 50 por ciento menor de la que se utiliza comúnmente para la producción irrigada. Esto es así porque las características de los suelos que no han sido inundados ofrecen muchas ventajas para el crecimiento de plantas y fauna.

La lección de estos dos ejemplos de saber agrícola modificado es que algunas prácticas ampliamente recomendadas (casi podríamos decir veneradas) pueden convertirse en restricciones al impedir a productores y científicos pensar “fuera del esquema”.

La dependencia de insumos de la agricultura moderna
Gracias a sus mejores rendimientos y rentabilidad con menos insumos externos, el SICA está demostrando que la dependencia de insumos de la agricultura moderna no es necesariamente la propuesta más productiva o menos costosa. Este sistema alternativo maneja las plantas, suelos, agua y nutrientes en formas que aumentan en cantidad y diversidad la biota del suelo. Los agricultores están descubriendo que al reducir sus insumos externos pueden producir más que al incrementarlos.

Inicialmente, mientras los agricultores desarrollan conocimientos, habilidades y confianza, el SICA requiere de más esfuerzo. Este costo (o inversión) inicial se compensa por la reducción en demanda de semillas (80 a 90 por ciento menos) y agua (25 a 50 por ciento menos), y por menores costos de producción (10 a 30 por ciento menos). Según resultados obtenidos en el este de Indonesia, 1.894 ensayos en 1.363 hectáreas, observados durante tres años, son representativos de las ganancias en productividad reportadas en otros lugares donde se ha aplicado el SICA: un aumento de 84 por ciento en el rendimiento, logrado con un 40 por ciento menos de agua y con una disminución en los costos de producción de 25 por ciento; es decir, un ingreso neto cinco veces más alto. Resultados similares se han registrado en India y en Nepal.

La reducción en el uso de agua puede requerir capacidades físicas y de organización para el control del agua que no siempre están disponibles. Esto puede ser una limitación para la adopción del SICA, pero incluso con un control limitado del agua, se pueden conseguir mejoras a partir de los otros componentes tecnológicos del sistema. La razón por la cual a mediano plazo el SICA requerirá menos mano de obra es la drástica reducción en la población de plantas. Esto ha sido documentado en evaluaciones hechas por el International Water Management Institute (Instituto Internacional de Manejo del Agua) en India y la Cooperación Técnica Alemana (GTZ) en Camboya, así como por investigadores de la Universidad de Cornell en Madagascar. Una evaluación realizada en China reportó que los agricultores de Sichuán consideraban que el ahorro en mano de obra es el aspecto más importante del SICA.

Las prácticas agroecológicas casi siempre implican una relación de compensación entre el aumento en el aporte de mano de obra y la reducción en el uso de otros insumos. El resultado neto es una mejor situación tanto para los agricultores como para el medio ambiente. Sin embargo, el SICA puede reducir todos los insumos e incrementar la productividad porque moviliza insumos productivos de la biota del suelo que estaban inhibidos, habían sido suprimidos o se encontraban en desequilibrio a causa del uso de agroquímicos, o se limitaban a organismos anaeróbicos como resultado de las inundaciones.

El cambio de un sistema de producción con grandes cantidades de insumos químicos a un sistema que depende principalmente de la fertilización orgánica, requiere de un período de ajuste después de abandonar los insumos sintéticos. Sin embargo, los agricultores que practican el SICA ven la mejoría año a año, conforme va aumentando la fertilidad de la tierra, y no enfrentan una etapa inicial demasiado difícil al adoptar las nuevas prácticas. De cualquier modo, para que la productividad sea sostenible a largo plazo será necesario continuar proporcionando materia orgánica al suelo. Las experiencias con el SICA han provocado que se preste atención más sistemática –desde el punto de vista del conocimiento científico– a sistemas de producción menos dependientes de agroquímicos.

Ampliando la perspectiva sobre el SICA
Hay dos factores detrás del incremento que logra el SICA en la productividad del suelo, del trabajo, del agua y del capital usados en sistemas arroceros irrigados. Son muy diferentes de los cambios que provocó la Revolución Verde. Los aumentos alcanzados en la producción de cereales por la Revolución Verde dependieron de: a) cambios genéticos en las potencialidades de los cultivos para hacerlos susceptibles a la acción de insumos externos, y b) incrementos en el consumo de agua, fertilizantes y otros agroquímicos.

En lugar de estas estrategias, el SICA: a) propicia el crecimiento y la salud de las raíces de las plantas, a las cuales se suele prestar poca atención en la ciencia de los cultivos, y b) moviliza los servicios de un gran número de organismos del suelo, desde bacterias y hongos microscópicos, hasta lombrices y otras variedades de macrofauna. El SICA está haciendo recordar a todo el mundo la importancia de la relación simbiótica entre las plantas y los organismos del suelo, relación que se remonta en el tiempo a más de 400 millones de años. El estudio de estas relaciones es difícil y exigente, pero representa la próxima gran “frontera” para los científicos agrícolas.

Ventajas y beneficios del SICA

Experiencias de campo en diferentes regiones del mundo han demostrado que el SICA brinda más beneficios:

• El SICA proporciona beneficios inmediatos. No existe un periodo de “transición”, como en el caso de otros procesos de conversión a sistemas más orgánicos. Después de una exposición prolongada a químicos sintéticos, la restauración completa de los ecosistemas del suelo puede tomar algún tiempo. Las cosechas obtenidas con los métodos del SICA mejoran con el tiempo, pero no hay un periodo inicial de pérdida: la primera cosecha es mejor que las anteriores.
• Accesible para los pobres. La reducción en capital que permite el SICA significa que sus beneficios, tanto económicos como de otros tipos, no están limitados por el acceso al capital, ni requieren de préstamos o endeudamiento. De esta manera el SICA puede contribuir rápidamente a la seguridad alimentaria de los pobres. Algunas evidencias iniciales sugirieron que los requisitos de mano de obra alejaban al SICA de los pobres, pero un estudio a mayor escala realizado en Sri Lanka encontró que la adopción del SICA era igualmente probable entre agricultores pobres y ricos, y que era menos probable que lo abandonaran.
• Desarrollo de recursos humanos. La estrategia recomendada para la diseminación del SICA enfatiza la experimentación y fomenta la innovación de maneras distintas a las estrategias usadas por la tecnología agrícola tradicional y la extensión. De Laulanié, el sacerdote que primero promovió el SICA, tenía la intención de que mejoraran las condiciones de vida de las personas, y no se quedaran en la satisfacción de las necesidades materiales.

Aunque se ha puesto más atención sobre el aumento de los rendimientos, éste es sólo uno de los factores que deben ser tomados en cuenta al evaluar sistemas de producción:

• Con el SICA no hay necesidad de fertilizantes minerales, que implican altos costos para la agricultura moderna y tienen impactos ambientales adversos. El compost da mejores resultados.
• Hay poca o ninguna necesidad de utilizar otros agroquímicos, ya que las plantas en el SICA son más resistentes a los daños causados por plagas y enfermedades.
• Aunque al principio el SICA necesita más mano de obra, la documentación disponible muestra que una vez que los agricultores dominan la tecnología, es posible ahorrar en este aspecto.
• Es común alcanzar rendimientos de 50 a 100 por ciento más altos sin cambiar las variedades de arroz. No hay necesidad de comprar nuevas semillas ya que todas las variedades responden a estos métodos, aunque algunas variedades lo hacen mejor que otras.
• Mayores ganancias: según siete evaluaciones realizadas en cinco países (Bangladesh, Camboya, China, India y Sri Lanka), los costos promedio de producción por hectárea con el SICA fueron 20 por ciento menores. Sumado a los mayores rendimientos, esto significa que los ingresos de los agricultores aumentan aún más.
• Beneficios ambientales: la reducción en la demanda de agua y la independencia respecto al uso de agroquímicos para obtener altos rendimientos, libera la presión existente sobre ecosistemas estresados por la escasez de agua y mejora la calidad del suelo y del agua.

En términos agronómicos específicos, los agricultores que practican el SICA informan sobre las siguientes ventajas, además de los rendimientos y rentabilidad más altos:

• Resistencia a las sequías: debido a que las plantas del SICA desarrollan desde temprana edad sistemas de raíces más grandes y saludables, son más resistentes a las sequías y a los períodos de estrés hídrico.
• Con sistemas de raíces y retoños más fuertes, gracias en parte a una mayor absorción de silicona cuando el suelo no está permanentemente saturado, las plantas del SICA demuestran una resistencia extraordinaria al viento, la lluvia y los daños que causan las tormentas.
• Maduración más rápida: cuando los métodos del SICA son utilizados adecuadamente, el tiempo necesario para la maduración de las plantas puede disminuir hasta en 15 días, aun cuando el rendimiento sea el doble. Esto reduce el riesgo de pérdidas agronómicas o económicas por la incidencia de eventos climáticos extremos, plagas o enfermedades, además de permitir la liberación del campo para la producción de otros cultivos.
• Resistencia a plagas y enfermedades: los agricultores han hecho muchos comentarios sobre esta ventaja, que actualmente está siendo documentada por investigadores. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Investigación sobre el Arroz de China ha informado sobre una reducción del 70 por ciento de los casos de la enfermedad producida por el hongo Rhizoctonia solani Kuhn ( añublo de la vaina del arroz)
• Conservación de la biodiversidad del arroz: aunque las variedades de alto rendimiento y los híbridos han producido las cosechas más abundantes con los métodos del SICA (todos los rendimientos del SICA mayores a 15 toneladas por hectárea han sido logrados con variedades mejoradas), es posible obtener rendimientos muy respetables con variedades tradicionales, ya que las plantas del SICA resisten el encamado a pesar de tener panículas más grandes. En Sri Lanka, agricultores que utilizan el SICA han obtenido cosechas de entre 6 y 12 toneladas por hectárea con variedades “antiguas”, las cuales les resultan más rentables porque los consumidores pagan precios más altos por ellas, ya que prefieren su sabor, textura y aroma.

Adaptado de: Uphoff, N., 2005. Agroecologically-sound agricultural systems: Can they provide for the world’s growing population? Discurso durante la Conferencia 2005 de la Universidad de Hohenheim, Alemania.

El SICA es una práctica en proceso de desarrollo: los conocimientos al respecto y la comprensión de su funcionamiento se van acumulando de temporada en temporada. Es deseable que los resultados obtenidos a través de este sistema atraigan el interés de más investigadores, extensionistas, creadores de políticas y, por supuesto, agricultores. En diversos países los agricultores ya están aplicando los conceptos y las técnicas del SICA en otros cultivos, como mijo, caña de azúcar, trigo, algodón, y ¡hasta en la crianza de pollos!

Los agricultores que han prestado atención detenida a la manera en que sus cultivos crecen bajo diferentes condiciones, suelen tener presente el vínculo existente entre la fertilidad del suelo y su estado “viviente”. En sí mismo, el término “suelo” no refleja adecuadamente la medida en que su fertilidad es consecuencia de la vida que hay en él, es decir, la abundancia, diversidad y actividad de los organismos del suelo. Sería mejor hablar y pensar en términos de “sistemas de suelo”, como lo hace un lema de la agricultura orgánica: “No alimentes a la planta, alimenta al suelo y el suelo alimentará a la planta”.

Esto no les sonará muy científico a algunos lectores, pero la base científica de esta perspectiva agroecológica crece cada año. Los fundamentos de este conocimiento han sido examinados en el libro Biological approaches to sustainable soil systems (Uphoff et al., 2006), cuyo penúltimo capítulo sugiere que este corpus de conocimientos proporciona la base para una “agricultura posmoderna”, más adecuada para las condiciones y realidades del siglo XXI que muchas de las tecnologías utilizadas en la actualidad. El paradigma emergente de esta agricultura posmoderna incluye las últimas investigaciones en microbiología y ecología:

• No es hostil al mejoramiento genético, pero no considera que los principales avances en agricultura están siendo producidos por la manipulación o modificación de genes. Las diferencias genéticas son muy importantes para sacar provecho de todos los insumos disponibles, pero estas diferencias deberían ser consideradas de una manera interactiva más que determinista.
• La intervención sobre los nutrientes del suelo puede ser necesaria para corregir deficiencias o desequilibrios, por lo que el SICA no es “orgánico” en un sentido doctrinario. Sin embargo, sí rechaza las prácticas que buscan acelerar el crecimiento de las plantas “alimentándolas a la fuerza” con grandes cantidades de nutrientes. Esta propuesta “suministradora” es a menudo menos efectiva y menos eficiente que una que proteja y satisfaga la demanda de nutrientes de las plantas.

Un principio general de la agricultura posmoderna es que las prácticas de manejo de plantas, suelos, agua y nutrientes deben fomentar relaciones sinérgicas entre las plantas y los organismos del suelo. Con el SICA, cuando los arrozales no se inundan, el control de arvenses se convierte en un reto. Pero el uso de un azadón giratorio ventila el suelo a la vez que bate las arvenses de vuelta al suelo, de modo que sus nutrientes son retenidos en el sistema de cultivo. Es necesario hacer un estudio formal sobre los efectos de este tipo de deshierbe, pero los datos obtenidos en Madagascar y Nepal han demostrado que deshierbes adicionales, más allá de los necesarios para el control de malezas, pueden producir un rendimiento de una a dos toneladas más por hectárea, sin la aplicación adicional de nutrientes químicos.

Los recursos para este crecimiento adicional tienen que venir de algún lugar; obviamente están siendo movilizados desde el interior de los sistemas de suelo y plantas, que contienen cientos de millones de microorganismos. Investigaciones recientes hechas en China, por ejemplo, han documentado cómo las bacterias rizobiales del suelo emigran hacia las raíces y suben por el tallo, y cómo su presencia en las hojas contribuye a la producción de clorofila, al proceso de fotosíntesis y, consecuentemente, a un mayor rendimiento de grano.

Aún queda mucho por aprender sobre estas relaciones y sus contribuciones actuales y potenciales a la agricultura. Mi conclusión, basada en una década de trabajo con el SICA y de haber sido atraído al dominio de la agroecología, es que, como científicos agrícolas, deberíamos expandir nuestra comprensión fundamentalmente química y física del suelo, para enfocar el gran número de factores biológicos que actúan en y sobre él. Para lograr esto debemos añadir también una dimensión cognitiva, ya que el pensamiento y el conocimiento son esenciales para comprender y hacer uso de estos factores de maneras más productivas y sostenibles.

Norman Uphoff
Instituto Internacional para la Alimentación, la Agricultura y el Desarrollo de la Universidad de Cornell (CIIFAD)
Cornell University. Ithaca, New York 14853, USA.
Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias
- Brady, N. C. y R. R. Weil, 2002. The nature and properties of soils. Prentice Hall, Upper Saddle, New Jersey, USA.
- Chaboussou, F., 2004. Healthy crops: A new agricultural revolution. Jon Anderson, Charnley, UK.
- De Laulanié, H., 2003. Le Riz à Madagascar: Un dèveloppement en dialogue avec les paysans. Editions Karthala, Paris, France.
- Uphoff, N. 2003. Higher yields with fewer external inputs? The System of Rice Intensification and potential contributions to agricultural sustainability. International Journal of Agricultural Sustainability 1, 38-50.
- Uphoff, N., A. S. Ball, E. C. M. Fernandes, H. Herren, O. Husson, M. Laing, C. A. Palm, J. Pretty, P. A. Sanchez, N. Sanginga y J. Thies (eds.), 2006. Biological Approaches to Sustainable Soil Systems. CRC Press, Boca Raton, Florida, USA.