Sidebar

02
Vie, Jun

Tomando en cuenta a los seres humanos

Volumen 21, número 1
Typography

Uno de los más importantes recursos de los agricultores de subsistencia o de pequeña escala es su propia fuerza de trabajo.

El logro de una cosecha de buena calidad, así como el almacenamiento, procesamiento y la venta de los productos, son tareas que requieren esfuerzos considerables. La fuerza física, la salud y la motivación son recursos tan importantes como las herramientas, los animales o las técnicas necesarias al momento de llevar a cabo las tareas. El estudio de las capacidades física y mental de los seres humanos en relación al trabajo que realizan forma parte de la ciencia de la ergonomía.

Dentro de cada hogar o comunidad deben seleccionarse alternativas y dar prioridad a ciertas tareas sobre otras. La ergonomía provee el enfoque y las herramientas necesarios para comprender cómo se pueden utilizar mejor los recursos humanos y cómo los agricultores pueden lograr mayores rendimientos de sus esfuerzos e inversiones. Las actividades de poscosecha podrían, con frecuencia, ser mejor administradas si se tomaran en cuenta los factores ergonómicos.

Existen cuatro categorías principales de actividades posteriores a la cosecha: separación, preservación, almacenamiento y transporte. La mayoría de agricultores de pequeña escala pueden, potencialmente, aumentar su eficacia y productividad en cada una de estas áreas. Antes de sugerir cómo es que la ergonomía puede contribuir con pautas para la toma efectiva de decisiones, miraremos más de cerca los tipos de trabajo que se dan en cada una de estas actividades.

Las actividades comprendidas
La separación significa mucho trabajo / Foto: Autor

La separación o extracción comprende el separar la parte valiosa de la planta –fibra, proteína, almidón– por medio de la trilla, el descascarillado, el prensado, el pelado o el molido. En la agricultura de subsistencia la separación implica mucho trabajo y muy duro, y las ganancias son a menudo bajas debido a las pérdidas e impurezas.

La preservación incluye el uso de tratamientos químicos o naturales para prevenir los daños causados por insectos y hongos. Sin embargo, también incluye procesos tales como el secado, la cocción, el ahumado y el encurtido. Con frecuencia, los agricultores de pequeña escala no cuentan con las facilidades para aprovechar estas técnicas al máximo. En la actualidad, el incentivar a los agricultores a agregar valor a los productos de su finca es considerado como una manera de aliviar la pobreza. El procesamiento efectivo, sin embargo, no se da simplemente con la introducción de nuevas tecnologías. El hogar agrícola debería tener también la capacidad de integrar estas nuevas actividades a aquellas que ya se realizan y a las divisiones del trabajo existentes.

El almacenamiento: aun después de una buena cosecha, la mayoría de familias agricultoras tienen dificultades para almacenar sus productos básicos entre una estación y la siguiente, especialmente en regiones semiáridas donde hay una sola cosecha al año. Es un gran reto lograr almacenar los propios productos por casi un año utilizando medios de preservación básicos. Un almacén bien construido que ofrezca una buena protección es esencial. Arreglar o mover el contenido del almacén de vez en cuando contribuye a garantizar que circule el aire, y los tratamientos eventuales para el control –natural o artificial– de plagas también pueden ayudar. Un buen almacenamiento requiere de tiempo y esfuerzo.

El transporte es otra labor pesada. Si los agricultores deciden vender su cosecha, la necesidad de transporte aumenta dramáticamente. Para el agricultor, esto puede significar una inversión importante de tiempo y esfuerzo físico, o el dejar de percibir utilidades al verse obligado a pagar a intermediarios para que transporten sus productos al mercado. Un aspecto importante muchas veces ignorado de la comercialización es el esfuerzo que ésta significa para las mujeres, especialmente en los hogares más pobres, donde son ellas quienes deben cargar los bienes al mercado.

Con frecuencia se sugiere que los productos se vendan localmente, como una manera de disminuir costos y esfuerzos, agregándoles valor por medio del secado o la cocción, o almacenándolos hasta que vengan tiempos de mayor necesidad. Antes de implementar estrategias para agregar valor a la producción agrícola de pequeña escala, es importante evaluarlas desde una perspectiva ergonómica para saber cuán apropiadas son estas estrategias para cada situación.

Implicancias y soluciones

La energía física y el tiempo requeridos para las actividades poscosecha representan un desgaste significativo de los recursos de los pequeños agricultores. Puede que requieran menos esfuerzo físico que el preparar la tierra, pero por lo general se les asocia con un mayor nivel de trabajo penoso. También se da una predisposición basada en el género. En lo que se refiere a cultivos de subsistencia, por lo general son las mujeres las más involucradas en las actividades de poscosecha. Hay muy poca información publicada sobre la intensidad y la duración de estas labores, pero el Cuadro 1, compilado por Bleiberg et al. (1980) a partir de un estudio de mujeres rurales en Burkina Faso, muestra la cantidad de energía que generalmente gasta una mujer en las actividades relacionadas con la agricultura.

En muchos proyectos de desarrollo agrícola se asume implícitamente que el hambre y la pobreza podrían ser reducidos si los agricultores fuesen capaces de producir más cultivos de manera más regular. Con frecuencia, las necesidades y capacidades de los que participan en tales iniciativas no son tomadas en cuenta, a pesar que cada cultivo requiere del esfuerzo humano durante la preparación de la tierra, la siembra, el cuidado durante su desarrollo, la cosecha y el periodo posterior a la cosecha. Algunos puntos importantes que deberían ser tomados en cuenta incluyen el hecho de saber si aquellos que están comprometidos con las nuevas iniciativas tienen la capacidad de trabajo, reservas de energía (dietas adecuadas) y el tiempo para completar estas tareas de manera satisfactoria. ¿Están los niños abandonando la escuela para ayudar a sus padres con estas tareas adicionales? ¿Podrían utilizarse fuentes de energía alternativa tales como animales de tiro y están estos disponibles? ¿Podrían las herramientas que mejor se adecuan a la capacidad física de los diferentes miembros de la familia –hombres, mujeres y niños– hacer una contribución efectiva?

La producción agrícola se ve afectada cuando los recursos humanos no son bien utilizados. El que las actividades para el alivio de la pobreza obtengan resultados positivos o negativos dependerá de que se llegue a un balance entre la capacidad física de cada una de las personas que integra la unidad agrícola familiar y las opciones que se presentan como económicamente atractivas.

Jafry (2001) ha llamado la atención sobre la manera en que la labor humana es utilizada en la agricultura de pequeña escala, particularmente en las operaciones poscosecha. Ha desarrollado un «Árbol de Decisiones sobre el Factor Humano» (Human Factor Decision Tree) para contribuir a encontrar soluciones a algunos de esos problemas y garantizar que los factores humanos siempre sean tomados en cuenta en los proyectos agrícolas.

Cuando los factores ergonómicos se toman en cuenta de manera participativa, es posible evaluar cómo se utilizan el tiempo, la energía y el trabajo en una economía familiar campesina. Es necesario, por lo tanto, hacer una cuidadosa apreciación del estado ergonómico de la familia campesina antes de considerar innovaciones tecnológicas o de política. Esto garantizará que las intervenciones propuestas sean adecuadas y puedan ser integradas a las prácticas existentes en la comunidad, sin poner en peligro el éxito del ciclo de los cultivos o la calidad de vida de los agricultores.


Dave O’Neill
Silsoe Research Institute, Wrest Park, Bedford MK45 4HS, Reino Unido
Correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Referencias

- Bleiberg, F.M., T.A. Brun, S. Goihman y E. Gouba, 1980.
Duration of activities and energy expenditure of female farmers
in dry and rainy seasons in Upper-Volta. British Journal of Nutrition 43: 71-82.

- Jafry, T., 2001. Human considerations in crop post-harvest operations. Silsoe Research Institute. Disponible en el Programa Poscosecha del DFID (CPHP), NR International Ltd., Kent ME20 6SN, Reino Unido (www.cphp.uk.com).