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Mar, May

Haciendo agricultura con la naturaleza

Volumen 20, número 4
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En el mundo de la agricultura sostenible escuchamos con frecuencia el término «biodiversidad».

Esta foto muestra la planicie conocida como Animas Valley en el suroeste de Nuevo México, y que hace parte del Gray Ranch, propiedad de los casi veinte propietarios que pertenecen al Grupo Malpai / Foto: D. Imhoff

Esta referencia puede ser positiva cuando se trata de la protección de organismos del suelo, como los gusanos de tierra o las microrrizas, o negativa si se habla de la devastación de la diversidad de los cultivos tradicionales y de la disminución en el número de variedades y especies de plantas y animales conservados y utilizados por el ser humano.

Sin embargo, es menos frecuente escuchar a la gente hablar de la «biodiversidad silvestre» en las conversaciones sobre agricultura sostenible o sobre los espacios habitables o hábitat saludables que son necesarios para mantener la flora y fauna nativas en las zonas donde se practica la agricultura. Esto es comprensible en cierta medida. A fin de cuentas, en su propio origen, la agricultura consiste en la domesticación de lo silvestre. Por lo general, el trabajo agrícola reduce entornos complejos, convirtiéndolos en zonas donde se produce intensivamente un número limitado de cultivos, o con mayor frecuencia, un monocultivo.

Lo que se ha vuelto especialmente evidente en América del Norte, sin embargo, es el papel que juega la agricultura moderna en la «crisis de la biodiversidad». A lo largo de los dos últimos siglos, la producción agrícola ha convertido cada vez más áreas naturales en tierras de cultivo, tanto valles fluviales como pastizales, humedales, tierras altas y bosques. Se ha ido erradicando cada vez más vegetación nativa de las tierras agrícolas a fin de poder competir en los mercados globales, pagar por maquinaria e insumos caros o simplemente para crear granjas «limpias», libres de «malas hierbas». La erradicación de la vegetación natural viene acompañada de la pérdida de especies vegetales y animales. El resultado es que la biodiversidad silvestre ha sido reducida cada vez más a sectores aislados en el entorno. La agricultura se ha convertido en la principal causa del peligro de extinción en que se encuentran muchas especies en el continente norteamericano, y esta situación no es muy diferente en otras regiones del mundo.

En la actualidad, considerando la insaciable necesidad de agua de la agricultura, más de dos tercios del agua fresca disponible en todo el mundo son desviados para el riego agrícola. Los sistemas de riego en todas partes del mundo siguen siendo altamente ineficientes y causan el desperdicio de este invalorable recurso. A nivel mundial, alrededor de un tercio de los peces de agua fresca se han extinguido, están bajo amenaza o en peligro de extinción debido a diversos factores, entre ellos la construcción de presas, la contaminación agrícola y el desecamiento de humedales con fines agrícolas.

Otras estadísticas alarmantes del impacto ocasionado por la agricultura industrial en los hábitat acuáticos de Norteamérica, son:

en promedio, el 25 por ciento de las aguas subterráneas utilizadas en la agricultura en los Estados Unidos, no es «recargado» o devuelto por percolación a la napa freática;
98 por ciento de los ríos de los Estados Unidos han sido embalsados. Esto tiene un impacto severo sobre las funciones ecológicas de los sistemas fluviales, los flujos estacionales y la abundancia, y afecta también a la diversidad de especies que dependen de los hábitat fluviales;
60 por ciento de los ríos de Estados Unidos están contaminados por la sedimentación agrícola, el exceso de nutrientes y los plaguicidas.
El aumento de la producción de animales a gran escala en operaciones masivas de alimentación estabulada, también es causa de impactos ecológicos devastadores. La concentración de miles de cerdos apilados en jaulas o de vacas lecheras en estructuras tan grandes como una ciudad pequeña, produce gases tóxicos y contaminación de la napa freática, plantea cuestionamientos éticos y constituye una amenaza para la salud humana. Pero, existen aún más factores de impacto negativo:
la conversión de pastizales en millones de hectáreas de monocultivo de maíz y soya para alimentar animales estabulados conduce a la contaminación del agua subterránea, a la pérdida de la capa superficial del suelo y la disminución generalizada de especies de aves canoras de los pastizales;
el exceso de nitrógeno y nutrientes que fluyen al río Mississippi, provenientes principalmente de la escorrentía de fertilizantes y abono animal de las granjas de alimentación en el alto Medio Oeste de los EEUU, contribuyen a la existencia de una «zona muerta», desprovista de oxígeno, de alrededor de 13.500 kilómetros cuadrados en el Golfo de México.

En la actualidad, cerca de dos terceras partes de las tierras públicas, privadas y tribales de los EEUU son de uso agrícola, ya sea para pastoreo, producción de heno o cultivo en surcos. Esta gran extensión de la agricultura, con el objetivo primario de ser soporte de la industria ganadera basada en cereales forrajeros, ha tenido efectos progresivos sobre todo el medio ambiente. La mitad de los humedales de los 48 estados ubicados en zonas bajas de los EEUU, han desaparecido en el último siglo. Cada año, alrededor de 670 millones de aves son expuestas a los efectos de los plaguicidas y, como resultado, el diez por ciento de ellas mueren. Con el fin de proteger al ganado del ataque de predadores, un estimado de 100.000 animales entre coyotes, linces, osos, lobos y pumas son muertos cada año por el Servicio de Fauna Silvestre del Departamento de Agricultura de los EEUU. No debe sorprender, por lo tanto, que la agricultura contribuya en un 42 por ciento al número de especies en peligro de extinción registradas en ese país, y las actividades ganaderas en un 26 por ciento. En el mejor de los casos, sólo el nueve por ciento de las tierras en los EEUU han sido protegidas como áreas naturales. La protección de la biodiversidad, por lo tanto, depende de la protección, recuperación y expansión de los hábitat de especies silvestres en las tierras agrícolas existentes.

Agricultura basada en la conservación
Las buenas noticias son que, durante algún tiempo, se han realizado esfuerzos para combinar la actividad agrícola con la conservación de la biodiversidad. Este movimiento puede ser descrito con una serie de términos: agricultura basada en la conservación, agroecología, agroforestería, ecoagricultura, permacultura o agricultura con la naturaleza. De hecho, la idea de integrar la agricultura y la conservación tiene profundas raíces en el movimiento ambientalista norteamericano. En 1939, para definir la «agricultura biótica», el ecólogo Aldo Leopold escribió que: «Una buena granja debe ser aquella donde la flora y fauna silvestres han perdido acres de terreno pero han seguido existiendo».

En la década de 1990, un número cada vez mayor de agricultores, rancheros, administradores de tierras, agencias gubernamentales y consumidores se han dado cuenta de que las actividades agrícolas locales no solo pueden proveer fuentes esenciales de alimentos nutritivos, sino también hábitat críticos para las especies silvestres. Los especialistas en plantas nativas buscan vestigios de praderas y bosques y están usando semillas y plantas locales para revivir las tierras limítrofes de las fincas, zonas ribereñas y parcelas de bajo rendimiento. En la región Sky Islands del suroeste de los EEUU, promotores comunitarios, conservacionistas, rancheros y agricultores han estado trabajando durante más de una década para generar una voluntad pública y desarrollar planes estratégicos capaces de conectar las áreas silvestres protegidas por medio de corredores que funcionen como «peldaños de apoyo» para los polinizadores. Al mismo tiempo, estos corredores permiten que los incendios forestales –causados por la caída de rayos– solo puedan extenderse a través de determinados pastizales. También constituyen una «vía segura de escape» para carnívoros grandes como los jaguares y los lobos mexicanos. El pastoreo se está convirtiendo en el método preferido para la crianza de ganado en zonas donde llueve todo el año, una alternativa a la alimentación masiva de animales estabulados en estructuras que albergan a decenas o hasta cientos de miles de animales en una sola «granja». Los sistemas de cultivo están siendo adaptados a las características específicas del clima o las necesidades de las especies en peligro. Los rancheros que muestran «simpatía por los predadores» están aprendiendo a convivir con los grandes carnívoros, dándole gran importancia a la selección cuidadosa de especies, al mejoramiento de los cercos y a una mayor intervención de ellos mismos en las técnicas de manejo. A continuación, tres estudios de caso:

Programa de manejo y administración por los propietarios de tierras del condado de Yolo, en Audubon, California
En una región de agricultura industrial del Valle Central de California, se ha puesto en marcha un movimiento, a lo largo y ancho de todo el condado, para revertir décadas de prácticas agrícolas convencionales «limpias». El movimiento «Cultivando con lo Silvestre» del condado de Yolo empezó de la misma manera que otras iniciativas en el país: con los esfuerzos de unos pocos individuos valientes. Veinte años atrás, al no sentirse satisfechos con un paisaje en el que ya no había ningún hábitat originario a las orillas de las acequias, entre los campos y a lo largo de los caminos, John y Marsha Anderson comenzaron a hacer revivir los bordes de «Hedgerow Farms», su propiedad de 200 hectáreas. «Una granja libre de maleza no significa, necesariamente, libre de vegetación», explican los Anderson.

John Anderson estudió los ecosistemas originales de sabana de robles de California para crear cercos vivos y franjas de amortiguamiento con pastos, arbustos y árboles nativos entre los campos. Se reestableció la vegetación a lo largo del canal de irrigación que corre a través de la finca. Se reestablecieron los humedales estacionales en las partes bajas. Se construyeron estanques en la parte inferior de los campos regados por surcos para la infiltración del agua de riego y de escorrentía y así mantener los humedales durante todo el año. Se plantaron alrededor de 50 especies nativas de pastos perennes, herbáceas, juncos, arbustos y árboles alrededor de los bordes de los campos, las veras de los caminos, las riberas de los ríos y otras franjas de la finca que no estaban siendo utilizadas. Dos décadas más tarde, Hedgerow Farms es refugio de castores, carnívoros, docenas de especies de aves, entre ellas tres tipos de búho, y hasta diez especies amenazadas o en peligro de extinción.

Investigadores de la Universidad de California encontraron que los cercos vivos suministran néctar y polen durante todo el año a los insectos benéficos y polinizadores, contribuyendo de esta manera positivamente a la producción de la finca. La Oficina de Conservación de Recursos del Condado de Yolo también tomó nota de que se estaba dando una importante recuperación del hábitat y comenzó a desarrollar diversas acciones de capacitación y de financiamiento (fondos de tipo «compartido») para apoyar a los terratenientes de la región. Inspirados por los esfuerzos hechos en Hedgerow Farms, la mayoría de agricultores y rancheros del condado iniciaron proyectos de recuperación en sus propiedades. La plantación de pastos perennes, la prohibición de las quemas para el control de malezas, la instalación de corredores a lo largo de los cursos de agua, los estanques para el exceso de agua de riego (‘tailwater’) y los estanques de almacenamiento, así como la reintroducción de vegetación en los canales de irrigación y cursos de agua, se están convirtiendo en prácticas comunes en toda la región. En asociación entre terratenientes, agencias locales y otros grupos, el condado tiene hoy un ambicioso plan para la creación de nexos entre hábitat de tierras públicas y privadas en los límites de la expansión urbana de esta zona predominantemente rural. Estos esfuerzos protegerán las zonas ribereñas y enlazarán hábitat vitales de los pastizales altos, una estrategia que será esencial para maximizar la protección de especies como los polinizadores nativos.

Estos programas también utilizan los proyectos de restauración como oportunidades para que estudiantes con acceso limitado a áreas rurales de todo el condado hagan visitas de campo y obtengan un aprendizaje más participativo. El ‘Student and Landowner Educational Watershed Stewardship Project’ (Proyecto Educativo de Manejo de Cuencas para Estudiantes y Terratenientes), por ejemplo, lleva a alumnos de colegios de la región a que participen en las actividades de plantación y monitoreo durante 50 días al año.

Pastoreo intensivo en un pastizal en la granja lechera Enchanted Meadows en el sureste de Minnesota / Foto: D. Imhoff

El Grupo Malpai de Tierras Limítrofes
Identificada como una de las organizaciones pioneras en el movimiento de rancheo de conservación, (Malpai Borderlands Group) el Grupo Malpai de Tierras Limítrofes está compuesto por aproximadamente dos docenas de terratenientes cuyos ranchos cubren un área colectiva de casi 400.000 hectáreas en el suroeste de Nuevo México, el suroeste de Arizona y el norte de México. El grupo fue formado a inicios de la década de 1990 por rancheros preocupados por los efectos a largo plazo de la prohibición de las quemas y el pastoreo excesivo, que habían sido causa de una importante invasión de matorrales y especies leñosas en los que antes habían sido pastizales. En un momento en que el activismo contrario al pastoreo extensivo se había vuelto un tema contencioso políticamente, los fundadores del Grupo Malpai forjaron una alianza basada en su común aprecio por el espacio abierto que ofrecen las tierras sin parcelar. Otro factor de unificación fue la preocupación que mostraron porque sus acciones tuviesen una base científica sólida.

Los incendios han sido siempre un proceso natural importante para el mantenimiento de los ecosistemas de praderas naturales. Entre los primeros esfuerzos concretos del Grupo Malpai se cuenta el establecimiento del «Plan de Manejo de Incendios Bootheel». Basado en cinco años de investigación científica, así como en consultas a agencias estatales y federales y a propietarios de tierras, el plan identificó a los terratenientes de la región que estuvieran dispuestos a permitir que en sus propiedades se desarrollaran incendios (espontáneos o programados) como un medio para reducir la proliferación de matorrales y el rejuvenecimiento de los pastizales. Se elaboró un «mapa de incendios» muy simple con un código de colores que incluía los nombres de los propietarios de las tierras, los límites de las propiedades y los números telefónicos de contacto. El código de colores explicaba cuándo ciertos incendios se debían dejar arder, cuándo deberían ser apagados inmediatamente o cuándo podía dejarse al terrateniente la oportunidad de decidir. En la actualidad, como resultado de esta iniciativa, decenas de miles de hectáreas de pastizales se han beneficiado de los efectos reconstituyentes producidos por las quemas ocasionales.

Otra importante iniciativa comunitaria desarrollada por el Grupo Malpai es el «banco de pasturas». Durante varios años consecutivos la zona soportó una sequía muy fuerte, fue entonces cuando Drum Hadley, uno de los fundadores del Grupo Malpai ofreció en concesión, como una válvula de seguridad regional, algunas parcelas de terreno de su rancho para el pastoreo del ganado de los vecinos. Estos acuerdos de corto plazo permitieron que pudiesen llevar su ganado a los frondosos pastizales del rancho de Hadley, mientras que sus propias pasturas se reponían de los efectos negativos del sobrepastoreo. Como retribución por el privilegio otorgado, los participantes en el «banco de pasturas» seleccionaron tierras y las inscribieron como tierras en calidad de conservación permanente, de acuerdo a normas legales que las protegen contra la subdivisión. Con el énfasis puesto en la protección de hábitat no fragmentados, el programa del «banco de pasturas» del Grupo Malpai ha permitido que muchísimas áreas de pastizales hayan podido rebrotar y rejuvenecer gracias al fuego, y se han registrado aproximadamente 18.000 hectáreas en calidad de conservación permanente. Este modelo ha sido reproducido como herramienta para la conservación regional en diversas comunidades, pero debe ser cuidadosamente estudiado con el objetivo de optimizar la restauración de pastizales, más que el de simplemente maximizar el pastoreo en las regiones áridas.

Sistemas de pastoreo basados en gramíneas
En la región Blufflands del sureste de Minnesota, a pocos kilómetros del río Mississippi, vive una familia de agricultores que se preocupa por las aves que habitan la pradera tanto como por su modesto hato de vacas lecheras Ayrshire cuidadosamente criadas. Los propietarios, Art y Jean Thicke, prefieren las vacas Ayrshire porque son más rústicas, menos pesadas y más longevas que las Holstein convencionales. Por medio de las rotaciones frecuentes del hato en diferentes pastizales, pueden también mantener hábitat esenciales para la cría de muchas especies de aves canoras en peligro, tales como las alondras de la pradera, los tordos y los gorriones sabaneros y los «cola blanca».

El sistema intensivo de los Thicke, de manejo basado en rotaciones, parte del principio de mantener un equilibrio entre la actividad y el descanso. Aproximadamente, las 40 hectáreas de colinas con pastizales en Enchanted Acres han sido divididas en 42 unidades de pastoreo, cada una de casi una hectárea. El hato de más de 90 vacas lecheras es por lo general movido de lugar dos veces por día. Al responder cuidadosamente a las condiciones cambiantes de la tierra, así como al comportamiento estacional de la fauna silvestre local, los Thicke han creado un ecosistema estable en el cual ganarse la vida como agricultores productivos. En 25 años no se han aplicado fertilizantes químicos ni herbicidas a los pastizales y, durante 15 años, la tierra no ha sido nunca arada. Mientras que las fincas de alfalfa, maíz y soya del Medio Oeste pierden parte de su capa superficial de suelo todos los años debido a la erosión, los pastizales vivos impiden que el suelo sea lavado, contribuyendo también a mantener un saludable ciclo del agua. De hecho, este tipo de manejo tiene mucho en común con los ecosistemas de praderas que existían en el pasado en los suelos frágiles de esta región.

Los Thicke empezaron a operar su sistema mucho antes que los sistemas de pastoreo rotativo de «manejo intensivo» se pusieran de moda. Su enfoque le debe mucho a la intuición, más que a técnicas de manejo establecidas, y los resultados son un ganado saludable que comparte la tierra con otras especies de la comunidad biológica.

Conclusión
Se está volviendo cada vez más obvio para quienes practicamos la agricultura sostenible en EEUU que debemos pensar en nuestras granjas como hábitat naturales, no solo como unidades de producción. La experiencia también demuestra que incorporar los hábitat naturales a las zonas agrícolas aporta beneficios sustanciales, como son: el incremento de los organismos del suelo que crea ambientes de crecimiento saludables; el aumento de polinizadores e insectos benéficos que contribuye a una mayor producción y control de las plagas y al mantenimiento de cursos de agua estables que protegen la calidad del agua, previenen la erosión y ayudan a cumplir con las regulaciones estatales y federales. Más allá de estos beneficios directos para la agricultura, sin embargo, están las contribuciones esenciales a la sociedad y la comunidad biológica en general. En la medida en que nosotros, los dedicados a la agricultura, logremos proteger con éxito la biodiversidad silvestre, lo que queremos decir con «sostenibilidad» tendrá un significado mucho más profundo.

 

Daniel Imhoff y Jo Ann Baumgartner

Daniel Imhoff
Watershed Media
451 Hudson Street, Healdsburg, California, 95448 USA
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Jo Ann Baumgartner
Wild Farm Alliance
P.O. Box 2570, Watsonville, California, 95077 USA
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Referencias
Stein, Bruce; Lynn, Kutner y Jonathan Adams, 2000. Precious heritage: the status of biodiversity in the United States. New York, NY. Oxford University Press.
Foreman, Dave, 2004. Rewilding North America: a vision for conservation in the 21st century. Washington, DC, Island Press.
Imhoff, Daniel, 2003. Farming with the wild: enhancing biodiversity on farms and ranches. San Francisco, Sierra Club Books/Watershed Media.
Jackson, Dana and Laura Jackson, 2002. The farm as natural habitat: reconnecting food systems with ecosystems. Washington, DC, Island Press.
Departamento de Agricultura de los EEUU, 1996. America’s Private Land: a geography of hope.